Pocos avances y la impunidad sigue
PAULINO CÁRDENAS
En la reunión informativa sobre el dizque Acuerdo Nacional de Seguridad, la Legalidad y la Justicia, celebrada el pasado viernes en Palacio Nacional, en la que cada protagonista debió de hablar de resultado como estaba previsto, nadie fue capaz de entrarle a una autocrítica seria sobre la descomposición que aún prevalece en todo el país en materia de seguridad pública, por lo que quedó de manifiesto que en la lucha anticrimen no se perciben avances y sí que la impunidad continúa vigente.
Acaso el nuevo secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, salvó la camiseta como cabeza del gabinete de seguridad, quien señaló que “no podemos celebrar ningún avance, cuando la gran mayoría de los mexicanos reclaman tranquilidad y seguridad” que no la hay en ninguna parte. Pero fue Luis de la Barreda, presidente del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, quien puso el dedo en la llaga al señalar que el 87 por ciento del delito sigue en la impunidad.
El presidente Felipe Calderón dijo que lo ocurrido en los primeros cien días, después de la firma el 21 de agosto del acuerdo nacional, representa “un punto de inflexión”, en la forma en que las diversas corporaciones policiales del gobierno han empezado a enfrentar a la delincuencia organizada. Consideró que esa lucha habrá de sufrir un cambio y por primera vez reconoció que los operativos de coordinación entre su gobierno y las entidades federativas deben replantearse y renovarse porque “no han demostrado eficacia” en algunos casos.
Lo que nadie supo es por qué hubo dos invitados de piedra que no hablaron, cuando se creyó que lo harían: el titular de la Procurduría General de la República, Eduardo Medina Mora, y el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, quienes tal vez pensaron que calladitos se verían más bonitos en tan relevante reunión. Pero donde sí se animó a hablar Ebrard fue en el programa Hoy, la semana pasada. El silencio de ambos funcionarios no pasó de ser un breve comentario de pie de foto.
Los secretarios de la Defensa Nacional, Guillermo Galván, y de Marina, Francisco Saynez, no hablaron pero tomaron notas, siempre con gesto adusto y circunspecto. Ni siquiera se reconoció como debiera, las tareas que han tenido los mandos y comandos de ambas instituciones, en la encarnizada lucha contra el narcotráfico. Nadie se acordó de sus muertos ni de sus logros alcanzados.
GenaroGarcía Luna, secretario de Seguridad Pública federal, echó mano de cifras y de explicaciones sobre lo que consideró una reducción de los secuestros en el periodo de los 100 días, lapso en el que, aseguró, se logró liberar a 184 plagiados y encarcelar a 1,154 presuntos delincuentes que participaron en ese delito.
Fue quien robó cámara por haber ocupado el lugar más importante después del presidente Calderón en el evento, y por los dimes y diretes en el que sigue inmerso desde antes de que iniciara la Operación Limpieza. Ni siquiera el tercer secretario de Gobernación de la actual administración, Fernando Gómez Mont, como coordinador de las acciones de seguridad que es, tuvo ese privilegio.
La declaración de María Elena Morera, presidenta de México Unido Contra la Delincuencia, fue la que causó mayor estridencia: “Queremos gobernantes que se entreguen al servicio de la sociedad y no a sus intereses políticos. Las cosas no están mejor que la última vez que nos vimos aquí. El acuerdo no basta; los hechos cuentan, pero también las víctimas: ¿Cuántas más señores?” preguntó. Como respuesta, sólo hubo caras largas.
Pero la tronante frase de Nelson Vargas de “!Lo que no tienen es madre!” que le salió de su dolida alma hace unos días, cuya hija Silvia continúa secuestrada, además de que resultó inmejorable para definir muchas cosas en la lucha del gobierno contra el crimen organizado, hay quienes sugieren que hasta podría servir como corolario de la reunión celebrada el viernes en el Salón Tesorería de Palacio Nacional, donde quedó claro que hay más indolencia de muchos, que ganas de resolver las cosas.








