Madurez política: pequeño gran secreto

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December 4, 2008

Miguel Tirado Rasso*

Por lo pronto en el cierre del 2008, el PRI aparece como el partido con mejores expectativas. Con resultados electorales muy positivos en el año que termina, el tricolor puede presumir de haber alcanzado una muy conveniente y oportuna estabilidad que le permite enfrentar un futuro político sin fracturas, en tiempos difíciles.

Desde la oposición, y no precisamente en un lugar privilegiado, el revolucionario institucional ha hecho valer su experiencia para ser factor determinante en las resoluciones del Congreso, no obstante representar la tercera fuerza política en la Cámara de Diputados y segunda en la de Senadores.

Habría que recordar, sin embargo, que para este partido la resurrección no es novedad. Hace seis años algo similar a la experiencia actual sucedía, después de la catástrofe sufrida con la derrota electoral en la elección presidencial del 2000. Contra todo pronóstico, el PRI se resistía a morir y, como el ave Fénix resurgía de sus cenizas, ganando batallas electorales. Lo que habría de suceder después deben tenerlo muy en cuenta sus actuales dirigentes y miembros distinguidos, pues la obstinación por un proyecto personal, contra viento y marea, comprometió al partido en una aventura sin destino y sin sentido, lo que le costó su segunda gran derrota.

Se habla ahora de acuerdos políticos entre sus personajes más conspicuos, encaminados a evitar divisiones y enfrentamientos que, al final de cuentas, han sido una constante de esta institución, lo que le ha significado altos costos a lo largo de su historia.

Tres personajes con un muy elevado peso político dentro de sus filas, y un poco más allá: Beatriz Paredes, presidenta del CEN del PRI, Manlio Fabio Beltrones, líder de los senadores de este partido y el gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, se dice, decidieron ponerse de acuerdo para mirar al futuro y, de la mano, regresar al tricolor a  Los Pinos en el 2012.

Buena noticia para los simpatizantes de este partido que todavía recuerdan el clima de desorientación y enfrentamiento que prevalecía hace seis años durante el proceso para la elección de la primera dirigencia tricolor en la orfandad presidencial. En un accidentado proceso, la entonces diputada, Beatriz Paredes, contendía contra un priísta incómodo, Roberto Madrazo, quien finalmente ganaría la elección, en medio de descalificaciones.

Victoria pírrica habría de resultar, pues las heridas provocadas con motivo de esta elección, lejos de cicatrizar causarían una profunda división interna en este partido que, agravada por una candidatura presidencial no consensuada, constituiría la principal causa de su desastre electoral en el 2006.

Así pues, con estos antecedentes los priístas saben que el gran secreto de su futuro político es la unidad. Hasta el momento, pareciera que han aprendido la lección, y se cuidan de cometer los errores que los llevaron al fatal enfrentamiento del pasado. La elección de su dirigente, en este año, es un buen ejemplo del cambio. Realizada sin incidentes, esta vez Beatriz Paredes ganó por aclamación.

La actuación de los líderes de las bancadas priístas en el Senado y en la Cámara de Diputados ha procurado ser respetuosa en sus formas y, al menos hacia el exterior, no se detectan diferencias importantes entre ellos. Por su parte, la presidenta del PRI se ha conducido con discreción y prudencia, manteniendo un hábil equilibrio en el ejercicio del poder que ostenta, con los otros factores de poder, que son los gobernadores de su partido. Y éstos, a su vez, han rendido buenas cuentas en los procesos electorales locales. Madurez política, pues.

Así, con la fiesta en paz, el tricolor cierra el 2008 en preparación para la gran prueba electoral de mitad del sexenio.

*Analista

                                                             mitirasso@yahoo.com.mx

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