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Las leyes decorativas

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abril 27, 2011

Rafael Cardona

Todos conocemos el chiste de la señora nueva rica y su biblioteca.

–Quiero por favor dos metros de libros rojos y tres metros de libros azules.

Para eso sirven en algunos lugares las bibliotecas. De adorno. Pero cuando también las leyes sirven para eso y los gobernantes las violan con sevicia de “Zeta”, las cosas dejan el campo del humor.

Vea usted estos dos casos recientes y después dígame: ¿para eso sirven las leyes en México?

Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público:

 “ARTICULO 25.- Corresponde al Poder Ejecutivo Federal por conducto de la Secretaría de Gobernación la aplicación de esta ley. Las autoridades estatales y municipales, así como las del Distrito Federal, serán auxiliares de la Federación en los términos previstos en este ordenamiento.

“Las autoridades federales, estatales y municipales no intervendrán en los asuntos internos de las asociaciones religiosas.

“Las autoridades antes mencionadas no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni a actividad que tenga motivos o propósitos similares. En los casos de prácticas diplomáticas, se limitarán al cumplimiento de la misión que tengan encomendada, en los términos de las disposiciones aplicables”.

Este ordenamiento no fue leído por nadie en Los Pinos. Sólo así se explica la visita del Presidente Felipe Calderón al Vaticano para asistir no a un acto de Estado sino a una ceremonia religiosa como resulta obvia y evidentemente una “beatificación”. Ni siquiera una entronización papal ni un cambio de jefe de Estado en la Santa Sede. No, un viaje a la inmaterial condición de la santidad.

Pero hay otro ejemplo: la Ley del Régimen Patrimonial y del Servicio Público del DF:

 “Artículo 17.- Los bienes de dominio público son inalienables, imprescriptibles, inembargables y no estarán sujetos a ningún gravamen o afectación de dominio, mientras no cambien su situación jurídica, a acción reivindicatoria o de posesión definitiva o provisional.

“Las Dependencias, Entidades, Delegaciones y otros órganos desconcentrados, así como los particulares sólo podrán obtener sobre ellos, cuando su naturaleza lo permita, el derecho de uso, aprovechamiento y explotación de estos bienes en los casos y en las condiciones que esta Ley establezca.

“Se regirán sin embargo, por el derecho común, los aprovechamientos accidentales o accesorios compatibles con la naturaleza de estos bienes, como la venta de frutos, materiales o desperdicios en los casos en que estando destinados a un servicio público de hecho o por derecho y la autoridad competente resuelva lo procedente”.

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