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Caso Tláhuac: ejemplo
de complicidades

Benito Gaytán*

Lo ocurrido en Tláhuac hace un par de semanas en el cual la Marina abatió a Felipe de Jesús Pérez Luna, el Ojos, dejó nuevamente al descubierto que los grupos criminales están coludidos con las autoridades pues el manto protector con el que contaba le permitía moverse sin ser molestado. Como sucede en la mayoría de los municipios del país, los jefes policiacos se encontraban en la nómina del “Ojos”.

Los habitantes de Tláhuac sabían lo que ocurría y conocían bien a bien quién era quién y seguramente en otras demarcaciones de la Ciudad de México sucede exactamente lo mismo ya que la violencia en la capital del país se ha agudizado desde hace algunos meses, pero el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera sigue con el mismo discurso de que no existen cárteles de la droga.

El delegado de Tláhuac, Rigoberto Salgado Vázquez, compareció ante la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa y negó tener algún vínculo con el “Ojos” aún y cuando en la nómina de la Delegación tenía a familiares de éste. No supo explicar ni contestar a los cuestionamientos que le hacían los asambleístas.

El caso Tláhuac fue un golpe de dos bandas: primero para desmentir a Mancera de que en la capital no hay crimen organizado ni cárteles de la droga y, segundo, a Morena pues es el partido que impulsó a Salgado Vázquez, por lo que los principales daminificados son el jefe de Gobierno y el dueño de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

Y como es costumbre del tabasqueño dijo que eso lo iban a utilizar sus rivales políticos para golpearlo pero a su fiel estilo se esconde cuando algo así sucede y se vicitimiza para evitar que cuestiones a los militantes de su partido ya que el jefe delegacional de Tláhuac no es el primero en verse involucrado en escándalos. Ese es el López Obrador de siempre, el embustero, pero que hoy se encuentra encabezando las preferencias electorales y habrá que ver si no se desploma pues es lo que le ha sucedido en las últimas elecciones mientras más sube como la espuma, se tropieza y su popularidad baja estrepitosamente.

Preocupa que los ciudadanos no confíen en sus autoridades porque si se comete un delito de cualquier índole en alguna Delegación es difícil que se denuncie pues las autoridades, en la mayoría de los casos se encuentran coludidos con los delincuentes y, después son los propios policiías o investigadores quienes terminan extorsionando a los denunciantes. Esa confianza en el policía de la esquina o de barrio se ha perdido. La ciudadanía se encuentra a merced de los delincuentes y no hay autoridad que pueda combatirlo y en el peor de los casos, los delitos quedarán impunes.

El crimen organizado es quien sigue poniendo a los jefes policiacos y el caso Tláhuac no ha sido la excepción. El problema es que en las altas esferas del poder se tiene conocimiento de que esto sucede no solamente en la capital del país sino también en todos los estados. Es por eso que lastima que se destinen miles de millones de pesos para combatir la inseguridad si al final son utilizados para otras cosas porque los delitos no disminuyen y cuando se anuncian cifras rimbombantes de que los delitos han disminuido es porque los ciudadanos no denuncian y no porque las estrategias de seguridad hayan sido eficientes y eficaces como se le quiere hacer creer a la sociedad.

La Ciudad de México no puede ser ajena a la violencia que ocurre a lo largo y ancho del país, pero las autoridades sigan negando lo que ocurre a diario y minimizarlo, es lo que hace que los ciudadanos desconfíen. Si a eso se agrega que la ley es letra muerta, se entiende por qué en algunos casos aparece la justicia por propia mano, que no debería de suceder así pero ante los vacíos de poder, ésta aparece.

Habrá que ver en el caso Tláhuac ahora quienes resultan responsables de la omisión en su actuar pues también hay delitos que se cometen por omisión y no solamente por comisión. Lo que es un hecho y no puede seguir ocultándose es que en la capital del país hay crimen organizado y operan cárteles de la droga por más que Mancera diga lo contrario.

Esa colusión de autoridades y delincuentes continúa y continuará porque al igual que la corrupción e impunidad son problemas culturales y práctica común en todos los gobiernos sean federales, estatales o municipales.

*Analista

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