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Paseo de la Reforma, libro abierto a la historia

12 de Agosto de 2017

Cuando Porfirio Díaz (1830-1915) asumió la presidencia de México, tuvo la idea de convertir el Paseo de la Reforma en un libro abierto de la historia, según la tendencia urbanística de Francia, donde se construyó una vía triunfal que va del Museo de Louvre y al Arco del Triunfo y a lo largo del camino se ven distintas etapas históricas.

Díaz, junto con un grupo de intelectuales, ideó que sobre el Paseo de la Reforma, vialidad construida años antes, un libro abierto a la historia y en forma cronológica, los paseantes pudieran ir recorriendo las etapas de la historia de México, de acuerdo con la Doctora en Historia Verónica Zárate Toscano, especialista en el estudio de los lugares de la memoria.

Ella estudia los “Lugares de la memoria”, concepto nacido en Francia. Son lugares donde se materializa la memoria. A veces, para rememorar algo necesitamos un objeto material. Los lugares de la memoria pueden ser el espacio donde aconteció un hecho, un objeto personal de algún héroe, una estatua, o cualquier otra cosa.

Ese recorrido planeado por Díaz iniciaba en el centro de la ciudad y llegaba al Castillo de Chapultepec, que entonces era la casa donde habitaba el presidente del país. Así, el primer monumento es el de Cristóbal Colón, que habla del Encuentro de Dos Mundos; el siguiente es Cuauhtémoc, simbolizando el momento de la Conquista por los españoles.

“El siguiente monumento tendría que representar a la Época Colonial, pero nunca hubo un acuerdo sobre qué podría ser ese distintivo. Por eso se decidió poner una palmera; sigue el de la Independencia, la actual columna con su victoria alada arriba, mismo que Porfirio Díaz inauguró durante las fiestas del Centenario”, comentó la doctora Zárate a Notimex.

Cronológicamente debía seguir un monumento dedicado al periodo de la Reforma, o a Benito Juárez, pero no se continuó el proyecto porque el Hemiciclo a Juárez se puso en la Alameda Central. Al final del Paseo de la Reforma se colocó el Monumento a los Niños Héroes, y posteriormente la Diana Cazadora, para terminar el libro abierto a la historia.

Además de esa gran vía triunfal, en la que los paseantes pueden ir conociendo las etapas históricas, hubo un proyecto encabezado por Don Francisco Sosa para que cada uno de los Estados tuviera una representación en la Ciudad de México. Era un gobierno federal y aquí era la sede de los poderes, pero se deseaba tener representada a cada entidad.

De esa manera, se convocó a cada gobierno estatal para que propusiera dos personajes célebres para colocar sus monumentos flanqueando el Paseo de la Reformas. Casi todos fueron hechos por el mismo escultor y se colocaron conforme los estados enviaron sus propuestas. Los primeros quedaron a la altura de donde hoy se unen Juárez y Reforma.

Ahí se colocaron los representantes del entonces Distrito Federal, Leandro Valle (general liberal aliado del presidente Juárez en la Guerra de Reforma) e Ignacio Ramírez, abogado y poeta además de político e ideólogo liberal conocido como “El Nigromante”), explicó la especialista del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora.

Después se fueron colocando, alternadamente a lo largo de ambos lados del Paseo de la Reforma, una estatua y un jarrón. Esas estatuas se fueron inaugurando para coincidir con alguna fecha cívica como el 2 de abril, 5 de mayo, 16 de septiembre y otras. La doctora aclaró que los personajes representados no necesariamente son próceres de La Reforma.

Ejemplificó lo anterior con las estatuas de Fray Servando Teresa de Mier, quien vivió en los años de la Independencia; Primo de Rivera, quien perteneció a los años anteriores a la Independencia; Valentín Gómez Farías, quien vivió después de la Independencia, y el Doctor José María Luis Mora, uno de los primeros exponentes del liberalismo en México.

Son los personajes que cada estado tomó como sus héroes representativos y se colocaron desde donde están las instalaciones del periódico “Excélsior” hasta la Columna del Ángel de la Independencia. “En la década de los años 70 del siglo pasado, cuando se amplió el Paseo de la Reforma hacia la Basílica de Guadalupe, se colocaron los héroes que no habían sido enviados”.

Aunque todos debían tener las mismas características en tamaño, materiales y otras más, hay uno que desentona. “El Estado de Guerrero mandó la estatua de su héroe Ignacio Manuel Altamirano (Tixtla, Guerrero, 1834-San Remo, Italia, 1893), maestro, abogado y político; su monumento es mucho más alto que el resto y está a la altura de Tlatelolco.

Lamentablemente, con el paso del tiempo, las placas conmemorativas donde se decía el nombre del personaje y sus datos, han desaparecido, se han ido borrando, las han robado y no han sido pocos los accidentes automovilísticos que han dañado los pedestales y las placas, incluso, hay estatuas que se han robado o han desaparecido misteriosamente.

“Sobre el Paseo de la Reforma, a la altura de Excélsior, durante las obras de un hotel, la entrada de su estacionamiento quedaba justo ante una estatua. Al terminar las obras, ni la estatua ni el pedestal volvieron a su sitio original o a sitio visible; nadie sabe, hasta hoy, quién lo mandó quitar ni dónde quedó ese monumento histórico”, acotó Zárate Toscano.

Las dos estatuas fueron realizadas por el escultor Primitivo Miranda, y algunos estados del país recurrieron a él o al taller donde trabajaba para elaborar las suyas, con el fin de que fueran uniformes. Algunas están firmadas por el autor no en el pedestal de piedra, sino en la base de la escultura.

A lo largo de los años, añadió la doctora, las estatuas que adornan e ilustran en Paseo de la Reforma han sido objeto de vandalismo. Las han graffiteado y hasta les han puesto cubreboca, sobre todo cuando hay contingencia ambiental, y como muchas de ellas representan a militares, les han robado sus espadas, sus pistolas o sus escopetas.

“Es triste que no podamos conservar ese patrimonio histórico de México, conformado por 36 esculturas en su primera etapa y las que se añadieron posteriormente. La gente está tan acostumbrada a ellas que ya no les toma atención, pero son un referente. Se citan abajo de la que tiene el brazo horizontal y apunta con el dedo índice; es Guillermo Prieto”.

La gente dice que es “la que está parando un taxi”, cuando en realidad es Prieto diciendo “Los valientes no asesinan” cuando iban a asesinar a Juárez. “Se han popularizado de una manera coloquial, siempre sin reconocer de quién se trata, y si además no hay placa que leer, los transeúntes, nacionales o extranjeros, siguen ignorando quién es cada personaje”.

En alguno de sus numerosos artículos publicados, la Doctora Verónica Zárate Toscano cita la lista completa de los personajes representados en el Paseo de la Reforma. Una de sus propuestas a las autoridades de la Ciudad de México es colocar nuevamente a cada uno su placa de identificación y más aún, editar un catálogo cultural sobre ese paseo.

“Las estatuas y monumentos muestran que hubo intentos por hacer un libro de historia abierto. Yo lo veo como algo que nos une a nuestro pasado materializado en esas figuras. La idea de Porfirio Díaz se cumplió, sigue siendo un atractivo visual y por eso, debemos conservarlo”, concluyó la especialista mexicana, quien demanda respetar y difundir el contenido histórico, artístico y cultural de esa herencia de Porfirio Díaz y Francisco Sosa.

Pulso Político On Line/ Notimex/ Foto: Internet

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