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Pulso Político
Puyazo
Un partido
agonizante

El PRD y su dirigencia colegiada

Miguel Tirado Rasso

El próximo mes de abril, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) renovará su dirigencia. Una nueva oportunidad para que el Sol Azteca demuestre que entendió el mensaje que los electores le enviaron el primero de julio del año pasado y que lo dejó al borde del precipicio.

Este año, el cinco de mayo, este partido cumplirá 30 años, a lo largo de los cuales tuvo importantes éxitos, pero también, grandes fracasos. De haber estado a punto de alcanzar el poder presidencial, en 2006, doce años después casi pierde su registro nacional, por una diferencia de poco más de dos puntos. Eso sí, en diez estados (Aguascalientes, Chihuahua, Coahuila, Colima, Jalisco, Nuevo León, Querétaro, Sinaloa, Sonora y Tamaulipas) no corrió con la misma suerte y desapareció del escenario electoral local, al no haber alcanzado el mínimo de 3 por ciento de la votación total, exigida por la ley.

La sustitución de dirigentes en este partido ha sido su prueba de fuego. Sus descalabros han sido, en gran medida, consecuencia de las pugnas internas por el control del partido entre las corrientes que lo conforman, preocupadas más, por asegurar posiciones y obtener beneficios, que por fortalecer a su organización. También a esas disputas habría que cargarle la renuncia, al partido, de sus figuras más notables.

En los últimos cuatro años, el Sol Azteca tuvo cuatro presidentes con un promedio de permanencia de menos de un año, en tiempos políticamente críticos, lo que explica, en parte, la dificultad para diseñar una estrategia y lograr una definición política, que le hubiera permitido a este instituto haber tenido una participación menos decepcionante en las pasadas elecciones federales.

En su XV Congreso Nacional, celebrado en noviembre pasado, el PRD aprobó modificaciones a sus estatutos, de cara a la próxima renovación de su dirigencia. Entre los cambios están la eliminación de las corrientes, a quiénes se hace responsables de la debacle electoral y de la división interna, tan característica de esta organización. También se eliminan las figuras de presidente y secretario general del CEN, que son sustituidas por una Dirección Nacional extraordinaria, colegiada, a cargo de cinco personas que representan a las 5 principales corrientes internas (Vanguardia Progresista, Iniciativa Galileos, Nueva Izquierda, Alternativa Democrática Nacional y Foro Nuevo Sol). Esas que “oficialmente” dicen haber eliminado.

Se conforma, además, un órgano consultivo de estrategia política y, para los desorientados, se hace la aclaración expresa, de que el nombre, logotipo y línea política del partido se mantienen. Esto último, en atención a que, en algún momento, tras el desastre electoral de 2018, no faltó quién propusiera medidas radicales, como cambiar el nombre del partido.

Lo que no fue novedad, durante el desarrollo de este Congreso, fue el comportamiento de algunos dirigentes inconformes con las modificaciones y los acuerdos, los que amenazaron con impugnar, ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), bajo el alegato de que el Congreso Nacional carece de facultades para aprobar una nueva dirigencia, además de quejarse por el reparto de la nueva dirección que sólo contempló a las corrientes mayoritarias. Protestas y conatos de violencia estuvieron presentes lo que obligó, en momentos, a suspender las sesiones, ante los ánimos exaltados de quiénes se sintieron excluidos.

La Dirección Extraordinaria quedó formalmente conformada el pasado seis de enero, una vez que la autoridad electoral aprobó los nuevos estatutos del PRD. Los gritos y sombrerazos de los disidentes no lograron impedir su instalación, y está actuando. La fórmula de una dirigencia compartida parece funcionar y, si esto evita algo del fuego amigo tan común en este partido, ya es ganancia.

Por lo pronto, la nueva dirigencia decidió que, en la capital del país, su otrora feudo político, se aplique la fórmula de dirigencia colegiada, por lo que resolvieron la destitución de su presidente capitalino, para hacer el cambio correspondiente, sin previo aviso al afectado. Ni forma ni fondo gustaron a varios personajes del partido, en particular, al director removido, no obstante haber excedido, por mucho, su período estatutario en el cargo.

Por la importancia de la plaza y los intereses en juego, y a pesar de que le asista la razón a la dirección perredista para este cambio, el caso puede dar lugar a un nuevo enfrentamiento de alto impacto con riesgos de fractura. Algo que no necesita el PRD, en estos momentos, cuando tiene dificultades para sobrevivir ante la cotidiana sangría de militantes que padece.

Les urge, pues, una operación cicatriz.

mitirasso@yahoo.com.mx

 

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