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Partidos políticos
y sus vicisitudes

Miguel Tirado Rasso

De la partidocracia, para estas fechas, casi no queda ni el recuerdo. Resulta difícil imaginar que hace tan sólo unos pocos años, una sociedad harta y decepcionada del manejo y actuación de los partidos políticos y de sus representantes, a quienes correspondía, por ley, el monopolio del poder político, lograra que se diera una reforma legal, que abría la oportunidad a cualquier ciudadano para que pudiera contender a un cargo de elección popular, sin necesidad de que su candidatura tuviera que ser avalada por un partido político.

 Y es que, con el paso del tiempo, las desviaciones, incumplimientos, excesos y, en particular, el alejamiento de los partidos políticos, todos, respecto de la población, sus reclamos y requerimientos, fueron colmando la paciencia de quiénes, por muchos años, habían depositado en ellos, con sus votos, la esperanza de alcanzar un país mejor.

Partidos de larga existencia unos, como el PRI (1929) y el PAN (1936) y otros no tanto, como el PRD (1989), el PVEM (1986), el PT (1990) y MC (1999), iniciaron, seguramente, con entusiasmo y buenos propósitos, pero en el balance final, todos le han quedado a deber a sus electores y, de ahí que el desencanto hizo que algunos supusieran que la solución estaría en evitar a los partidos y sus personajes, y buscar entre la ciudadanía a quiénes pudieran representarlos en el ejercicio del poder político y dar una mejor respuesta a sus demandas y necesidades.

La posibilidad de las candidaturas de ciudadanos sin partido, en un sistema en el que el juego político ha sido, históricamente, una concesión exclusiva de los partidos, no generó grandes expectativas. En efecto, las experiencias electorales han sido pocas y, sus triunfos, contados. Además de que algunos ejemplos exitosos, electoralmente, no han tenido los resultados esperados por sus electores y, la decepción, continua.

Pero lo anterior, no quiere decir que la población vuelva los ojos a los partidos en espera que de que “algo” los haga despertar para corregir el rumbo. Su cansancio y decepción la llevaron a dar la espalda a esos partidos y sus candidatos, y la historia usted ya la conoce. Aquéllos que postularon candidatos a la presidencia del país, se desfondaron ante la avalancha de quién les arrebató votos, apoyos y simpatías, muy identificado con la población, tras un muy largo trabajo de campo, recorriendo el país, con apoyo de un movimiento político más que partido, de reciente fundación, que cumplió con los objetivos para el que fue creado.

Pues ahora resulta que aquellos partidos, los otrora grandes como el PRI, el PAN y el PRD, los de la partidocracia de otros tiempos, sufren por la indiferencia y abandono de gran parte de lo que fue su base electoral. A poco menos de un año de su gran derrota, no han podido armar las piezas del rompecabezas en que quedaron convertidos. Mientras Morena busca conformarse como el partido en el poder, abriendo sus puertas a quienes deseen incorporarse, que no son pocos.

Aquellos tres institutos coinciden en sus carencias: no hay, a la vista, personajes de peso político, prestigio y trayectoria que los encabece; tras la derrota, perdieron el rumbo y todavía no lo encuentran; en la obsesión por triunfar a como diera lugar, sacrificaron ideología y perdieron electores; sus finanzas, entre deudas, multas y reducciones los colocan al borde de la crisis; la actualización de sus padrones de militantes, a que los obliga la ley, serán malas noticias al ubicarlos en su triste realidad; su escasa representatividad en el Congreso, los ha convertido en una oposición casi inexistente, y el riesgo de fracturas internas, asoma siempre como amenaza.

Por lo pronto, el domingo pasado, el PRD recordó el 30 aniversario de su fundación, porque en su circunstancia difícilmente tendrían algo que celebrar. Con una exigua representación en el Congreso, la menor desde su fundación; con cada día menos militantes, por la permanente deserción hacia Morena, su gran rival, y sin sus figuras emblemáticas, fundadores de ese partido que renunciaron ante las disputas internas por el control del partido, esta organización se encuentra en el peor momento de su historia, con riesgo de perder su registro electoral.

El PRI por su parte, se encuentra en una encrucijada, en el proceso de elección de su nuevo dirigente. Ante la falta de recursos económicos y por la repuesta del INE a su solicitud de llevar a cabo el proceso de elección interna, el tricolor decidió realizarlo directamente. Sin modificar el método de selección, acordado por el Consejo Político Nacional de febrero pasado, de consulta a la base, los seis aspirantes reconocidos, deberán hacer campaña para ganar el voto de la militancia sobre un padrón no actualizado, con todos los riesgos que esto significa.

En un método como el que aplicarán, algunos candidatos tendrán ventajas sobre otros. Si la intención de algunos era darle una cara diferente al partido con un candidato diferente, muy probablemente se quedarán con las ganas, pues ese candidato estará en desventaja frente a dos ex gobernadores y un gobernador, sus principales contendientes. De estos, el que más preocupa es Alejandro Moreno, el todavía gobernador de Campeche, por los recursos y alianzas, en lo oscurito, que lo ligan con la 4T. Bueno, al menos eso se dice. No parecen soplar buenos vientos para el tricolor.

mitirasso@yahoo.com.mx

 

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