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Pulso Político
Puyazo
En lo que
acabó el PRD

Morena no madura

Miguel Tirado Rasso

La grilla hacia el interior del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) es de la proporción de su peso en el escenario político nacional. Y es que, en su circunstancia de partido en el poder, con todas las ventajas y oportunidades que esto significa, además del futurismo inevitable propio de nuestros políticos de carrera y los de temporal, las luchas internas por posiciones entre los diversos grupos que lo conforman, no resultan ninguna novedad. Esto ha dificultado que Morena avance en la consolidación de su estructura como partido político, lo que da lugar a cierta anarquía interna.

La dependencia que existe entre el partido y su fundador, es absoluta. No es de imaginar, al menos en las condiciones en que actualmente se encuentra Morena, que pudiera subsistir sin la presencia de Andrés Manuel. Los últimos procesos electorales dan pauta para semejante interpretación. En las elecciones de julio del año pasado, fue el candidato López Obrador el que arrasó en la votación, empujando también el triunfo de personajes abanderados por Morena que, de otra manera, nunca hubieran ganado.

En contra, en los comicios de junio pasado, ya sin la presencia de su fundador en las boletas, Morena no pudo repetir los logros electorales de 2018 y, a pesar de las afirmaciones de su dirigente nacional, Yeidckol Polevnsky, sus resultados no fueron tan exitosos, pues inclusive, en total tuvo menos sufragios, sin sus alianzas, que los obtenidos por el PAN.

Según Alejandro Rojas Díaz Durán, aspirante a la dirigencia nacional de Morena, en los seis estados de la jornada electoral de este año, su partido obtuvo 2.6 millones de votos menos que los alcanzados en las mismas entidades en 2018, lo que, aun tomando en cuenta la menor participación electoral que se da en procesos no presidenciales, la pérdida de más del 50 por ciento de votos, según Díaz Durán, es importante. Son números que tendrían que poner en alerta a la dirigencia morenista, cuya renovación, por cierto, está programada para noviembre próximo, pero como Yeidckol seguramente tiene otros datos, no se inmuta y se siente satisfecha con lo logrado.

 La política de puertas abiertas de Morena ha permitido la incorporación en sus filas de los personajes más disímbolos, por lo que rumbo e ideología quedan un tanto a la deriva. Se trata de sumar y, su envidiable posición, la hacen atractiva y seductora, por lo que las adhesiones se multiplican, sin requisitos ni restricciones. Y, esto que contribuye al propósito de darle volumen y presencia nacional al partido, no ayuda para lograr su consolidación estructural, definir su ideología o precisar sus objetivos, o, al menos, lo hace más difícil por la ausencia de compromisos y las múltiples discrepancias internas.

La transición de movimiento a partido se alarga, porque no hay quién indique el camino. En los estados hay confusión del morenismo que sigue actuando más, como seguidores de un personaje, como movimiento de respaldo, que como militantes de un partido político, ante la falta de liderazgos locales. Por su parte, su líder moral no afloja el paso y sin cobijarse mucho en Morena, continua sus arengas que le permiten mantener una popularidad estable. Bueno para él, aunque no tanto para el partido que fundó y que no logra madurar como tal.

Andrés Manuel ha dejado bateo libre a la dirigente Polevnsky en la conducción del partido, lo que ella hace a su leal saber y entender. Su corta experiencia en estos menesteres, la llevan a tratar de interpretar, lo mejor posible, las señales de su jefe, a quien no parece preocuparle mucho Morena. Al menos, no por el momento. Con un liderazgo no muy afianzado ni muy aceptado y que tiende a desmoronarse, por los muchos frentes abiertos dentro de su partido, Yeidckol no la tiene fácil. Su estilo, más rudo que técnico, que le ha funcionado en los debates de campaña con otros partidos, no es la mejor característica para una dirigente que busca unidad, fortalecimiento y consolidación de su instituto. Sensibilidad, tacto y diplomacia, no son su especialidad, de ahí su accidentado liderazgo, en el que no pocas diferencias internas menores pasaron a mayores.

El balance de la actuación de la presidenta de Morena no es muy favorable y, aunque ella pretende reelegirse en el cargo, no parece ser la más indicada para guiar los destinos de Morena, para el resto del sexenio. Hay varios aspirantes a sucederla, algunos realmente interesados y con posibilidades, se mencionan a tres posibles candidatas. Otros, no tan interesados, pero que, una mano amiga los promueve, seguramente sin su anuencia, no tanto para ayudarlos sino para moverlos de su posición política actual.

Finalmente, ya saben quién habrá de dar la línea que despejará la incógnita en torno a la futura dirigencia del partido, intervención que se ve necesaria ante el riesgo de que se repita la historia del PRD.

mitirasso@yahoo.com.mx

 

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