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Pulso Político
Puyazo
Al fin hoy,
ministra

La Legislatura de la
paridad de género

Miguel Tirado Rasso

En octubre del año pasado, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó que “en la plataforma de comunicación, así como en la documentación y papelería oficial que utilice esta Soberanía, se inscriba la leyenda conmemorativa ‘LXlV Legislatura de la paridad de género.’ En el boletín (0304) que difundió este acuerdo, se destacaba que hasta esa legislatura no se había logrado la paridad. Al respecto, la diputada por Morena, Beatriz Rojas, señalaría: “Vivimos un momento histórico, las mujeres obtuvieron 48.2 por ciento de las curules (241) en la Cámara de Diputados, que las coloca en el cuarto lugar de porcentaje de participación en las Asambleas del mundo; por ello, es necesario destacar y visibilizar este logro”.

Un gran avance, sin duda, en la Cámara de Diputados, y en la de Senadores, mejor todavía, pues el porcentaje femenino (INMUJERES, enero 2019), supera a los varones al alcanzar el 50.80 por ciento de los escaños (63). Buenas noticias para la lucha por la equidad de género en el Congreso federal, algo que todavía está muy lejos de lograrse en otros ámbitos de la política como son las gubernaturas estatales, en donde, el sector femenil no ha podido salvar el muro del género. En la actualidad, tras la trágica muerte de la gobernadora de Puebla, en diciembre del año pasado, sólo en dos, de las 32 entidades federales, ocupan la titularidad del Ejecutivo local, en Sonora y la CDMX.

Según datos del Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES), todavía quedan muchos pendientes y espacios por conquistar. En el caso de las presidencias municipales, según datos actualizados a junio de este año, únicamente el 22.77 por ciento eran encabezadas por mujeres, aunque en la integración de los ayuntamientos, mejora su presencia. En efecto, como síndicas su participación llega a 39.52 por ciento y como regidoras, a un poco más del 40 por ciento.

Está claro, que es el poder legislativo en donde la equidad de género ha tenido su avance más significativo, inclusive en el ámbito estatal, pues según la fuente que mencionamos, su representación asciende a 49 por ciento en las legislaturas locales. Es de destacar, también, qué en el Ejecutivo Federal, por primera vez, tengo entendido, ellas ocupan el 40 por ciento de las secretarías de estado (8). Pero lo anterior no quiere decir que este importante aumento en el número de posiciones, haya ido a la par con el de cargos de peso político y de dirección.

A la fecha, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que no se caracteriza por su apertura de género, nunca ha habido, en sus más de cien años de existencia, una mujer presidiendo este máximo tribunal. Tampoco han tenido este honor en la presidencia del Instituto Nacional Electoral ni en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, por mencionar solo algunas instituciones importantes en la vida política y de gobierno del país.

Y bueno, por lo que toca al Ejecutivo Federal, todavía se trata de una asignatura pendiente. La participación de la mujer, con una candidatura formal, no es muy remota. Nuestra historia registra sólo seis casos de candidatas presidenciales. La data de 1982, y fue la de Rosario Ibarra de Piedra, quien fuera postulada por el Partido Revolucionario de los Trabajadores en 1982 y, una vez más, en 1988. Posteriormente, en 1994, Cecilia Soto y Marcela Lombardo aspiraron a la silla presidencial, la primera, postulada por el Partido del Trabajo, y la segunda, por el desaparecido Partido Popular Socialista.

En 2006, Patricia Mercado se lanzó con el apoyo del Partido Alternativa Socialdemócrata Campesina, y en 2012, hizo lo propio Josefina Vázquez Mota avalada por el Partido Acción Nacional. En todos los casos, los votos obtenidos por las candidatas no rebasaron los tres puntos, salvo en el de la candidata postulada por el PAN, que obtuvo 26 por ciento. En 2018, Margarita Zavala se registró como candidata independiente, aunque renunció antes de la fecha de la elección.

Y todo esto viene a cuenta porque, actualmente, se ha desatado una sorda disputa por la presidencia de la mesa directiva del Senado para el periodo de sesiones que inicia el primero de septiembre próximo. El presidente actual, Martí Batres, ha expresado su intención de reelegirse en el cargo, aduciendo como argumento ser garantía de unidad del grupo parlamentario de Morena y ser conveniente a las mujeres su reelección por el número de participantes en la presidencia.

La realidad es qué si hubiera congruencia y se respetara el lema que pretende identificar a esta legislatura como la de “paridad de género”, además de qué en la práctica legislativa, se acostumbra la rotación del cargo, como algo políticamente correcto y conveniente, el senador Batres debería hacerse a un lado para evitar disputas internas morenistas y, consecuentemente, posibles fracturas en su unidad, además de innecesarios problemas a su jefe político.

Sus argumentos para justificar su permanencia en el cargo son endebles. Por lo menos en el Senado, no se ven riesgos de fractura en la bancada Morena, lo que, sin embargo, su insistencia en reelegirse sí podría generar. Ahora bien, puede ser que, por el número actual de integrantes en la mesa directiva, pareciera ventajosa para las senadoras. No obstante, creo que ellas estarían más satisfechas si la presidencia la encabezara una mujer. Calidad de puesto por cantidad. Sólo habría que hacer una consulta para conocer su opinión, método simple y tan de moda ahora.

mitirasso@yahoo.com.mx

 



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