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Pulso Político
Puyazo
México, blanco
de ataques

Expectantes, 30 millones
de que las cosas cambien

Benito Gaytán*

En la campaña del hoy Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, se repetía siempre que si votaban por “ya sabes quién”, las cosas serían diferentes y que se combatiría la corrupción e impunidad y que una vez que llegara al poder, todos los problemas o, por lo menos, la mayoría de ellos, se arreglarían. Eso hacía recordar cuando Vicente Fox decía que “arreglaría el conflicto de Chiapas en 15 minutos”.

A 10 meses de que asumió el poder el jefe del Ejecutivo, la corrupción e impunidad sigue igual o peor que antes porque las cosas no han cambiado y los trofeos que presume son el haber terminado con el “huachicoleo” después de la escasez de combustible que hubo a principios de año o el haber metido a la cárcel a Rosario Robles y al abogado Juan Collado.

En el gabinete hay funcionarios que han sido acusados de corrupción y el caso más emblemático es el de Manuel Bartlett, director de la Comisión Federal de Electricidad quien posee un patrimonio de más de 800 millones de pesos y que siendo funcionario público debió haber trabajado muchos más años para lograr ese patrimonio, pero cuenta con un manto protector.

Los 30 millones de votantes que sufragaron por el hoy Presidente de la República esperaban tener un cambio y que se combatiría de lleno a aquellos cánceres que han llevado al país hasta donde hoy se encuentra, pero las formas en que ha actuado el nuevo gobierno son las mismas que utilizaba el PRI o el PAN y un ejemplo de ello fue la renuncia del ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eduardo Medina Mora.

La renuncia se debió a las presiones por parte de la Unidad de Inteligencia Financiera que según se ha publicado, emitió un oficio para bloquear las cuentas del ex ministro y sus hermanos, a través de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, así como a empresas relacionadas con él, pero una vez que se hizo efectiva esa renuncia, giró un nuevo oficio para desbloquear las cuentas, lo que confirma que fue por presión la dimisión de Medina Mora.

Esa era una práctica común en gobiernos priistas y panistas donde se obligaba a renunciar a funcionarios incómodos y después dar a conocer que por motivos personales dejaban sus cargos y si al jefe del Ejecutivo se le compara con los gobiernos anteriores, responde que “eso calienta”, cuando lo más sano sería que esas prácticas se dejaran atrás y no seguir utilizando las mismas cuando se pregonó a los cuatro vientos que este nuevo gobierno sería diferente.

El problema que hay es que a Morena lo tachan como “el nuevo PRI”, porque varios de sus militantes son ex priistas y ex panistas y las “mañas” que aprendieron y que en buena parte tiene al país donde ahora lo tienen, continuarán siendo las mismas porque como dicen: “lo que bien se aprende nunca se olvida”.

El jefe del Ejecutivo debe dar un golpe de timón pues su gobierno ha tomado decisiones al más viejo estilo priista y eso ha provocado cuestionamientos, porque decían que serían diferentes quienes hoy gobiernan y que las cosas cambiarían, pero no ha habido un cambio de fondo que atraiga beneficios. El haberse deshecho de funcionarios públicos valiosos que sabían bien a bien cómo hacer las cosas, le ha traído más perjuicio que beneficio al inquilino de Palacio Nacional ya que prefirieron emigrar antes de que les aplicara la mal llamada “austeridad republicana”.

Esa curva de aprendizaje le ha costado mucho al gobierno de México pues se cortó de tajo a funcionarios públicos sin haber hecho un estudio previo de qué si funcionaba y qué no funcionaba y el recorte que se hizo a programas con el fin de generar ahorros para desaparecer a intermediarios y dar los apoyos directos a las personas.

Es tiempo de que las viejas formas de gobernar priistas y panistas se dejen de utilizar para que quienes hoy tienen las riendas del rumbo del país, por un lado, los dejen de comparar con los que se fueron y quienes votaron por ellos sientan que su voto valió la pena, para sacar al país del bache económico en el que se encuentra.

Y si en verdad se quiere demostrar que la lucha contra la corrupción e impunidad va en serio y que fue la principal bandera de campaña del jefe del Ejecutivo, entonces debería de investigar y castigar a funcionarios actuales del gobierno y no de los anteriores y ahí sí, no solamente los 30 millones que votaron por el cambio estarían satisfechos sino un gran número que no sufragaron el aquel.

*Analista



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