| | SERVICIOS | PODERES | Facebook Twitter  
Pulso Político
Puyazo
Protesta formal
de Bolivia

Xantolo, la fiesta esperada

2 de noviembre de 2019

Entre altares, bailes, ceremonias, danzas, comparsas, huehues, máscaras, música, oraciones, pirotecnia, rituales y sepulturas, regresa como cada año una de las fiestas más importantes de la Huasteca Potosina, que revive incluso -desde el punto de vista turístico y cultural- a algunos municipios que no cuentan con parajes naturales de habitual concurrencia.

Más allá de la creciente polémica desatada por algunos puristas acerca del nombre: Xantolo, Sanctorum o Día de Muertos, lo cierto es que la celebración termina por congregar a gente de todas las ideologías, estratos sociales y económicos, y no hay quien se resista a los tradicionales “chichiliques”, como se le conoce a los bocadillos en el altar en memoria de los muertos, pero que degustarán los vivos.

En esa parafernalia, uno de los aspectos más relevantes es la indumentaria, como las máscaras, sobre todo si respetan la originalidad de la madera: Pemuche es el árbol más moldeable y utilizado, como ocurre en Los Sabinos, una localidad de Tampamolón Corona famosa por sus artesanos, quienes a lo largo del eje carretero Xolol-Tamuín, visten de colorido las cunetas con sus elaboraciones.

SONIDOS PECULIARES

Desde luego que la música peculiar también juega un papel fundamental, por ello si lo que se requiere es un instrumento que se ajuste a las necesidades de los ejecutantes, nada como otro reducto en la región, famoso éste por su laudería: Texquitote, en el municipio de Matlapa, justo en el paso de la carretera federal 85 o México-Laredo.

Arpas, jaranas, y rabeles –entre otros instrumentos- son encargados cada año por estas fechas, a los famosos manufactureros, quienes en menos de una semana son capaces de cumplir con la demanda de los músicos que llegan de estados vecinos como Querétaro, Hidalgo y Veracruz. El oficio de lauderos en la mayoría de las ocasiones se ha heredado por generaciones.

LAS COMPARSAS

En ese traspaso de costumbres, no solo entran los oficios, sino también los bailes, como ocurre en el municipio de San Vicente, a donde concurren comparsas, muchas de ellas formadas por familias enteras, a quienes se ha inculcado el amor por esta tradición y la perpetúan danzando en la tarima de madera, que en la Unidad Deportiva Municipal vibra cada año.

Miles de concurrentes se deleitan así con la creatividad plasmada en cada contingente, desde los personajes de moda hasta el ingenio para reciclar las vestimentas, sin olvidar la inspiración de creaciones que enmarcan la irreverencia de la gente que no se rinde ante la muerte y la convierte en espectáculo.

Pero si los hombres mayores promueven estas usanzas, las mujeres no se quedan atrás, forjando un enorme atractivo que incentiva a devorar kilómetros hacia el sureste, rumbo a uno de los municipios más pequeños de la región, pero grande en tradiciones: San Martín. Sus principales emblemas arquitectónicos –la iglesia, el kiosco y su palacio- se visten de Xantolo.

Al sonar de la música de violín, las comparsas invaden el escenario entre el aplauso del público. Y ahí, en medio del emblemático palacio y la antigua parroquia, sobre la cancha bailotean los diablos con sus látigos e impresionan los comanches con sus atuendos, mezclados con las viejas, los ancianos (o “coles”), las muertes, las catrinas, y las mujeres disfrazadas con voluptuosidad.

Junto con la fiesta aparece también el misticismo, como pasa en Aquismón, donde su predominancia indígena tének ha llevado el festejo a los muertos mucho más allá, en una ritualidad que combina las creencias ancestrales con la influencia del catolicismo: entonces el ambiente se llena de procesiones, sahumerios y oraciones, que así como purifican el alma, también santifican las ofrendas que se comparten.

LOS ALTARES

En el tributo a la muerte entre los huastecos, el simbolismo de los altares –con los que se recuerda a niños y adultos que han fallecido- tienen especial relevancia, además de que a la par con la religiosidad, llaman la atención la creatividad y el colorido en su elaboración, con especial utilización de los bordados característicos y los adornos floridos donde predominan la palmilla y el cempasúchil.

Pero si de culto a los que ya partieron se trata, nada supera al Barrio Cuayo, una fracción de Chalco, dentro del municipio de Axtla: cada año recibe a cientos de visitantes en su cementerio y la parte culminante es la ceremonia de cambio de fiscales, aunque previamente la gente llega a visitar las tumbas de sus seres queridos, presenciar las danzas y a convertir el sitio en un lugar de convivencia.

Pulso Político On Line/ Quadratín / Foto: Quadratín

 


Copyright Columna Pulso Político
Derechos Reservados, Francisco Cárdenas Cruz. Queda totalmente prohibida la reproducción parcial y total de los contenidos de este sitio sin autorización.