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Puyazo
Ni en eso
le atinan

Gregorio Ortega Molina

AMLO, entre el poder y la ficción

*Imposible anticipar el desenlace de lo que todavía no inicia, a pesar de la precipitación para disponer, antes del tiempo constitucional, del privilegio de mandar

Gregorio Ortega Molina

El concepto de ficción que cada cual maneja es inherente a la esencia de su ser, a ese comportamiento que facilita la alteridad y nos define, aunque previamente nos dejemos desbordar por un procesamiento interno que nos facilita la elección de las opciones que se nos presentan.

En aquellos en los que es obsesión el poder y el deseo de figurar, o casi, la ficción se confronta con los sucesos ineludibles de la vida diaria; posiblemente los conduce a vivir más en esa realidad imaginada que a favorecer la paz interna.

Debido a la manera en que se abren y transcurren los accesos al poder en México, la realidad imaginada se acentúa -sin importar que quien entrega el poder haya abdicado para evadirse antes de su tiempo (la abdicación no es una figura que exista en nuestro modelo político)- durante los largos cinco meses del periodo de transición. Se toman decisiones sin haberse asumido el mandato constitucional y creando un vacío jurídico, lo que deforma la esencia del poder político. Dejó de ser lo que fue. La restauración es legal y económicamente imposible.

Sin embargo, las ventanas abiertas al acierto lo mismo que al desengaño, crean una escisión entre lo que se esperaba o se deseó, y lo que realmente llega a las manos y la razón como fuente originaria y legítima de ese inasible poder, sólo percibido en la cristalización de las decisiones, o en el quebranto de los desengaños.

Allí están las conclusiones de los foros sobre perdón y pacificación, que no pudieron concluirse porque el micrófono abierto al dolor y la desesperación los sustrajo de la realidad imaginad, para ubicarlos en la realidad real.

De idéntica manera tampoco se concluyó la gira de agradecimiento, lo que por el momento me resulta inexplicable, a no ser que en su parte final coincidiera con dos sucesos inesperados: la caravana migrante y las respuestas previas de la sociedad a la consulta sobre el NAICM. Al comprometer su legitimidad puso en entredicho la realidad imaginada que le permitió construir un escenario diferente para el inicio de su gobierno. Los aplausos de la apoteosis inicial menguan.

Naturalmente que el poder también es ficción, de otra manera los monstruos que han gobernado y gobiernan al mundo no lo hubieran conducido a las conflagraciones armadas y/o a las despiadadas y cruentas guerras económicas como la que hoy padecemos. Quieren convertirnos en el enemigo.

Imposible anticipar el desenlace de lo que todavía no inicia, a pesar de la precipitación para disponer, antes del tiempo constitucional, del privilegio de mandar.

Aborto con corresponsabilidad

*Lo que debe modificarse, además de la ley, es la actitud y el comportamiento de la sociedad

Gregorio Ortega Molina

La hipócrita cultura occidental continúa afirmándose en el machismo que la distingue, incluso cuando jurídica y penalmente aspira a apoyar al feminismo con una nueva legislación sobre el aborto. El tema trasciende lo legal.

La carga anímica, la responsabilidad ética y moral de ese acto que asumen las mujeres como un gesto de libertad -es mi cuerpo, yo decide lo que en él sucede- es una decisión ética, moral y de salud que se toma en soledad.

Decidirse a abortar está más allá de la ética civil y cívica y de la moral religiosa y filosófica, porque quien así lo determina elige desprenderse de “algo” que es suyo, de un principio de “ser”, de un cigoto cuyo hálito de vida, cuya luz, cuyo significado como producto terminado y alumbrado la mujer desconoce, a pesar de ser ya madre o serlo con posterioridad al aborto, puesto que ninguno de los hijos trae en la mirada el significado de lo que no fue porque así se decidió.

De lo anterior el esposo o pareja de la mujer que asume esa responsabilidad, se desentiende, por más que la tome de la mano, la espere a las puertas del quirófano o del consultorio, si de un aborto clandestino se trata.

Por más que esta sociedad promueva la despenalización del aborto, la mujer continúa sola el tránsito de esa elección, porque en nuestro modelo educativo, en el “mirreynato”, en la actitud de los padres y en el consentimiento de las madres, se carece de elementos formativos del carácter y comportamiento de los hijos para hacerlos corresponsables de lo que ocurre con un embarazo no deseado. Si la mujer no lo desea, si no consintió, los varones de su entorno asumen una actitud de deslinde al momento de tomar una decisión: es tuya.

Y ya no digamos nada de la actitud de los prelados y la extrema derecha, de las organizaciones a favor de la familia. El deslinde se convierte en rechazo. Lo que debe modificarse, además de la ley, es la actitud y el comportamiento de la sociedad.

Debe enseñarse en las escuelas el cuidado del cuerpo y la corresponsabilidad de compartirlo sexualmente, para aprender del uso de la prevención, de los anticonceptivos, de la salud anímica, ética y moral más allá de los límites impuestos por las religiones o los códigos de conducta de familias a las que les da miedo que sus hijos vivan.

Banxico no se toca

*Absurdo regresar a la época en que los políticos metían las manos en el Banco de México

Gregorio Ortega Molina

Ya le buscan tres pies al gato… porque están desestabilizados anímicamente al no encontrar los recursos económicos necesarios para que AMLO cumpla todas las promesas a sus electores. En ciertos aspectos fiscales los pobres quedaron preteridos para asegurar el buen talante de los inversionistas nacionales. Condonaciones y créditos sumados a las zonas económicas especiales y a la retabulación del IVA en ciudades fronterizas, angostan la fuente transparente de ingresos.

Como Los Pinos deja de ser residencia oficial del presidente de México, imposible decir que las finanzas se manejan desde allí, pero bien puede aplicarse la célebre frase echeverrista a Palacio Nacional.

En busca de una estrategia mediática para medir el agua a los camotes y saber si pueden meterse, o no, con el Banco de México y modificar la ley que le da autonomía, lanzan desde el Congreso globos sonda, para distraer, inquietar, motivar reflexión y saber si la sociedad está, o no, atenta a los menesteres de la seguridad de la economía nacional sustentada en las reservas internacionales (que son nuestros ahorros) custodiadas por la ley y por Banxico.

En algunos medios he leído notas periodísticas disminuidas, casi perdidas en el caudal de información suscitada por el resultado de la consulta popular y diáfana sobre el NAICM, el conflicto con empresarios y la boda de la realeza política que se apresta a saltar al poder.

Sí, información inquietante advierte que “el vicecoordinador del grupo parlamentario del PT, Benjamín Robles Montoya, urgió a ponerle dientes al Banco de México, a fin de que participe como eje del desarrollo financiero y del país en general; además, aseguró que no debe perder o acabar con sus reservas, ni tampoco su autonomía.

 “Durante el foro Análisis de La Ley del Banco de México, ante académicos y especialistas en materia económica, el legislador manifestó que es tiempo de que Banxico deje de ser un banco rico, en un pueblo pobre”.

¿Qué indican esas palabras? Que desean invertir las reservas en los proyectos políticos de AMLO. ¡Chale!

En el contexto de la globalización las reservas a cargo de Banxico, así como la autonomía de la institución, son la única fortaleza que puede evitar un gobierno de empresarios para empresarios, porque indican que puede pagarse la deuda externa y dan idea de una macroeconomía consolidada.

Cierto es que la economía doméstica, el mercado interno deben incentivarse, pero no con el dispendio de las reservas sino con las modificaciones legales que garanticen salarios dignos para que el mercado interno se mueva y no seamos víctimas de las consecuencias de la guerra económica que ya libran EEUU, China y Rusia; o con la cancelación de los créditos fiscales, las condonaciones y tratos especiales a los nacionalistas empresarios que todo lo quieren.

Ya lo dijo Carlos Urzúa, Banco de México no se toca. ¿O sí?

Lozoya-Robles: cinismo e impunidad

*De no administrarse justicia hasta los límites legales, ese voto duro que llevó a AMLO al poder buscará otras maneras de encontrar respuestas

Gregorio Ortega Molina*

El lenguaje usado para su defensa es idéntico. Indica y significa una modificación de hábitos en la procuración y administración de justicia con fines políticos, que para eso también sirven los procuradores, jueces, magistrados y ministros.

 “No encontrarán pruebas en mi contra”, palabras más, palabras menos fueron las elegidas por Emilio Lozoya Austin y Rosario Robles Berlanga como su argumento toral para demostrar su inocencia, lo que puede ser cierto y válido, porque el lenguaje es inequívoco, o lo que puede inducirnos a considerar lo que los lingüistas llaman el meta lenguaje: lo hicimos tan bien que yo nos los chingamos, y háganle como quieran. ¿Es posible?

Es posible, y surte efecto. En la secretaría de la Función Pública ya se pronunciaron porque la investigación de la Estafa Maestra no esté centrada en el comportamiento administrativo de la ex titular de Sedesol y titular de Sedatu; en cuanto al impoluto joven maravilla de Pemex, nada le sucederá mientras las autoridades brasileñas no suelten prenda, o las mexicanas no soliciten la información pertinente.

Resulta que el maestro Roland Barthes permanece vigente, pero no acudamos al especialista que marcó el rumbo, limitémonos a la literatura, la ficción entreverada con la vida real, el diálogo de los personajes y el uso político de la palabra para modificar hábitos y engañar con la verdad.

No acababa su comparecencia Rosario Robles, cuando llego a las paginas 210-11 de Los diarios de Emilio Renzi, en los que el paisano de Carlos Ahumada, ya olvidado por Robles Berlanga, nos explica: “Un lenguaje es un sistema arbitrario por medio del cual actúan entre sí los mismos miembros de una comunidad y así aprenden un determinado modo de vida. La realidad tal como la conocemos está condicionada por la categoría gramatical y sintáctica del lenguaje que usamos… ordena el orden del mundo…”.

Entramos así en la categoría gramatical de las complicidades que garantizan esa impunidad tan necesaria -dijera Miguel de La Madrid Hurtado a Carmen Aristegui en respuesta a pregunta directa de la periodista- para que los engranajes del sistema no se oxiden.

La sociedad se hartó, su respuesta fie civilizada y en las urnas el último 1° de julio, pero de no administrarse justicia hasta los límites legales, porque en la ley puede esconderse la trampa, ese voto duro que llevó a AMLO al poder buscará otras maneras de encontrar respuestas.

La muerte adquirió carta de naturalización II/II

*¿Alcanza la regeneración nacional para, al menos, poner orden y colocar los cimientos de la IV República, o de plano olvidamos las promesas de AMLO?

Gregorio Ortega Molina

El sincretismo entre lo católico y el panteón de deidades mesoamericanas se mostró incapaz de modificar la relación de los mexicanos con la muerte. La disfrazó, pero permanece y es más cercana y sincera de lo que narran los guionistas de Walt Disney en Coco.

Mientras a los anglosajones dejó de importarles la vida y el destino de las razas originarias de América del Norte, a los españoles -en medio de la crueldad de la encomienda- los agobió la conciencia, lo que resultó en la hipocresía característica de criollos y mestizos. La manera en que miramos a la muerte es idéntica al modo en que observamos la corrupción, la violencia y la impunidad. Es la liberación al extremo, sin importar el resultado anímico ni las consecuencias sociales.

Así como las libertades en las preferencias sexuales abrieron los clósets, la globalización anuló los secretos -o al menos discretas actitudes- de nuestros comportamientos en otros ámbitos. Casi cuatro asesinados, ejecutados o victimizados por la violencia cada hora. Es, ya, la cohabitación con la muerte.

Nos da cuenta El País de que “la cantidad de casos repercute, a su vez, en la calidad del trabajo de los peritos (forenses), que tampoco tienen tiempo para recibir cursos de actualización sobre las últimas innovaciones en ese campo. Recién graduada, Ana Karen Martínez trabaja en la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de Ciudad de México, encargada de apoyar a las víctimas durante investigaciones que a menudo están plagadas de fallos en la recolección de indicios -la probabilidad de que un delito sea resuelto es tan solo de 0.9%, según la ONG Impunidad Cero. Hay una falta de debida diligencia cuando se investiga un crimen y también falta capacitación para tratar a las víctimas”, asegura Martínez, y dice comprender que el personal no da abasto”.

En número  redondos es muy posible que 2018 cierre con 36 mil muertes violentas, y sólo tiene un significado: el incumplimiento del gobierno en su mandato constitucional, lo que se traduce en enormes ausencias del Estado en amplias zonas del territorio nacional; de inmediato requiere que nos preguntemos si la regeneración nacional alcanza para, al menos, poner orden y colocar los cimientos de la IV República, o de plano olvidamos las promesas de AMLO.

La muerte adquirió carta de naturalización I/II

*Con la muerte de la Revolución decretaron la del Estado, que se mantiene en vida artificial

Gregorio Ortega Molina

Los mexicanos de mi generación recordamos bien las películas de Ismael Rodríguez. Son espejo fiel de lo que fue el carácter y el comportamiento nacional durante una época, la que permitió el milagro mexicano, muerto nomás nacer.

Lo que permanece es la relación que tenemos con la muerte. Pepe El Toro lo dice bien clarito: la calavera me pela los dientes. Y sí, por eso tuvo éxito el partido único, por eso pudo conceptuarse la versión institucionalizada de la Revolución en una eterna oferta de futuro que nunca llega, pero tampoco importó, porque el mexicano camina de la mano de la muerte liberadora. Sólo así pueden entenderse 12 años de cruenta confrontación entre gobierno y barones de la droga, porque disfraza una guerra civil en la que se dirime un proyecto de nación que no aciertan a conceptuar y proponer, para sustituir al nacido con la Constitución del 17, cuyo mandato eluden todos, o casi.

Con la muerte de la Revolución decretaron la del Estado, que se mantiene en vida artificial. ¿Cómo? Veamos.

Consignan las estadísticas que estamos en los 3,7 homicidios por hora, lo que en números redondos significa 96 muertes violentas cada 24 horas, a lo que ha de añadirse el número de desapariciones, secuestros, tratas diversas, extorsiones y consecuencias de la corrupción, para tener una idea de la dimensión del drama que vivimos y la reducida presencia del Estado. El modelo político es un zombi.

Tanto cadáver que al exigirse una identidad antes de enviarlos a las fosas comunes o los crematorios en caso de nulo reclamo de los despojos, se descubre que los servicios forenses resultan insuficiente por su capacidad reducida en las instalaciones, y por la falta de peritos y/o médicos capaces de hacer autopsias que arrojen luz en lugar de más dudas.

México es una nación de 120 millones de habitantes, en la que las carencias nos desbordan, tanto como la riqueza, si no lo creen pregunten a Germán Larrea y a Carlos Slim o al señor Totalmente Palacio, que tuvo el poder suficiente para acallar la muerte de una modelo australiana en su yate.

Pues resulta que “como consecuencia de un índice de homicidios que se ha disparado en 2018, las fiscalías, sobre todo las estatales, están desbordadas. Aunque no hay cifras oficiales, los expertos consultados estiman que hay alrededor de 7.000 peritos forenses en el sector público. De éstos, unos 1.700 trabajan para la PGR, y el resto, para las estatales, las que cargan con la gran mayoría de delitos”.

Lo anterior es una instantánea que obliga a meditar en la necesaria regeneración nacional.

¿Dónde está Napito?

*El costo del ascenso al poder adquiere su verdadera dimensión. AMLO deberá evitar ese lastre si quiere fundar la IV República.

Gregorio Ortega Molina*

¿Trajeron a Napoleón Gómez Urrutia de adorno, para lucirlo sonriente y bien vestido sentadito en su escaño? ¿Tiene, el líder minero, idea de los cambios que él debe instrumentar para contribuir a la regeneración nacional? ¿Ésta es un proyecto viable, o una utopía lastrada por legisladores como él?

En política todo tiene un costo, aunque sea ciego y sin aroma. Poco importa que AMLO sepa mucho -¿o supone que sabe?- de la condición humana ante el poder, él mismo es un fenómeno en cuanto a su comportamiento y la impronta que desea dejar en la historia, junto a Juárez, Madero y Cárdenas. ¿Están los mexicanos de hoy dispuestos a cederle un santuario y honrarlo como él cree merecerlo?

Tan pronto como el 1° de diciembre deberá empezar a mostrar resultados, y para ello habrá de soltar lastre, de una u otra manera olvidarse de compromisos contraídos con los diversos compañeros con los que caminó hacia la silla del águila, con los que más le restan que le aportan. Él sabrá quiénes son, meternos a la feria de nombres es aspirar a acertar en el peligroso juego de las adivinanzas.

Cuando más metido estoy en estas lucubraciones, los medios nos enteran de que “la minera canadiense Fortuna Silver Mines reconoció que las lluvias recientes causaron un desbordamiento de los residuos sólidos y líquidos de su subsidiaria La Trinidad, ubicada en la comunidad de San José del Progreso. Contaminó el río El Coyote, de Magdalena Ocotlán, Oaxaca.

 “A través de un comunicado, fechado en Vancouver, la minera trasnacional aceptó que el volumen de lluvias causó el derramamiento del estanque de emergencia, donde se acopian los residuos de la extracción de la mina, conocida como presa de jales”.

Hasta el momento Napito se ha mostrado incapaz de decir esta boca es mía, y no me refiero a la de una mina. Quizá está realmente ocupado en contabilizar sus haberes, en caminar del Senado a Casa Cuesta a elegir los casimires para que corten sus trajes, en encargar sus corbatas y enriquecer su colección de vinos, porque eso de ensuciarse las manos y comprometerse por la seguridad laboral de sus representados y la dignidad del Congreso en el que está instalado, nada; sí, su misión en la vida es flotar, olvidado de Napoleón Gómez Sada y Filiberto Rubalcaba.

El costo del ascenso al poder adquiere su verdadera dimensión. AMLO deberá evitar ese lastre si quiere fundar la IV República.

¿Serenarán a México?

*La regeneración nacional, la IV República no debe ser una presidencia fuerte, de imposición y desdén a la crítica, sino un presidencialismo parlamentario, pero la tentación en sentido contrario es mayúscula.

Gregorio Ortega Molina*

Todo cambio político incluye confrontación, sobre todo cuando el paradigma anhelado lleva a la restauración del pasado. No estamos, como advierte Héctor Aguilar Camín en su texto sobre el segundo tomo de la biografía de Porfirio Díaz, ante la necesidad de un gobierno fuerte y centralista, porque ¿qué fue la pax priista de 70 años?

El sueño de los mexicanos es una libertad responsable y que los gobernantes asuman su mandato constitucional, de lo contrario que renuncien y/o se les sancione, incluso con cárcel; también sabemos, los mismos mexicanos, que distamos mucho de pensar como lo hicieron los habitantes tutelados por el juarismo y el porfirismo. Sólo confrontemos esta enorme disparidad: ¿cuántos habitantes entre la restauración y 1910, y cuántos hoy? Las exigencias son distintas, las necesidades anímicas otras, y los recursos tan exiguos o tan escamoteados.

Serenar a México requiere dar confianza a los gobernados y asegurarles que podrán llevar alimento a sus mesas. También que la violencia se reduce, que la paz necesaria para salir a las calles es restablecida y desaparecen los levantones, secuestros, desapariciones, trata, pero sobre todo se procura y administra justicia porque ya no se teme al plomo, porque éste dejó de ser opción.

Pero las contradicciones no nos sueltan. Deciden adelgazar la nómina de la burocracia civil, mientras AMLO avisa que al inicio de su gobierno emitirá una convocatoria para que al menos 50 mil jóvenes se puedan sumar a las filas del Ejército, Marina y la Policía Federal, como parte de su estrategia de seguridad para combatir al crimen y serenar al país.

¿Son necesarios, o con el cumplimiento de la ley basta? ¿A quién y cómo se mostrarán agradecidos esos mexicanos dotados del poder para procurar justicia? ¿Cómo los capacitarán?

Lo cierto es que la legalidad en ciertas áreas de la república dejó de existir, hay zonas negras sin presencia del Estado, que de ninguna manera se recuperarán con más policías, sólo con el cumplimiento de la legalidad y los estímulos cívicos, civiles y económicos adecuados, para que la honradez y la dignidad adquieran un mayor peso específico que el plomo o la plata ofertada por los emisarios de los barones de la droga.

El único camino para lograr la regeneración nacional que serenará a México es la transición, la reforma del Estado, en el entendido de que la IV  República no contiene no debe ser una presidencia fuerte, de imposición y desdén a la crítica, sino un presidencialismo parlamentario. Pero la tentación en sentido contrario es mayúscula.

Petróleo y poder

*Aprovechar, en su totalidad, el nuevo valor del petróleo en el mercado político de la globalización y la seguridad regional y nacional.

Gregorio Ortega Molina*

Dejemos atrás a Ramón López Velarde y su influencia ejercida sobre los más destacados integrantes de El Ateneo. Y no me inclino por esta opción no porque los mexicanos modificamos totalmente nuestra relación con el poder, sino precisamente por lo contrario: somos fieles hasta en esa sumisión hasta para mostrar el hartazgo de manera electoral. Es respuesta sin inteligencia.

Nada de Suave patria ni Revolución inconclusa, ni Emilio Uranga u Octavio Paz. Lo que nos atañe está en el centro mismo del poder, AMLO como espejo fiel de José López Portillo en lo que refiere al uso y abuso del petróleo o de la consulta popular para eludir la responsabilidad. Allí está en las estadísticas la realidad de  lo hecho con México durante el gobierno de 1976 a 1982. Abrió la puerta a un sexenio de doce años. El de Carlos Salinas de Gortari: 1982-1994. Quizá acierta Héctor Aguilar Camín, porque fue el innombrable el que echó los cimientos para fundar la IV República.

Si la hipótesis funciona, hay otra pregunta a formular: ¿quiénes recuerdan cuántos puertos de altura inició López Portillo durante su sexenio? ¿Cuántos concluyó? ¿Cuántos millones de dólares fueron arrasados por el mar? El espejismo de convertir a México en exportador de petróleo: ¿cuánto importamos hoy? ¿Y gasolinas?

Los nuevos yacimientos anunciados por Pemex, ¿qué nos deparan, en medio de una reforma energética que coloca a los habitantes de esta nación con los pantalones a la baja, como si fuesen acciones sometidas a la especulación de los barones del oro negro? La respuesta no está en el valor económico del petróleo, como tampoco en los niveles de explotación y refinación, sino en la manera en que tasen nuestros gobernantes su importancia geo estratégica y política, a manera de que sea una auténtica palanca de negociación para reducir asimetrías en la forzada integración al bloque de América del Norte.

Tampoco es un asunto de preferencias o elección, sino que es la única opción válida para aprovechar, en su totalidad, el nuevo valor del petróleo en el mercado político de la globalización y la seguridad regional y nacional. Carece de importancia con cuánto llenamos el tanque o movemos el transporte; lo que vale, lo que trasciende es que ese petróleo puede significar espacio en la ONU y en los otros organismos internacionales de la diplomacia, del comercio y financieros, porque son las instituciones donde se mueve la globalidad.

Alimentos y lucha de clases

*La congruencia exige una modificación de las políticas públicas del libre comercio o una reforma constitucional para observar el mandato.

Gregorio Ortega Molina*

De las necesidades insatisfechas la que más reacciones negativas y violentas provoca es el hambre. Hay mexicanos que nunca la sacian, viven con un constante vacío en el estómago y en la razón y el alma: ¿por qué unos sí comen hasta quedar ahítos y otros no?

Tampoco se trata de que todos se atraganten de colas de langosta y escamoles, no, lo que se necesita es que los cónyuges puedan verse a los ojos entre ellos y ver directamente a sus hijos, conscientes de que son capaces de alimentarlos para que busquen, en la educación y formación profesional, el camino a una vida con dignidad, a un empleo que los cree y los recree, al paso de los años, como seres humanos con capacidades diversas, aptos para pensar y optar, en base a consideraciones inteligentes, por sus mejores opciones para vivir.

Pero un muro permanente y con mayor eficacia que el que Donaldo Trump reclama a su Congreso, impide que muchos integrantes de esta sociedad que se encamina a su IV transformación, sientan que los gobiernos cumplen con su mandato constitucional y contribuyen a que los alimentos de la canasta básica lleguen a la mesa de las familias. Se trata de la codicia de los productores de alimentos procesados y la de los comerciantes que los distribuyen y les fijan precio de acuerdo a la ley del mercado. Faltaba más.

La nota informativa de La Jornada no deja lugar a interpretaciones: “Con el poder de mercado que tienen, empresas que producen y comercializan tortilla, pan, pollo, leche, huevo, carne de res y procesados, frutas, verduras, lácteos y medicinas, así como servicios de transporte, tienen cautivas a las familias mexicanas, que llegan a pagar precios hasta 98 por ciento más elevados de lo que deberían, denunció Alejandra Palacios, presidenta de la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), durante la clausura del foro Veinticinco años de la autoridad de competencia en México. Motor de crecimiento económico incluyente”.

No hay dilema, lo que se requiere es congruencia en las políticas públicas y que los integrantes de los tres Poderes asuman y cumplan con su mandato constitucional, para lo cual o reforman la Constitución o modifican las políticas que atañen a comercio y producción de alimentos, pues de lo contrario y para estar acordes con la oferta de la regeneración nacional y la posibilidad de fundar la IV República, lo que se avecina es el regreso de una fea lucha de clases.

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