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Gregorio Ortega Molina

¿México atractivo para inversión? V/V | Almomento.Mx

*¿Es puntual el pago del diezmo, qué porcentaje de fieles lo cumple, obedece a la confianza o a la fe? Más que en un mundo de canallas vivimos uno de egoístas.

Gregorio Ortega Molina*

En política, como en otros oficios y profesiones, jamás puede tenerse la certeza de que lo que se hace estuvo bien hecho. Sólo después de la muerte los deudos y los seguidores hacen el balance final y definitorio de la vida vivida.

El equilibrio requerido para ser un exitoso gobernante y aspirar a transformarse en estadista, radica en un término que no es y tampoco puede ser ambivalente: confianza. Se obtiene, o no, de parte de esa mínima franja social que resulta ser, en realidad, el sostén de los gobiernos. Me refiero a los barones del dinero y a los ahorradores. Actualmente la única y verdadera correa de transmisión de la voluntad política desde el poder, es esa masa monetaria que requiere, como garantía a su fidelidad, seguridad jurídica y ganancia neta. La filantropía se practica con lo que sobra.

Establezcamos una analogía con la Iglesia. ¿Es puntual el pago del diezmo, qué porcentaje de fieles lo cumple, obedece a la confianza o a la fe? Más que en un mundo de canallas vivimos uno de egoístas. La transparencia en el uso de los recursos públicos no será distintiva del gobierno recién iniciado, porque de tener voluntad para hacerlo, ya habrían hecho públicos los convenios, acuerdos o arreglos a los que se llegó con los tenedores de los bonos del AICM-Texcoco, y si efectivamente hubo modificaciones a las condiciones de los contratos entre inversionistas y emisores de los bonos.

De allí que regresemos a las necesidades observadas por los analistas de El País, en ese voluntarioso deseo de los empresarios mexicanos para exportar parte de su capital a España: “Una definición que, a su vez, se compone de cálculos más de detalle que exigen análisis especializados y, lo más importante, olfato empresarial: estabilidad política, regularidad económica y laboral, facultad para empatizar con los entornos, evaluación clínica del tipo de cambio, potencialidad de expansión nacional y en el área económica circundante del país donde se va a invertir… Cuando se consigue que todas las piezas engranen, suena el clic y México se convierte en un gran inversor extranjero en España.

 “No basta con esto, no obstante, para explicar todas las razones de la inversión mexicana en España. Hay motivaciones específicas derivadas de las características de la economía mexicana y española. No es casualidad que el dinero de México se concentre en dos mercados fundamentales, con vastas conexiones entre sí: el hotelero y el de restauración. Para el capital de México, la economía española no ha agotado todavía su potencial de expansión. Es un análisis desde fuera que tiene su valor, en tanto en cuanto desmiente o no tiene en cuenta las alertas sobre la desaceleración turística española, subrayadas en trazo grueso por el retorno de la competencia de otros países mediterráneos. El quid de esta aparente divergencia es que la rentabilidad se busca en las rentas turísticas más elevadas. En España existe una infraestructura desarrollada para este tipo de turismo de más calidad que puede ser explotada”.

¿Encuentran lo evaluado arriba en este gobierno y en las perspectivas de crecimiento en México? ¿Qué ha de hacerse para que permanezcan en su país? Obvio que tampoco se trata de bajarse los chones ni ser floreros.

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¿México atractivo para la inversión? IV/V

*Ahora podemos entender por qué no contribuyen a ennoblecer y enriquecer al país que los alumbró.

Gregorio Ortega Molina*

La estatura moral y cívica de los líderes disminuye con la mínima equivocación, con el menor desliz verbal, porque tras él aparece la intención aviesa, el secreto mejor guardado, la opinión vergonzante. Bien afirmó AMLO, soy líder de un movimiento social, y sí, lo es más que Presidente de todos los mexicanos.

En estricto sentido la oposición fue grosera y mojigata, tal como se comportó Morena cuando estuvo del otro lado de la baranda. Adjetivar de fascistas y mezquinos a los simpatizantes del matrimonio Moreno Valle-Alonso equivale a verse en el espejo, precisamente porque vivimos tiempo de canallas.

Detrás de este escándalo todavía queda pendiente la aclaración de los términos jurídicos y constitucionales que rescinden la construcción del AICM, tema del cual los integrantes del gabinete tienen recomendado callar. En boca cerrada no entrarán moscas.

Su deber de presidente de México le exigía estar con los deudos poblanos; sus motivos de líder de un movimiento social repugnaron de ese gesto. Estamos ante la construcción de un gobierno gregario.

De allí que dejen de asombrarme las actitudes de los empresarios. Ellos sabrán cómo actuar, porque pueden competir, pero a la hora de preservar las libertades que los enriquecen, hacen a un lado sus diferencias y van ellos, todos, juntos.

Y así lo hacen. Recurrimos de nueva cuenta a El País, donde una nota informativa indica: “La entrada en España de inversiones procedentes de México se ha multiplicado por 1,5 en los últimos diez años. La razón que suele esgrimirse cada vez que aumentan los capitales procedentes de Latinoamérica, es que España opera como una puerta de entrada a Europa. Pero la explicación es, por excesivamente general, poco esclarecedora. Si se quiere empezar por el principio, habría que indicar, en primer término, la consolidación de empresas mexicanas con liquidez y capacidad para invertir fuera de sus fronteras; empresas que, a diferencia de lo que sucedía en décadas anteriores, no dependen única y exclusivamente del petróleo. Hace mucho tiempo que México dejó de ser, en términos empresariales, petrodependiente. Si algo demuestra la expansión del capital mexicano en España es que México ha dejado de ser, al menos en su imagen financiera, un país “emergente”, sujeto pasivo de inversión procedente del exterior.

 “El punto de partida, como queda dicho, es que han aparecido empresas mexicanas con el músculo financiero necesario para invertir en el exterior y la disposición para hacerlo. Todo esto es más fácil de decir que de hacer; para construir un empuje exportador de inversiones directas no sólo hay que tener dinero, sino también la capacidad para identificar cuáles son los mercados que pueden ofrecer mayor rentabilidad”.

Ahora podemos entender por qué no contribuyen a ennoblecer y enriquecer al país que los alumbró, porque es tiempo de canallas, de la cúspide a los cimientos.

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¿México, atractivo para la inversión? III/V

*De dientes para afuera afirman confiar en el nuevo gobierno, pero en los actos continúan con se estrategia de exportar sus “seguridad”, al poner a buen recaudo sus millones.

Gregorio Ortega Molina*

La confianza o empatía que genere AMLO en el futuro hacia su persona, tendrá origen en sus sentimientos, en su manera de comportarse con todos sus gobernados, en la munificencia de la que pueda hacer gala, pero sobre todo en la manera de reconciliar al país y la estatura de líder que desee adquirir.

Los presidentes de México, como los que él desea emular, fueron el alfa y omega del quehacer político. En tarea administrativa, en su ciencia de gobierno se manifestó el ser que fueron, en medio de una terrible soledad y en el irreprimible deseo de sentirse aceptados, incluso cuando el rechazo era manifiesto. De ellos dependían vidas, más que haciendas.

Un Presidente de la República no puede dejar de estar donde el deber constitucional lo conmina a tener presencia, sin importar la crítica anónima ni los perezosos neofascistas, su deber es convencer a todos. Es así que comprendo la huida de capitales, que no inició con AMLO, pero se acelerará bajo su sombra de caudillo.

En ese mismo reporte de El País, venimos a enterarnos de los usos y costumbres de la exportación de capitales desde México: “No hay estadísticas fiables de cuántos pesos se están transformando en euros en la península Ibérica, más allá de los datos que proporciona la base de inversiones del Ministerio de Industria registrados voluntariamente por las empresas. Muchas inyecciones de capital se canalizan a través de los Países Bajos. Pero esa plataforma da algunas pistas, como que en los últimos años México ha pasado a ser el primer inversor del subcontinente en España por delante de Brasil. El capital acumulado en diez años alcanza 19.180 millones de euros, equivalente al PIB de Navarra o al de Extremadura. Mucho dinero, más aún si se tiene en cuenta el bajísimo nivel de partida, a principios de los noventa: la inversión mexicana en España, a diferencia de la española en México, ha tardado en despegar. Pero cuando lo ha hecho, lo ha hecho con fuerza.

“RLH nació con vocación internacional. La decisión de buscar oportunidades fuera de México la adoptamos hace un par de años, y no significa que no sigamos apostando por nuestro país, cuenta Bremer en la cafetería del Villa Magna. Quiere dejar claro que la victoria de López Obrador, -que en campaña chocó con los empresarios y que en los primeros días de mandato, a pesar de elaborar un presupuesto tan social como fiscalmente prudente, ha cancelado el nuevo aeropuerto de Ciudad de México, una de las mayores infraestructuras en la historia reciente del país norteamericano- no tiene nada que ver con su decisión de invertir en España.

 “López Obrador ha dado un volantazo a la política económica que ha inquietado a algunos millonarios mexicanos, acostumbrados a la ultra ortodoxia de los últimos sexenios: plantea mayor inversión pública -en mínimos históricos-, pone el acento en los programas sociales en un país en el que 50 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza, ha subido el salario mínimo -deprimido incluso para los estándares de América Latina- y ha dejado entrever su intención de limitar las comisiones de los bancos, una idea que luego ha eliminado de su agenda, al menos a corto plazo, ante la reacción de mercado. Un empujón, real o no, para que las grandes fortunas locales crean que deben de poner a salvo sus millones”.

Será el sereno. De dientes para afuera afirman confiar en el nuevo gobierno, pero en los actos continúan con se estrategia de exportar su “seguridad” al poner a buen recaudo sus millones, sin importar que es aquí donde hicieron florecer su riqueza, con complicidades y como patrones injustos y poco generosos, muchos de ellos.

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¿México atractivo para la inversión? II/V

*¿Cuáles son los motivos de desconfianza para descreer en México y, además, no ayudarlo a crecer? Son corresponsables, pues contribuyeron a un corrimiento en los factores de poder que los incorporó de lleno a la toma de decisiones eminentemente políticas.

Gregorio Ortega Molina*

Imposible establecer analogías y/o diferencias entre el error de diciembre zedillista y el cometido apenas en octubre por AMLO. Son dos sucesos distintos y requieren análisis diferentes.

Para diciembre de 1994 los Tesobonos y sus prontos vencimientos colocaron a México en una condición de impago, lo que se resolvió gracias a un crédito que el mismo Ernesto Zedillo se encargó de dejar saldado antes de entregar el gobierno a Vicente Fox. En ningún momento fue puesta en duda la seguridad jurídica de las inversionistas. El país cumplió.

En cuanto a la rescisión del contrato establecido por esa misma nación para construir un aeropuerto, por lo pronto no ha causado estado jurídico, porque no hay documento oficial de ese mismo Estado -aunque encabezado por diferente gobierno- que explique las razones técnicas, económicas, sociales y políticas que determinan la clausura de un proyecto en construcción. En estos asuntos la decisión del pueblo bueno, por si sola, tiene menor peso que un compromiso internacional. Necesita sustentarse con razonamientos suficientes que la avalen.

La diferencia en dólares es enorme. Para pagar los Tesobonos se requirieron 40 mil millones de dólares, para el AICM supuestamente hicieron la primera recompra de bonos con un mil 600 millones de dólares, pero la lesión es distinta, pues sólo adquirieron la voluntad para cambiar los términos del compromiso. Sus tenedores continúan como accionistas mayoritarios.

El Estado mexicano durante el sexenio 1994-2000 preservó su soberanía, credibilidad y confianza entre inversionistas, y el PIB creció a tasas que en los 3 gobiernos siguientes ni soñar; ahora lo que tenemos enfrente es el incumplimiento tácito de contratos. No veo la manera en que la credibilidad de México pueda fácilmente recuperarse, ni entre los adinerados mexicanos.

Sólo continuemos con el reportaje de El País al que nos referimos ayer: “El capital mexicano está en las lonchas de jamón Campofrío (grupo Sigma), en las obras de FCC (Carlos Slim), en los sándwiches de Panrico (grupo Bimbo), en los cines Yelmo (Cinépolis), en los autobuses Avanza (Mobility Ado) o en la empresa editora de este periódico, PRISA (Roberto Alcántara). También en los restaurantes Vips, la Tagliatella, los KFC. Todos están, parcial o totalmente, en manos de empresas mexicanas que han visto en España su trampolín natural hacia el resto de Europa. El astillero privado más grande del país (Barreras, en Vigo) pertenece en un 51% a Pemex, la petrolera estatal mexicana, que aprovechó las vacas gordas en el mercado del crudo y una serie de políticas para invertir en sectores ajenos a su negocio tradicional. Minera Los Frailes (la mina de Aznalcóllar) es propiedad del magnate Germán Larrea, protagonista de uno de los mayores choques con Manuel López Obrador, presidente de México, durante la pasada campaña electoral. Y algunas de las inversiones financieras más importantes de los últimos años en España (desde el Sabadell a Liberbank o a la malograda del Banco Popular) también tuvieron origen en México”.

¿Por qué allá sí y aquí no? ¿Cuáles son los motivos de desconfianza para  descreer en México y, además, no ayudarlo a crecer? Son corresponsables, pues contribuyeron a un corrimiento en los factores de poder que los incorporó de lleno a la toma de decisiones eminentemente políticas.

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¿México atractivo para la inversión? I/V

*Ahora podemos intuir por qué el PIB mexicano sólo crece al dos por ciento. Viene inversión extranjera, pero la de casa huye de su país.

Gregorio Ortega Molina*

La endogamia produce malformaciones en todos los ámbitos, y éstas son tan violentas y profundas cuando son sociales y económicas, que corregir es prácticamente imposible. De allí la necesidad de la transición, de la reforma del Estado, pero insisten en la macrocefalia, al momento de un anticipado o supuesto colapso del neoliberalismo.

El modelo político de gobierno que padecemos está herido de muerte, y en ese tránsito el jefe del Estado (desde el sexenio 2006) cree disponer del andamiaje que construyeron Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, para restablecer la presidencia imperial. No comprenden que lo que se fue… no regresa.

AMLO no desea aceptar que a él -dada la postración del sistema político- le corresponde administrar los santos óleos e iniciar la transición para sentar las bases de la IV República, encaminar a México al presidencialismo parlamentario. Todos pagaremos no enmendar la crisis que se viene arrastrando desde 1988, a Salinas le correspondí administrar un país ya diagnosticado.

Se ha perdido la confianza jurídica y financiera en México, principalmente por los propios mexicanos, porque saben de qué pie cojean nuestros administradores públicos. El país es un exportador de capital.

Para comprenderlo en toda su dimensión, sugiero la lectura del reportaje de Ignacio Fariza y María Fernández, publicado durante la última semana de diciembre en El País.

Entiendo que el dinero no reconoce patria alguna, que la seguridad impone una diversificación a lugares donde los analistas financieros sugieren a los inversionistas para hacer crecer, todavía más, sus fortunas. Son insaciables, pero desconocen la munificencia. La entrada del reportaje nos facilita la comprensión del mundo en que vivimos:

 “Un impecable Ferrari espera a su dueño a las puertas del hotel Villa Magna en la tarde fría del miércoles pasado en Madrid. El exclusivo complejo situado en el paseo de la Castellana acaba de cambiar de manos por un precio récord: 210 millones de euros por sus 150 habitaciones (a razón de 1,4 millones por cada estancia). Los nuevos propietarios son los accionistas de RLH Properties (de BK Partners), empresa cotizada en la Bolsa de México y presidida por un ex directivo de Goldman Sachs, Allen Sanginés. Por el recibidor del hotel pasea discretamente el presidente del comité ejecutivo del grupo, Jerónimo Bremer, otro mexicano curtido en el banco de inversión estadounidense que habla cinco idiomas. Es la última operación conocida de un grupo mexicano en España y viene a confirmar el creciente interés que el país tiene para sus inversores”.

Ahora podemos intuir por qué el PIB mexicano sólo crece al dos por ciento. Viene inversión extranjera, pero la de casa huye de su país.

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Colosio, la otra versión V/V

*Enrique “El Negro” Martínez Leyva, concluyó su vida en un tambo, diluido, como diluida quedó la historia de los verdaderos participantes de la conjura para matar a Colosio, para que se cumpliera con los acuerdos tomados con el FMI.

Gregorio Ortega Molina*

¿Qué interrumpió la ejecución de Luis Donaldo Colosio? ¿Cómo se modificó el proyecto de nación y cuáles fueron los cambios iniciados con el crimen? 25 años después puede intuirse que el primer paso de AMLO al poder fue ese marzo de 1994. Una interrogante adicional: ¿por qué Ernesto Zedillo dio la espalda a la historia, y no impuso a otro sucesor comprometido con el FMI?

Fueron muchas las horas en el Garko, pero se me hicieron pocas y breves, porque mi Demonio de Sócrates abre la almeja del conocimiento, pero es hermético en su manera de razonar.

“Las dudas sobre Mario Aburto como el disparador, se dieron desde el inicio. Cambió el curso de la sucesión presidencial, y con el hecho se modificó el proyecto de nación y se determinó que el neoliberalismo continuaría enfermo de muerte.

 “El Negro fue trasladado a las instalaciones de la PGR por el mismo Domiro. Una llamada directa de Córdoba le ordena dejarlo ahí y entregarlo al Ministerio Público. Para Córdoba era importante estar lejos de la investigación; prefería ser investigado que investigador, ya que esto duraría mucho tiempo en aclararse, hasta que encontraran una voz valiente que fuese la bocina de los que desearon, desde el principio, aclarar el asesinato.

“En las oficinas de la PGR los interrogatorios al Negro son obstaculizados indirectamente por un periodista y un filántropo defensor de los derechos humanos (que contribuyen con su presión a que se mantenga en secreto su identidad, y a darle legitimidad a la versión del asesino solitario). Lo dejan libre con estas palabras: Ya todo está aclarado y tú estás bien, muchacho, mis compañeros te llevarán a un lugar seguro, pues efectivamente le acabas de hacer un bien a la nación”.

Luego la narración es errática, pero logro entender que al Negro le aseguraron la libertad; como primer paso le dijeron que debía permanecer oculto en la casa de Santiago Meza López, a quien después la opinión pública conocería como El Pozolero.

Hemos de suponer, entonces, que Enrique El Negro Martínez Leyva, concluyó su vida en un tambo, diluido, como diluida quedó la historia de los verdaderos participantes de la conjura para matar a Colosio, para que se cumpliera con los acuerdos tomados con el FMI.

Lector, a usted corresponde discernir si lo leído durante estos cinco días es fantasía política, tomadura de pelo, o aproximación a la realidad.

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Colosio, la otra versión IV/V

*La hipótesis de Antonio Ortiz Mena tiene asideros humanos e históricos que nos obliguen a considerar que el artífice del milagro mexicano es, al mismo tiempo, responsable original de que en México se impusiera con tanta candidez el neoliberalismo para sustituir al proyecto de la Revolución.

Gregorio Ortega Molina*

Escuchar a mi interlocutor fue como un viaje verbal iniciático, una visita a esas áreas del poder en las que es necesario tomar decisiones sin inmutarse y sin pensar en el alma y el perdón. Recordé la pintura de Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo. Es una imagen del Estado.

Luego la evocación constante, repetitiva en todo detalle. Las imágenes que él me transmitió y que se adueñaron de mi razón y mi paz, de mi optimismo en el ser humano.

 “Para ese momento, Castillo va adelante abriendo paso y Reynaldo del Pozo y Cantú se han adelantado varios metros al mazacote o cobija. Atrás, a la defensiva, con sentimientos encontrados de lealtad y deber, va Domiro dejándose rebasar por Tranquilino y hasta por Ruth y Yolanda Lázaro, lideresas priistas de Lomas Taurinas. Al extremo derecho, de frente, Sánchez Ortega y Enrique Manuel El Negro Martínez Leyva, compitiendo por acercarse entre las manos y cuerpos de Tranquilino y el viejo Mayoral. Es finalmente El Negroquien saca la pistola por encima de todos y dispara a la cabeza de Colosio, al mismo tiempo que Sánchez Ortega se agacha entre los tres y al ir cayendo Colosio, le dispara en el vientre.

 “Mario Aburto intenta llegar a Colosio, pero le falta determinación; filtrándose agachado entre Tomasini y Othón del lado izquierdo, sólo ve pasar entre piernas y polvo, el cuerpo en caída de Luis Donaldo, y no puede accionar la Taurus y se le cae, casi a un lado de la víctima…”.

El resto de la conversación se nos va en bordar hipótesis sobre la responsabilidad, o no, cuando de servir al Estado se trata… porque a fin de cuentas, desde el inicio del proyecto neoliberal, decidieron torcer la Constitución, la ley y la historia no sólo para hacerse con el poder, sino con esa idea de estar al servicio del Estado y, al mismo tiempo, hacer coincidentes los intereses de Estados Unidos con los lineamientos de seguridad regional que se han implantado en México desde diciembre de 1982.

Luego, con las palabras que considero adecuadas y con mis ojos más ingenuos, pregunto si la hipótesis de Antonio Ortiz Mena tiene asideros humanos e históricos que nos obliguen a considerar que el artífice delMilagro mexicano es, al mismo tiempo, el responsable original de que en México se impusiera con tanta candidez el neoliberalismo para sustituir al proyecto de la Revolución.

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@OrtegaGregorio

Colosio, la otra versión III/V

*La técnica la dio el mismo Negro  al grupo de De la Sota, pues es la que se utiliza en las cárceles para matar al chivato, mediante la cobija. Alguien ensarapa a la víctima y todos a una apuñalan, para que todos queden involucrados y nadie resulte responsable.

Gregorio Ortega Molina*

De nueva cuenta en El Garko. Acudo por curiosidad, pero sin entusiasmo, Quisiera no oír más, pero atento escucho: El artífice de la conjura contra el Estado, contra el gobierno y contra Carlos Salinas de Gortari fue Córdoba Montoya. Alerta estuvo a que Fernando Gutiérrez Barrios dejara la secretaría de Gobernación, para controlar él todo el sistema de seguridad nacional.

Así instruyó infiltrar al grupo de empresarios y gobernadores que resultaron afectados por el proyecto neoliberal, y además infiltró su propio grupo con la idea de anticiparse a las traiciones. Tuvo suficiente con haber traicionado al Presidente de la República.

Visto en retrospectiva -me confía- le adelantaron los tiempos políticos a Carlos Salinas. Luis Donaldo Colosio muere sin haberse aprobado las listas para senadores y diputados, tampoco pudo externar su opinión sobre las candidaturas a gobernador de 1994. La Operación Culebra parecía haberse concebido y desarrollado por una mente que no era mexicana, lo que debe obligarnos a meditar sobre los compromisos originales adquiridos con el FMI, negociados por Antonio Ortiz Mena y Raúl Salinas Lozano.

En el entorno inmediato de Colosio se supo que al encaramarse en el templete de Lomas Taurinas para pronunciar su último discurso, apareció transfigurado, contento, feliz, pues temprano fue informado de que Manuel Camacho Solís había renunciado a cualquier pretensión presidencial.

Cuando sintió la promesa de recibir el poder regresar a sus manos, también se definió el tiempo del desenlace. El perito en asuntos de inteligencia y seguridad habla pausado: “Todos se aprietan a Colosio. La técnica la dio el mismo Negro  al grupo de De la Sota, pues es la que se utiliza en las cárceles para matar al chivato, mediante la cobija. Alguien ensarapa a la víctima y todos a una apuñalan, para que todos queden involucrados y nadie resulte responsable. Para ellos la prisa por matar a Colosio es una lucha por la vida, pues el que lo ejecute se salva y el que no lo haga, se muere. Mario Aburto, Sánchez Ortega y El Negro se lanzan a cazarlo, para salvarse ellos, pues sus verdugos los observan, allí están. Son sus ejecutores”.

Interrumpe el silencio, profundo, oscuro, ominoso. El pozo de la taza de café parece mostrar el futuro de esos millones de mexicanos que por fuerza han de depositar su confianza en el gobierno, esté quien esté.

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Colosio, la otra versión II/V

*Se impuso la necesidad de encontrar dos personajes. Uno, el rostro, la imagen de un asesino débil, casi tonto, que no sabría ni qué onda; dos, un gatillo eficiente y discreto, al que abrir la boca le implicaría completar la sentencia que apenas purgaba.

Gregorio Ortega Molina*

Perplejo me dejaron durante días las confidencias compartidas ayer con usted, lector, aunque todavía no con la boca abierta, porque me niego a creer en esas teorías de la conspiración.

Para reforzar sus hipótesis, este inclemente Demonio de Sócrates pericial, refiere: “No hubo una, sino dos conspiraciones para asesinar a Colosio, además de una complicidad generalizada de todo el país”…; paso a creer, me digo, mientras lo escucho: una liderada por un grupo de ex gobernadores y un poderoso grupo empresarial, la otra por los de casa, a cuya cabeza estuvo José María Córdoba Montoya, quien ocultaba o manipulaba la información muchos meses antes a los sucesos referidos.

Los del primer grupo estuvieron interesados en descarrilar el proyecto económico neoliberal, porque sus ganancias y poder mermaron. En cuanto a la traición de los cercanos, de los próximos, a Salinas debió ocurrírsele, o debió recordar que había un compromiso previo y que, precisamente la pieza del FMI que compró a ciegas para llegar al poder, sería la encargada de recordárselo o de corregir el rumbo; todo indica que José María Córdoba Montoya realizó su cometido y, quizá, hasta se excedió.

Todo lo anterior lo escuché mientras rechacé el café americano a cambio de un exprés doble. Había que estar despierto, pues se sucedían las revelaciones, de inmediato rechazadas por mi inmarcesible incredulidad. ¿Alguien era capaz de engañar a Carlos Salinas de Gortari?

Luego escucho un soliloquio que me dobla las corvas y la razón: “Luis Donaldo Colosio cayó en las redes del miedo y la traición. Empezó a ser acusado de ser un traidor futuro y la sociedad entera se sumó a ese rumor, en el cual todos empezaron a señalarse de traidores, incluso en las columnas políticas, como la contenida con mensaje y todo en las páginas de Excélsior, firmada por Francisco Martín Moreno… Hermano, debo matarte. ¿La recuerdan?

 “La debilidad política del candidato de Salinas era un secreto de Estado, y era necesario imponer el silencio, incluso por encima de la seguridad nacional y dejando en riesgo la continuidad de un proyecto que trascendió a los grupos políticos”.

Luego se impuso la necesidad de encontrar dos personajes. Uno, el rostro, la imagen de un asesino débil, casi tonto, que no sabría ni qué onda; dos, un gatillo eficiente y discreto, al que abrir la boca le implicaría completar la sentencia que apenas purgaba.

 “Ahora debe quedarte claro que Mario Aburto no disparó”, me dijo, pero todavía no lo creo.

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Colosio, la otra versión I/V

*Salinas de Gortari debió asumir un compromiso ineludible para el proyecto del neoliberalismo: nombrar a Ernesto Zedillo su sucesor, porque Antonio Ortiz Mena necesitaba pagar una deuda con su hijo, a quien había alentado e impulsado desde su formación, sin aparecer en su vida.

Gregorio Ortega Molina*

En blanco y negro, ¿qué sabemos de los motivos de la ejecución de Luis Donaldo Colosio? ¿Tenemos la certeza de que fue Mario Aburto? ¿Quién o quiénes están detrás del asesinato? ¿Fue una o varias conspiraciones que coincidieron en el objetivo, y sabían de las consecuencias?

Con el propósito de responder a esas interrogantes, mi Demonio de Sócrates pericial me convocó a una serie de continuadas reuniones en El Garko de Guadalupe Inn. Obvio que me llevó de sorpresa a sorpresa, pues lo primero que me confió fue que a Colosio lo mataron porque no le tocaba, y de eso Carlos Salinas estaba enterado, pues llevar a Ernesto Zedillo a la Presidencia de México fue parte del pacto formalizado con el Fondo Monetario Internacional y avalado por Antonio Ortiz Mena, quien comprometió a Raúl Salinas Lozano a cumplirlo.

El futuro de México -pensaron los conspiradores de esta primera estación- debía pasar por las exequias del proyecto económico y político de la Revolución. De allí la necesidad histórica de Jolopo de autoproclamarse el último Presidente de esa etapa que murió con la ejecución de Álvaro Obregón. Pero, me asegura mi interlocutor, quien debía encabezar o ser el líder de esa transición comprometida por Ortiz Mena con el FMI, era Carlos Salinas. Para lograr ese cometido fue necesario hacer presidente a Miguel de la Madrid Hurtado y establecer las complicidades necesarias entre José María Córdoba Montoya y quien sería el secretario de Programación y Presupuesto y presidente de la República en funciones durante el sexenio 1982-1988, e investido formalmente de 1988 a 1994.

Pero, me indica, Salinas de Gortari debió asumir un compromiso ineludible para el proyecto del neoliberalismo: nombrar a Ernesto Zedillo su sucesor (supuso que con hacerlo coordinador de la campaña cumplía), porque Antonio Ortiz Mena necesitaba pagar una deuda con su hijo, a quien había alentado e impulsado desde su formación, sin aparecer en su vida.

A mi manifiesta perplejidad, mi interlocutor me conmina a que compare fotográficamente los perfiles de Antonio Ortiz Mena y Ernesto Zedillo Ponce León. Sobra decir que lo hice, y el resultado es que empiezo a creer en las conspiraciones políticas.

 “Pues bien -me dice en un susurro- el presidente Salinas de Gortari se ensoberbeció y decidió incumplir el acuerdo, el pacto, el compromiso, hasta que lo obligaron. El videodestape no fue la solución constitucional, fue la necesidad de refrescarle la memoria. No sé si Manlio Fabio Beltrones supo a lo que se prestó”.

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