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Pulso Político
Puyazo
Continúa el
desmantelamiento

Gregorio Ortega Molina

Calderón la dejó pasar

*Las redes sociales determinan el éxito del caso, aunque en los tribunales se pierda. Lo que importa es la percepción que queda en la sociedad y entre los que legitiman, o no, a los políticos.

Gregorio Ortega Molina*

En un esfuerzo por contribuir a la moda política del “beis”, puede afirmarse que, a Felipe Calderón, algún integrante de la ex Policía Federal le pichó perfecto strike por el medio del plato y a la velocidad cómoda para vaciar las bases, pero la dejó pasar.

¿Qué “frickeó” al ex presidente de México, que daba la “pala” de estar muy echado para adelante? Su sueño era regresar a las primeras planas, al tiempo triple A en radio y TV y saturar las redes sociales, para hacer de su organización México Libre un referente político, y focalizar en él a la oposición, pero resulta que le temblaron las piernas para hacerlo.

Es posible, aunque difícilmente probable, que muchos de los integrantes de la Policía Federal efectivamente se “echaron a perder”, pero lo que sí es comprobable, como lo han documentado varios columnistas sin desmentido alguno, son los éxitos durante la vida de la corporación. Como muestra está la detención, final, de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”. Quienes facilitaron su última fuga fueron los custodios.

En medio de los dimes y diretes sobre la honorabilidad y honradez de los policías federales, lo único cierto es que sus demandas son legítimas y merecen defensa legal.

No era necesario que Felipe Calderón se quemara las pestañas para defenderlos, lo único urgente, necesario, era y es el combate en los medios. Hoy por hoy, la aplicación o no de la ley se dirime ante la opinión pública, y los argumentos en pro y en contra corren por las redes sociales, y son las que determinan el éxito del caso, aunque en los tribunales se pierda. Lo que importa es la percepción que quede en la sociedad y entre los que legitiman, o no, a los políticos. Es allí donde se definen los niveles de aceptación, pero la desarticulada, o desestructurada oposición, parece no comprenderlo.

Felipe Calderón Hinojosa cerró los ojos y no quiso ver pasar la pelota caliente que lo regresaría a la palestra, porque a fin de cuentas es lo que es, y sólo podrá recuperar el respeto de la mayoría de la población, si va más allá de lasMemorias de un líder moderno, que una vez en las librerías asustaron a Carlos Salinas de Gortari, porque había volcado su razón y su corazón en ellas, al hacer una autocrítica sobre su gestión y su personalidad. Al menos eso parece.

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Claudia Sheinbaum parece haber equivocado su estrategia de seguridad. Debió incorporar a la GN de manera homogénea en la entidad que gobierna, y no demarcación por demarcación. En el corredor comercial y habitacionalque corre por avenida Insurgentes, de Villalpando a Juan Pablo II, el asalto a comercios y transeúntes está a la orden del día. El Oxxo de la zona ya no ve la suya, y la juguetería Alex prefirió cerrar sus puertas. En Guadalupe Inn, entre Jaime Nunó y Barranca del Muerto, ocurre lo mismo, me informan los colonos.

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¿Qué van a construir a cambio?

¿Quién se niega a sentirse participe de la construcción o deconstrucción del proyecto de México, con tan solo alzar la mano? Así edificamos nuestra miseria.

Gregorio Ortega Molina*

Porfirio Muñoz Ledo nos refiere a lo difícil que es desmontar un régimen, y también está molesto por el tráfico humano al que se ha prestado este tercer país seguro. El presidente constitucional de todos los mexicanos afirma tener prisa, para que el cambio de régimen sea irreversible. Es dueño de su tiempo, y propietario de su maña.

¿Cuál es la propuesta de la 4T para que el modelo político acedo y fuera de servicio sea sustituido por otro nuevo y garante de gobernabilidad? ¿Han perfilado, siquiera, su idea de la IV República? ¿En qué sentido camina la regeneración nacional?

El líder ha permanecido siete meses en el monte Horeb, el México bueno y sabio atento lo espera, para que nos ilumine con su luz y su sentido común, y señale el rumbo para erigir las instituciones que, por fuerza, deben sustituir al régimen de la Revolución, que es el que desmontan y del cual abominan, pero en el que se formaron y vivieron para llegar a la cúspide.

El cambio de régimen requiere algo más que plasmarlo en la norma constitucional, las leyes y la juridicidad; necesita, por fuerza, de un cambio de actitud, sólo posible a través de la educación y del ejemplo. El aborrecido Luis Echeverría Álvarez lo sugirió -nunca llegó a desarrollarlo- y pidió el cambio de estructuras mentales. Sin embargo, todo indica que nos llevan en sentido contrario, precisamente a esa obsesión que niegan, porque la ansían y la consideran la respuesta idónea: la presidencia imperial, la reelección por la eternidad. Ensayaron en Baja California.

De resultar cierto que no anhelan perpetuarse en el poder, ya estaría sobre la mesa la reforma del Estado, con alternativas suficientes para intentar diseñar y construir el presidencialismo parlamentario, transformar al Congreso de la Unión en un verdadero parlamente con la fuerza de decir no.

Estaría sobre la mesa la figura de Primer Ministro, habría una reorganización ministerial que construyera, precisamente, ese cambio de régimen, que sólo ha sido ofertado para justificar el desmantelamiento de instituciones que lograron contener las facultades metaconstitucionales del titular del Ejecutivo, y que ahora, ante sus pretensiones, les estorban.

Pero desean sustentar su poder “a mano alzada”, porque están conscientes, como advierte Hannah Arendt, “el fenómeno fundamental del poder no es la instrumentalización de una voluntad ajena para los propios fines, sino la formación de una voluntad común en una comunicación orientada al entendimiento. El poder se deriva básicamente de la capacidad de actuar en común”.

¿Quién se niega a sentirse participe de la construcción o deconstrucción del proyecto de México, con tan solo alzar la mano? Así edificamos nuestra miseria.

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El mito del combate a la corrupción

*El costo de esta corrupción que ahora se entroniza y parece más una prevaricación moral y política, será perjudicial y grave para el destino de México, porque así construyen un país de cínicos.

Gregorio Ortega Molina*

El engaño es políticamente perfecto y moral y éticamente descomunal. La corrupción no se arranca ni se combate ni se desarraiga, sólo se transforma, se emboza y se deslinda de lo pecuniario, para convertirse en un instrumento de sujeción, perverso por sus alcances. Las modificaciones constitucionales se hacen con el papel sanitario en las manos.

La retórica impecable del líder es adecuada para construir el mito. Se ahorra, se restringe la nómina, se vacía la residencia oficial de Los Pinos, se deja de usar el avión presidencial, se cancela el AICM versión Texcoco, se controla el trabajo y las salidas de científicos e investigadores, se combate el huachicol, se simulan licitaciones para la compra de medicamentos y material médico y de salud, se denuncia a las gasolineras tramposas, se anula -en los hechos- la reforma educativa de Peña Nieto, se libera a los maestros de la CNTE sin justificación algún, se exhibe a los juzgadores cuyas resoluciones desagradan al poder… y la lista puede extenderse.

Está bien, quien manda está en su derecho de no restringirse en sus libertades de imponer su versión de la realidad, aunque para lograrlo se valga, siempre, de verdades a medias o de mentiras que parecen leyendas ejemplares, sin fisura, porque por norma, para contra argumentar lo que no cuadra con su proyecto (que sólo él conoce) dispone de otros datos que nunca exhibe, nunca pone a consideración del o de los descalificados.

Resulta incomprensible que economistas, contadores, empresarios y banqueros se acomoden, sin chistar, a la versión de los hechos vertida desde el salón de la Tesorería (con toda su carga anímica), como sucedió con el refinanciamiento de ocho mil millones de dólares a Pemex, que no es un nuevo empréstito, sino la modificación en las condiciones de pago de lo que no se ha podido saldar, pero como desean, desde el poder, la renovación de la confianza que se puede tener en la seguridad jurídica del país, ajustan su verdad.

Leo, en Serpientes y Escaleras de Salvador García Soto, que los acuerdos o convenios en la política migratoria que ha de seguir México para contribuir a la seguridad regional de Estados Unidos, fueron puestos sobre la mesa y aceptados por México, para destrabar las negociaciones del TMEC, cuando EPN estaba en articulo mortis político, y propuestos por el gobierno que se aprestaba a mostrarnos el camino a la 4T, luego de una juiciosa purificación del país.

El costo de esta corrupción que ahora se entroniza y parece más una prevaricación moral y política, será perjudicial y grave para el destino de México, porque lo que hacen es construir un país de cínicos.

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Globalidad y Constitución

*La globalización implica ceder soberanía, en todos los ámbitos, y a eso se han plegado nuestros gobernantes desde 1993, cuando se estamparon las firmas del TLC, hasta lo que haya sucedido ayer, con los aranceles, los migrantes y el T-MEC en suspenso.

Gregorio Ortega Molina*

El modelo económico de desarrollo es la globalización, instalada incluso en China y Rusia. Imposible sustraerse a sus acciones y compromisos sin consecuencias graves. Las derrotas económicas crean más bajas que las bélicas. Alemania lo padeció como resultado del Tratado de Versalles, el resultado fue el nacional socialismo, los campos de concentración, el horror con la mano alzada para saludar al tío Adolfo y sus decisiones.

No recuerdo con exactitud en qué momento de mi estancia como jefe de información del Consejo de la Judicatura Federal, se debatió sobre la constitucionalidad, o no, de los acuerdos internacionales a los que México se había adherido, y, como derivación, a los que se sumaría desde entonces. La deducción fue simple: no observar un convenio, un acuerdo bilateral o multilateral, rompe la norma constitucional. Así de simple lo consideraron, después de largos y sinuosos debates, en el Poder Judicial de la Federación.

Lo anterior viene a cuento por lo que ocurre con los incumplimientos de la Reforma Energética y en el trato a los migrantes que invaden México por todos lados. Sin clasificación y sin concierto. Los habrá con característica de refugiados, otros llanamente ilegales, los más en tránsito en busca de su quimera: llegar a vivir la vida en Estados Unidos, y porque no saben lo que allá les espera.

En la inquina de los WASP’S los latinos desplazaron hace mucho a los negros, hoy juiciosamente identificados como afroamericanos, por aquello de lo políticamente correcto.

Leo, en alguna de las diversas y abundantes columnas políticas de El Universal, del desencanto de la embajadora Anne Grillo, representante de Francia en México, por el incumplimiento de los convenios internacionales firmados por el gobierno de México y la industria farmacéutica gala, para surtir a nuestro sistema de salud de medicamentos, y la molestia por la presencia de representantes de la India en las nuevas y regeneradas licitaciones.

De ahí que se apresuraran a “renegociar” los empréstitos de la banca internacional con Pemex, por una cantidad de ocho mil millones de dólares, para reordenar las condiciones de pago, entre ellas el alargamiento de los plazos. No se trató de obtener dinero fresco, sino simplemente de posponer el pago para asegurar puntos favorables con las calificadoras.

La globalización, entiéndanlo, implica cesión de soberanía, en todos los ámbitos, y a eso se han plegado nuestros gobernantes, desde 1993, cuando se estamparon las firmas del TLC, hasta lo que haya sucedido ayer, con los aranceles, los migrantes y el T-MEC en suspenso.

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A mano alzada

*¿Qué sería del presidente de todos los mexicanos sin la mafia del poder, sin los fifís, sin los empresarios voraces? Su interlocución con el México bueno y sabio resultaría imposible.

Gregorio Ortega Molina*

Gobernantes, barones del dinero, líderes sociales, todos, ven a los seres humanos con desprecio, les estorban, causan molestia, plantean exigencias. Para contenerlos retoman del pasado los símbolos y gestos que duermen voluntades y desestiman la inteligencia, hasta que ésta despierta y asusta con las reacciones inesperadas, o consideradas del pasado.

El anti-judaísmo está de regreso -más que el antisemitismo, el Estado de Israel suscita un odio mayor, un rencor vivo- como lo muestran las esvásticas en los cementerios donde debieran descansar en paz los hebreos. No olvidemos el bochornoso episodio del hijo de Diana y Carlos que conmocionó a los ingleses y a su   nobleza, al decidir disfrazarse de nazi para una fiesta estudiantil.

Pudiera suponerse que recurren a las antiguas voces de orden, a los símbolos aparentemente olvidados, o a los gestos que avergüenzan, porque desconocen la historia reciente, en el mejor de los casos, pero en el peor, proceden así con toda intención: imponer la voluntad del más fuerte, ya sea dentro del gobierno, la cofradía, la logia, la asociación religiosa, la banca o las lides sociales. El caso es mandar, sin importar las consecuencias.

La falange española se identificó con la mano alzada, lo mismo que los nazis y los fascistas italianos. Recomiendo vean la película El regreso de Mussolini, en la que se puede apreciar qué tan cerca están las sociedades contemporáneas de abrazarse a la extrema derecha, a la gesticulación de la mano alzada como un vínculo ante la hostilidad del poder. Es la seducción de la voz y el gesto para manipular conciencias, voluntades, elecciones. Nada hay que colabore más al ritual de la destrucción que vincularse en torno a un gesto, al de la mano alzada para dejarse penetrar por la sensación de que se pertenece al grupo. Es la contraseña entre quienes se consideran iguales.

En este tema de vejación en el que acepta la medianía para aplastar la grandeza, vale la pena retomar a Imre Kertész. En La última posada refiere… “la palanca de Arquímedes de nuestra identidad es, por lo visto, el otro. Su existencia es al mismo tiempo mi conciencia de mi identidad. Cuando falta el otro, no sólo la pérdida del amor y el duelo se adueñan de uno, sino también la inseguridad causada por la pérdida del rol. A veces la identidad común se revela como un falso estilo que de pronto contravenimos. Y entonces no restablecemos la verdad, sino que -eso sentimos al menos- cometemos traición. Uno pide disculpas sin cesar, por así decirlo: el duelo es la mala conciencia del superviviente”.

Preguntémonos con franqueza, ¿qué sería del presidente de todos los mexicanos sin la mafia del poder, sin los fifís, sin los empresarios voraces? Su interlocución con el México bueno y sabio resultaría imposible.

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¡Ay, Porfirio! ¿Desmontar un régimen?

*Olvidaron articular ideológica e históricamente cómo se proponen gobernar, pues el presidencialismo no da para más

Gregorio Ortega Molina*

Muñoz Ledo fue creador de instituciones útiles a la sociedad y al Estado; puntal discreto y en la sombra de las mejores causas ideológicas, como sucedió con la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, y el primer mexicano en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Sorprende ahora con su entrevista concedida a Proceso del 30 de junio último, en la que declara sobre la dificultad de desmontar un régimen, pero olvida que para hacerlo hay que tener concebidas, propuestas y estructuradas las instituciones con las cuales se sustituirá lo que se destruye, para sustituirlo ¿con qué?

Hoy olvidan la reforma del Estado, la propuesta de una cuarta República, porque si bien están empeñados en lograr una reingeniería social, saben o intuyen que la única manera de hacerlo es a la sombra del acedo caudillismo y al amparo de la presidencia imperial, en la idea de preservar la forma para que subsista el fondo de lo colocado para desplazar al proyecto de la Revolución. Es la perversidad de la permanencia del neoliberalismo más atroz, sólo rentable con el empobrecimiento de la mayoría.

Escribe Hannah Arendt en La condición humana que “nos enfrentamos con la perspectiva de una sociedad de trabajadores sin trabajo, es decir, sin la única actividad que les queda. Está claro que nada podría ser peor”. Ella tuvo perfectamente estudiadas las consecuencias de la automatización y robotización antes de que se vulgarizaran los términos y los procesos económicos así conocidos. Hoy nada las detiene, ni los programas sociales frenará el deterioro de los jóvenes y los que pagan el costo de la supuesta transición, sólo fincada en la caída del empleo. Creo en lo dicho por Zoé Robledo.

Porfirio Muñoz Ledo, que fue capaz de anticiparse y ver más allá del común de los mortales, ha perdido la capacidad de análisis, pues acertadamente lo apunta Manuel Cruz en la introducción al libro de la filósofa Arendt: “Nada hay más fuerte y más débil al mismo tiempo que el recién nacido. La natalidad funda simultáneamente la renovación y la contingencia radical”.

¿Para dónde hacernos, entonces? La propuesta de un nuevo régimen está inconclusa, está en situación neonatal, porque sustituye al que ya murió, pero sin origen ni concierto, como si hubieran olvidado articular ideológica e históricamente cómo se proponen gobernar, pues el presidencialismo no da para más.

Además, coincido con Jesús Reyes Heroles, gobernar es optar entre inconvenientes. No existe el modelo político químicamente puro.

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1994: Salinas-Colosio (¿?) V/V

*Es fácilmente demostrable que no es culpable de la muerte de su candidato presidencial, pero es cierto que es responsable porque no lo cuidó como era su obligación hacerlo.

Gregorio Ortega Molina*

Los problemas de Carlos Salinas de Gortari también son familiares. Las rivalidades establecidas con su hermano Raúl trascendieron a lo político, al escenario nacional y a la sucesión. El presidente de México siempre estuvo decidido a arrebatarle el mayorazgo en lo concerniente a la autoridad sobre los menores.

Algunas conversaciones hubo de sostener Marco Rascón con Carlos Salinas, o de plano le prestó el nombre, pues de otra manera no se comprende la “comprensión ficticia” de la complicada personalidad del creador de Solidaridad para sustituir al PRI. En toda la novela hay intención… justificación… y se convierte en un grito que implora por los brazos abiertos del México que lo aclamó, hasta que hubo de despojarse de la banda presidencial, y a lo peor un poco antes. Hay quienes todavía lo malquieren con perversa furia.

A punto de concluir, como un cierre en la relación con Raúl, el expresidente le dirige una carta fechada en Dublín. Tomamos lo que puede facilitarnos la comprensión del esfuerzo empeñado en hacer de 1994 un éxito.

 “Raúl: Así son pudo ser un nombre para estas memorias, que me sugirió don Julio Scherer, pensando en cómo han sido mis aduladores, pero creo que el rencor no puede estar por encima de la obra modernizadora y, por eso, estas memorias no merecen ese título…

 “El traidor de Córdoba Montoya ha dicho que no me debe nada; ¿ni la nacionalidad mexicana, ni el poder, ni la construcción del destino que ahora yo solo defiendo, frente al caos? La mía es una tarea solitaria que debo llevar hasta sus últimas consecuencias y contra la opinión y el poder que les queda a Roque, Zedillo, Hank y Córdoba…

 “Perdido el Congreso por el PRI, le he dicho a don Julio que se han abierto para mí las posibilidades del regreso.Solidaridad será ahora una fuerza actuante, viva, contemporánea…

 “Regreso gracias a que desde Dublín descubrí que yo era más un guía espiritual, un líder, un ordenador, que un simple gobernante con mandato limitado, aunque no niego que también fui lo segundo porque estoy también unido a la misión del sol para integrar al mundo…

 “Voy a regresar para que no nos convirtamos en la reencarnación de Manuel y Maximino Ávila Camacho, para que tú no acabes siendo olvidado por corrupto y a mi sombra; voy a regresar mejor para que las cosas vayan bien, no solo a nosotros, sino a ese país que tiene derecho a enfrentarse con su destino, mi destino”.

En esta última frase está la estatura histórica, moral, política de quien quiso llevarnos al Primer Mundo.

Es fácilmente demostrable que no es culpable de la muerte de su candidato presidencial, pero es cierto que es responsable porque no lo cuidó como era su obligación hacerlo.

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Salinas-Colosio (¿?) IV/V

*1994 y Memorias de un líder moderno no son inicio ni fin de lo que no tiene regreso. Sólo un esfuerzo desmedido de justificar la injustificable. La irresponsabilidad de descuidar el final de la historia.

Gregorio Ortega Molina*

El documental 1994 es un excelente trabajo periodístico y, al mismo tiempo, un fallido proyecto de imagen política. Carlos Salinas de Gortari no es rescatable para la historia.

Por el contrario, Memorias de un líder moderno no tiene desperdicio para los promotores del culto a la conspiración, ni para quienes se interesan en los motivos del fracaso del proyectado arribo al Primer Mundo para los mexicanos.

Marco Rascón no abrirá la boca, pero el cúmulo de detalles sobre los conspiradores para matar a Luis Donaldo Colosio, que en realidad desean destruir a Salinas, permite suponer que tuvo acceso a información que le facilita dar nombres; establece la operación de dos conspiraciones coordinadas, de las cuales tuvo conocimiento oportuno José María Córdoba Montoya. Identifica a la Red uno y la Red dos. Tiene la certeza de que el ubicuo Córdoba logra infiltrar la Red dos.

Describe con puntualidad la manera en que se ejecutó a Luis Donaldo Colosio, sostiene que el crimen empezó a urdirse a finales de 1991, debido al impacto creado por el gobierno salinista. Identifica al hombre que disparó a la cabeza del candidato del PRI como “El Negro” Martínez, y narra que después nada se sabe de él, porque lo sustituyen por Mario Aburto.

Creo que también es posible que Marco Rascón haya alquilado su nombre a la pluma de Salinas, y quien verdaderamente redactó la novela, al verla publicada se arrepintió y logró que la levantaran de los estantes de las librerías. Hay demasiada información oportuna para el momento político (1997), lo que obliga a suponer que el verdadero autor fue un hombre que concentró poder, y se negó a soltarlo.

Se han establecido diversas hipótesis sobre cómo y por qué fue necesaria la ejecución política del sonorense, pero poco se ha estudiado sobre la posibilidad de que el crimen fuese posible, gracias al desaliño con el que el presidente constitucional del momento, administró su último tramo de gobernanza. Considero que Carlos Salinas de Gortari fue absolutamente descuidado con la seguridad de su candidato, su sucesión, su futuro histórico, su imagen, que desde que Raúl, su hermano, fue detenido, se empeñó en componer.

Allí está la otra vertiente no estudiada de esta tragedia mexicana: la relación fraterna, política y de imagen que sostuvieron Carlos y Raúl, por sobre todas las consideraciones, incluso por encima de la prevención paterna.

1994 y Memorias de un líder moderno no son inicio ni fin de lo que no tiene regreso. Sólo un esfuerzo desmedido de justificar la injustificable. La irresponsabilidad de descuidar el final de la HISTORIA.

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@OrtegaGregorio

1994: Salinas-Colosio (¿?) II/V

*Si carecemos de la verdad, es imposible vivir libres. Mienten, porque no quieren que los conozcamos, porque saben que hicieron y hacen daño, y fueron y son irresponsables.

Gregorio Ortega Molina*

La narrativa del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, la del acceso al Primer Mundo, está inconclusa, la truncó el protagonista al negarse a comprender que el poder nunca resuelve el estado anímico de quien lo detenta. Resultó víctima de la nostalgia, porque se resistió a dejar de ser el centro de su mundo.

Él mismo dio la espalda a su propio proyecto, porque de ninguna manera quiso irse. Tuvo celos de su hermano Raúl, pero sobre todo sufrió la envidia de su propio hijo político, no soportó que Luis Donaldo Colosio fuera el nuevo sol. Fue irresponsable al descuidar su propia sucesión, porque se negó, hasta la muerte de su amigo, a entregar el poder de la presidencia imperial.

Marco Rascón redacta, a nombre de Carlos -o se presta para firmarlo él y ocultar la identidad del verdadero autor-, una carta a Raúl. (luego hablaremos sobre la verdad). Está fechada en Monterrey el 2 de marzo de 1995. ¿Serán ciertos los sentimientos y frustraciones mostrados en ella? ¿Quién lo sabe? Sólo Carlos. Se dirige a su hermano mayor. Parece la pluma de quien tuvo todo el poder.

“Te escribo desde casa de doña Rosa, pues lo que ha hecho Ernesto no tiene nombre y ahora estamos en guerra. Seguramente se lo aconsejaron entre el intrigante de Hank y López Portillo, el teórico de la nostalgia, defensor de la ley de los viejos caudillos sexenales, del chocar para estabilizar. Esta venganza es una réplica de lo que hicimos con La Quina y Legorreta aquel verano del 89…

“Basta simplemente que comparen entre yo y Ernesto para que, en poco tiempo, miles se levanten para recibirnos, para pedirnos el regreso. No tengo dudas, hermano, de que esta pesadilla es sólo la expresión de la miseria humana que arrastramos, cuando alguien como yo atrae el éxito y lo convierte, para millones, en algo posible y cotidiano”.

Aquí es oportuno evocar esa entrevista que Lolita Ayala hace a Cecilia Salinas en Los Pinos, momentos antes de que la familia en pleno se traslade a la Cámara de Diputados para escuchar el V Informe de Gobierno.

– ¿Qué es lo que más te gusta de este día?

-Ver cómo mi padre regala a los mexicanos.

Pareciera que la verdad es una percepción, una imagen, y no un absoluto, como el tiempo. El término es comprobable, de lo contrario rebasa las limitaciones del entendimiento humano y alcanza los niveles de la fe.

Novelistas, poetas, políticos, han deformado y transformado la pureza de la acepción de esa palabra unívoca: VERDAD.

En la biografía que Stefan Zweig escribe de Montaigne, está otra aportación a la percepción de la verdad: “Sólo aquel que tiene que vivir en su alma estremecida una época que, con la guerra, la violencia y las ideologías tiránicas, amenaza la vida del individuo y, en esta vida, su más preciosa esencia, la libertad…”.

Si carecemos de la verdad, es imposible vivir libres. Mienten, porque no quieren que los conozcamos, porque saben que hicieron y hacen daño, y fueron y son irresponsables.

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Salinas-Colosio (¿?) I/V

*Esta novela es la narración que un lector con mediano conocimiento de la historia política de México no quiere soltar, sino hasta concluir la lectura; en esas memorias las palabras dicen más, cada una de ellas, que mil imágenes.

Gregorio Ortega Molina*

¿Una imagen dice más que mil palabras? Es cierto, pero también oculta más, disfraza, engaña, distorsiona. Es lo que ocurre con el documental 1994, en el que la voz cantante es Carlos Salinas de Gortari; los otros son comparsas en un esfuerzo por justificar lo que a todas luces es inexplicable.

Se hicieron intentos por aclarar lo ocurrido durante ese crucial año electoral. Fue la segunda etapa en el proceso de desestructuración del PRI, con la idea de imponer, a través de la violencia, la ausencia de Estado y la compartición -con los empresarios- irreflexiva del poder, un modelo político que no han acertado a conceptuar, mucho menos a proponer. Todavía creen que el neoliberalismo lo resuelve todo. Se estacionaron en una precaria alternancia, que actualmente favorece la ominosa sombra de la dictadura.

Lo primero que hicieron fue ocultar las pistas, los vestigios, los rastros que propicien la duda, para impedir aproximarse a la verdad. Hay novelas que desaparecen de los estantes de las librerías. ¿Dónde quedaron los 4 mil ejemplares de Memorias de un líder moderno, editado por Grijalbo e impreso en 1997? La narración de Marco Rascón resultó irritante para algunos o todos sus protagonistas. Allí están los nombres de la tragedia, las hipótesis, la voz de una autocrítica casi maoísta, que parece surgida de una pesadilla, no creo que de algún arrepentimiento tardío.

Dice el epígrafe de Fernando Pessoa colocado en la portada, con toda intención, debajo del título y al lado izquierdo de la imagen de Carlos Salinas de Gortari: Porque yo soy del tamaño de lo que veo y no del tamaño de mi estatura. ¿Era necesario?

En la página 11 están las Advertencias de Marco Rascón. Son un mensaje y un desafío. También, quizá, un titubeo ante el compromiso adquirido con el propio Salinas. “En México se muere por cambiarse el rostro.

 “Las mentiras también sirven para conocer la verdad. Las blasfemias mezcladas con las virtudes hacen una verdad a medias, es decir, un discurso. Este relato es una historia verdadera hecha con medias mentiras y falsas verdades. Dicho de otra manera, cualquier diferencia de esta historia con la ficción es un simple matiz, porque la realidad se novela sola.

 “Aquí no hay defectos, sólo distinciones, porque de la multiplicación de lo negativo, nace lo positivo. De lo malo, nace lo bueno y si está bien todo, es porque se pone mal.

 “Todos tenemos piadosa atracción por los caídos, no importando su perversión: de lástima también está hecha la corteza de la naturaleza humana.

 “No es principio ni fin, es sólo la intrascendencia de un hombre herido por el poder. Es simplemente un país atrapado por los mitos geniales y los astros”.

Después la narración, que un lector con mediano conocimiento de la historia política de México no quiere soltar sino hasta concluir la lectura; en esas memorias las palabras dicen más, cada una de ellas, que mil imágenes.

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