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Pulso Político
Puyazo
Descalifica lo que
le desagrada

Gregorio Ortega Molina

Punto final

*El olvido de la reforma del Estado, la posposición, hasta la eternidad, de la IV República, un nuevo régimen. Sólo cambiando se puede sancionar; para permanecer igual y fiel a los principios que han determinado el ejercicio del poder y permeado las instituciones de la República, es necesaria una complicidad con el pasado.

Gregorio Ortega Molina*

En política perdonar es abrir las puertas a la traición. Se establecen, o no, acuerdos. Los Césares lo manifestaron con el índice hacia arriba, y si el estado de ánimo no era suficiente para otorgarlo, hacia abajo; los crímenes políticos existen para no recordar el olvido ofertado, el acuerdo logrado. El perdón, si no es para asuntos del espíritu y del alma, de la razón y de la necesidad de vivir en paz, se revierte, llega a matar.

Además, la oferta de un punto final parte de un supuesto erróneo, de esa idea absurda de que la corrupción es exclusivamente económica. Otros hechos, otras actitudes, otras decisiones; las traiciones causan mayores estragos que el dinero cambiando de manos. Corromper la toma de decisiones, pervertirla sin que haya beneficio económico inmediato de por medio, ha puesto a México en el estado de indefensión en que se encuentra, ante las pretensiones de los organismos financieros internacionales y la actitud de Donaldo Trump.

En religión el perdón solicitado requiere que el arrepentimiento sea sincero y se pase por una penitencia; en política es de a gratis. Traicionas, te corrompes, y te vas con impunidad garantizada.

Raymond Chandler, en El largo adiós, endereza una filípica moral a su personaje, Marlowe.

“-Usted se siente como un actor que tiene que representar su gran escena -dijo fríamente-. Aferrarse a sus derechos, hablar de la ley, etcétera. ¿Cómo puede un hombre ser tan ingenuo, Marlowe? Un hombre como usted, que se supone que debe conocer el mundo que lo rodea. La ley no es la justicia. Es un mecanismo muy imperfecto. Si usted aprieta exactamente los resortes justos, y además tiene suerte, es posible que al final se haga justicia. La ley no ha intentado ser nunca otra cosa que un mecanismo. Veo que usted no quiere ayuda…”.

¿Qué determinó el punto final? El olvido de la reforma del Estado, la posposición, hasta la eternidad, de la IV República, el nuevo régimen. Sólo cambiando se puede sancionar; para permanecer igual y fiel a los principios que han determinado el ejercicio del poder y permeado las instituciones de la República, es necesaria una complicidad con el pasado, un puente de garantías que resuelven el tránsito al olvido después de haber querido ser todo, y quedar convertido en nada, en don nadie.

Pregunten a EPN, a Felipe Calderón, a Vicente Fox, a Ernesto Zedillo, a Carlos Salinas de Gortari. Tranquilidad económica, sí, dimensión histórica, no.

¿Cambio de régimen político?

*El presidente Andrés Manuel López Obrador logró hacerse con el Congreso, con 20 congresos locales y, es obvio, el Ejecutivo, pero lo más importante, la voluntad popular. ¿Puede ésta convertirse en correa de transmisión del poder, para restaurar el esplendor y la fuerza de la Presidencia de la República?

Gregorio Ortega Molina*

Algunos o muchos traen cruzados los cables. Temí ser yo, por lo que recurrí al Diccionario de política que debemos a Norberto Bobbio y Nicola Matteucci, donde la entrada a régimen político indica: “(Es) el conjunto de las instituciones que regulan la lucha por el poder y el ejercicio del poder y de los valores que animan la vida de tales instituciones”.

¿Estamos ante un cambio de régimen, o éste continúa con sustitución electoral de un gobierno por otro?

Volvamos al Diccionario: “Las instituciones por un lado constituyen la estructura organizativa del poder político, que selecciona a la clase dirigente y asigna a los diversos individuos comprometidos en la lucha política su papel. Por otro lado las instituciones son normas y procedimientos que garantizan la repetición constante de determinados comportamientos…”.

Si revisamos la historia de las instituciones políticas que dan sustento al Estado, podrá constatarse que el andamiaje jurídico y administrativo de México permanece fiel a lo que se construyó para alentar el triunfo de la Revolución, cuya historia cívica cesó con el advenimiento del neoliberalismo como compromiso ideológico, económico y político. Modificaron el proyecto, quizá parte del marco legal, pero nunca el institucional. El régimen permanece.

De ahí la distorsión en el desarrollo de México. Transitar de uno a otro modelo requería de un cambio de régimen que no se dio, o fueron incapaces de instrumentar.

Ahora el presidente constitucional aspira a la restauración del modelo presidencialista, y le pregunta obligada es ¿se puede? Carlos Salinas de Gortari dedicó 12 años a la desestructuración de la Presidencia de la República y del andamiaje que le daba sustento y consolidaba su poder: el PRI con sus sectores y los activos del Estado. Para un éxito completo debió transitar hacia al presidencialismo parlamentario y, así, efectuar un cambio de régimen.

Hoy el modelo político que determina la vida institucional de México es un híbrido. El presidente Andrés Manuel López Obrador logró hacerse con el Congreso, con 20 congresos locales y, es obvio, el Ejecutivo, pero lo más importante, la voluntad popular. ¿Puede ésta convertirse en correa de transmisión del poder, para restaurar el esplendor y la fuerza de la Presidencia de la República? A ello dedicarán gran empeño.

Lo que presenciamos no es un cambio de régimen, sino el intento de consolidación del régimen de siempre, sólo que sin los instrumentos de poder necesarios. Pienso que la opción de la reforma del Estado y fundar la IV República era la adecuada… era. Insisten en Luis XVIII.

Reconciliación con las FFAA

*Imposible permanecer agarrado del chongo con los militares; por el momento son la garantía institucional de la Presidencia de la República, para evitar ser avasallada por el meta poder de los barones de la droga.

Gregorio Ortega Molina*

Lo que sucede en México desde que los gobernantes decidieron sustraer de su responsabilidad a los civiles, encargar la procuración de justicia y la prevención del crimen a los militares, al asignarles una función policiaca, es el debilitamiento de la institucionalidad y el impulso de la mentira metódica para intentar justificar la injustificable.

La Ley de Seguridad Interior fue desechada por la SCJN el mismo día, a horas de diferencia, que AMLO descubrió que la cuadratura del círculo en seguridad pública es una Guardia Nacional, integrada principalmente por militares: los miembros del extinto EMP, la Policía Militar, la Policía Federal y un número indeterminado de nuevos elementos convocados, hasta completar 50 mil.

En algún momento del interregno entre el triunfo electoral y la toma del poder, al presidente constitucional de México le fue revelada la neta: imposible permanece agarrado del chongo con los militares, por el momento son la garantía institucional de la Presidencia de la República, para evitar ser avasallada por el meta poder de los barones de la droga. Ahora sabe bien que hay partes del territorio nacional donde el Ejército ni la Marina entran. Allí los señores son otros.

Traen la idea de restaurar una presidencia fuerte, y creen que con el control del Congreso, con el proyecto de reconstruir los sindicatos y desaparecer el outsourcing, así como poner un estate quieto a los barones del dinero y otros poderes fácticos, dejará de compartir lo que no se compartía cuando el Estado fue poseedor de activos económicos, con los que podía impulsar creación de empleos o sustituir a los inversionistas. Hoy sólo tiene los activos fiscales y el dinero negro de la economía informal y la delincuencia.

De allí que resulte prudente recordar las siguientes ideas de Juan José Saer: “La nación, tal como existe en la actualidad, es una construcción ficticia del Estado. Es su proyección fantástica. El Estado elabora una idea de nación, la que es útil para sus fines, y se confunde con ella. El Estado, por otra parte, es siempre el reflejo de una o dos clases que gobiernan… Como en el seno de toda comunidad los intereses de los diversos grupos que la componen divergen, y a menudo violentamente, podemos considerar la idea de nación como una abstracción encubridora destinada a escamotear esos conflictos”.

La Guardia Nacional estará al servicio del Estado, del gobierno, y ¿quién sabe si de los mexicanos? Pero todo sea por la Cuarta Transformación, ¿o no?

¿Cómo justificará legalmente Texcoco?

*Como el nombramiento de Paco Ignacio Taibo II, ¿Santa Lucía va?

Gregorio Ortega Molina*

Puede deducirse que el gabinete del nuevo gobierno no es compacto. Desde antes de su inicio hay disensiones, o al menos puntos de vista distintos que ensombrecen el futuro y propician errores en el principal responsable de la IV transformación, del segundo intento, al hilo, para restaurar al presidencialismo emanado de la Revolución, hace décadas muerta, y enterrada.

Apenas el sábado nos refrendaron que Santa Lucía, en sustitución del AICM proyectado en Texcoco, va. Ahora es necesario oficializar la decisión, darle juridicidad y emitir un documento que dé por concluidos los contratos firmados durante el gobierno de EPN. Quizá corresponda a Javier Jiménez Espriú redactarlo y firmarlo -después de negociadas las condiciones económicas de la recisión del contrato-, con los argumentos técnicos, jurídicos y económicos claros y suficientes para dejar tranquilos a los contratistas y dar a los gobernados la certidumbre de que se tomó la decisión adecuada.

Alfonso Romo Garza y Javier Jiménez Espriú saben, al menos desde el 18 de octubre, si no es que desde noviembre de 2015 y después el 15 de agosto de 2018, que hay más inconvenientes en Santa Lucía y que, aparentemente, se los ocultaron a Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, por razones inexplicables, o por temor.

Son tres los puntos que MITRE considera en su análisis, para meditar con seriedad sobre la conveniencia o no de realizar la mancuerna aeronáutica entre el actual aeropuerto y Santa Lucía.

1.- El plan no ha sido estudiado completamente;

2.- El plan, en cuanto a su capacidad operacional es, en el mejor caso, a cortísimo plazo. No es aconsejable anunciar las capacidades, incluso como relativamente probables, antes de los estudios de espacio aéreo y la creación de procedimientos de despegue y aterrizaje, y

3.- El plan es complejo e incierto para una sola pista comercial operando en Santa Lucía, y ahora se habla de operar dualmente dos pistas separadas por un kilómetro y medio. Los riesgos son claros y presentes, por el ruido, la necesidad de comprar y expropiar tierras para extender la longitud de las pistas, pues ahora la operación de Santa Lucía es visual.

No son apreciaciones mías, proceden de un Memorándum del doctor Bernard Lisker, director internacional e ingeniero principal senior de MITRE, dirigido a Gerardo Ruiz Esparza, con copia a Alfonso Romo y Javier Jiménez Espriú.

Pero, como el nombramiento de Paco Ignacio Taibo II, Santa Lucía va.

Adiós a la IV República

*En cadena nacional nos hicieron presenciar las exequias de la transición. No habrá IV República, sí un intento por restaurar el presidencialismo

Gregorio Ortega Molina*

Andrés Manuel López Obrador, ahora presidente constitucional de la nación, nada aprendió de su predecesor. Insiste en que el camino es la restauración, aunque después de seis años el índice de aprobación de EPN es vergonzoso. La piedra de toque de la corrupción, con impunidad garantizada, es el modelo político: un presidencialismo desgastado, sin instrumentos políticos para operar.

Que la Constitución y las leyes sean garantía de la viabilidad y operación del modelo político, de ninguna manera significa que las correas de transmisión del poder continúen operando como cuando Gustavo Díaz Ordaz transitó su sexenio, o Carlos Salinas de Gortari inicio el proceso de desestructuración de ese presidencialismo que todos temen, pero en el fondo ya nadie respeta, tampoco admiran ni añoran, sólo el señor Presidente.

¿De veras las visitas del pueblo bueno y sabio a Los Pinos significan algo más que una alternancia y un deseo fallido de acabar con el modelo presidencialista?

Sólo es preciso que recordemos cuántas veces se mencionó la IV República durante el mensaje en la tribuna de la soberanía del Congreso de la Unión, frente a las ocasiones en que se refirió a la IV transformación o la regeneración nacional. No nos engañemos, son los escenarios de los Recuerdos del porvenir, en un intento porque todo sea como fue, como ha sido y como será.

Otro vez los mexicanos permanecerán acotados por la alternancia, porque de la transición, nada, de cambios, reformas y modificaciones en el modelo político apenas las promesas; todo permanecerá, porque nadie hay que adquiera la dimensión de estadista para llevarnos, en serio, al cambio que los políticos predican, pero no quieren, le temen, porque la transición significa una auténtica rendición de cuentas, la cancelación absoluta a las posibilidades de la corrupción, aunque caminos parta implementarla siempre los encontrarán.

¿Cuáles son los secretos que, conformen avanzan en sus pretensiones, transmiten y/o heredan a los aspirantes al poder, para que llegado el momento de las decisiones la transición, la reforma del Estado se posponga, para que todo permanezca, sea como fue y debe ser?

En cadena nacional dice aspirar al entierro del neoliberalismo, lo que no necesariamente significará el renacimiento de México, como él lo señaló en San Lázaro. El cambio de modelo económico, para que sea exitoso, requiere de la transformación total del modelo político, de oficiar las exequias del presidencialismo surgido de la Revolución; sustituirlo por el presidencialismo parlamentario. Pero le sacan.

El príncipe, Salinas, AMLO IV/IV

*Supongo que AMLO, ante el Congreso, se abrirá de capa y propondrá ir por la restauración, sin considerar la veleidad de los electores y la lealtad, o no, de su fuerza política

Gregorio Ortega Molina

Conducir a los mexicanos a la regeneración nacional y la tierra prometida de una IV República, resultará más complicado que el tránsito de los judíos por el desierto durante 40 años. 120 millones de habitantes no se gobiernan de la misma manera que lo hicieron con los 35 millones durante 1968.

La respuesta a las promesas incumplidas, al hambre y la inseguridad no sucederá en la Plaza de las Tres Culturas. Tomarán las calles en las ciudades y gritarán fuerte. La decisión sobre el NAICM permitió a AMLO afianzarse a la silla del águila, pero también abrió la puerta a sus electores para que el reclamo suba de decibeles, en caso de ser necesario. Así lo exige el necesario corrimiento de los factores de poder, para asegurar la restauración. La incivilidad puede llamar a la puerta, para eso necesitan la Guardia Nacional, para reprimirla.

Mañana debe iniciar la regeneración nacional, el discurso de toma de posesión, el mensaje político ha de ser la piedra angular para la fundación de la IV República y la reforma del Estado, o el anticipo de los recuerdos del porvenir, que diría Elena Garro.

El tiempo de Carlos Salinas lo colocó de espaldas a la pared. Su legitimidad debió negociarse. AMLO recorre las amplias avenidas del desbordado y legítimo apoyo popular anticipado en las urnas, lo que venga del 1° de diciembre en adelante ha de contar con la anuencia del México bueno, con la voluntad de sus electores, para facilitarle el gobierno.

Todo dependerá de sus decisiones y la manera en que aspire a instrumentarlas. Las palabras por él elegidas, el lenguaje corporal, las verdades a medias o las completas, nada escapará a la sociedad.

Otra vez Luis A. Arocena: “Si la virtú es la fuerza viviente del hombre, la que crea y conserva los Estados confiriéndoles su sentido de eficacia, la necessitá es la constricción causal, el instrumento apto para plasmar la masa inerte en la forma querida por  aquélla.

 “Las advertencias de Maquiavelo sobre las condiciones que deben prevalecer para que la acción voluntariosa fructifique eficazmente, no sólo van destinadas al hombre político, cuyo sentido de la realidad y acomodamiento a ella se preceptúa como inexcusable, sino también al estudioso de los problemas de la política, el cual jamás alcanzará cosa que valga la pena si, en vez de especular sobre lo que debe ser, no ajusta sus observaciones a lo que realmente es y ocurre”. El riesgo para esos observadores es que los tilden de fifís.

Supongo que AMLO, ante el Congreso, se abrirá de capa y propondrá ir por la restauración, sin considerar la veleidad de los electores y la lealtad, o no, de su fuerza política.

Observación: A la banda presidencial hay que verla como a la bandera. Vertical y de izquierda a derecha; inclinada ofrece otro orden y otra perspectiva. Transitamos del águila mocha de Fox, al reordenamiento de los colores de AMLO. ¿Es buen augurio?

El príncipe, Salinas, AMLO III/IV

*AMLO y Salinas, ambos, tuvieron y tienen la certeza de saberlo todo y de tenerlo todo permitido; en el caso salinista hasta que la traición irrumpió en el escenario. ¿Qué ocurrirá en el gobierno que inicia?

Gregorio Ortega Molina*

La admonición salinista amparada en la figura y el coloquio sobre Nicolás de Maquiavelo quedó fuera de lugar y tono, porque avisa que a AMLO puede sucederle, ya, lo que a su gobierno le ocurrió desde el primer minuto de 1994. Su proyecto se cayó, quedó como un inicio sin continuación.

Entre lo empezado por él y las reformas estructurales del peñato, México vivió un impasse de 18 años en el impulso al neoliberalismo, un retroceso en seguridad pública y geoestrategia conjunta con Estados Unidos, un caos en el modelo político de gobierno, con una advertencia internacional sobre el Estado fallido, y un ensanchamiento entre pobres y ricos sin parangón en el periodo posrevolucionario.

Hoy, a pesar del TLC, de las reformas efectuadas, del esfuerzo por disminuir las asimetrías con Canadá y Estados Unidos, y debido a la globalización y al proyecto de integrar al país al bloque de América del Norte, México es peligrosamente dependiente, por más que deseen vendernos la idea de interdependencia globalizadora.

Además, el país es escenario de un conflicto armado internacional originado en el pleito por el control del dinero negro de la delincuencia organizada, notoriamente el de los barones de la droga. Aquí se vive con el Jesús en la boca.

Este escenario, sumado a la presencia del tiempo real, establece distancias entre el salinato y el gobierno que inicia el próximo sábado. ¿Cómo resolverá la contingencia AMLO?

Luis A. Arocena nos indica: “Maquiavelo se propuso indagar la verdadera naturaleza de la política, descubrir en la intimidad de sus fenómenos los resortes determinantes de la acción. Apartándose de las socorridas especulaciones sobre lo que deben ser los medios y los fines de la vida política, quiso atenerse a la lección de los hechos”.

¿Por qué no los consideró Carlos Salinas durante su último año de gobierno? ¿Por qué no ha querido hacerlo AMLO durante el periodo de transición? No hay respuesta inteligible, o que resulte en especulación.

Regresemos a Arocena: “Virtuosos son, para Maquiavelo, aquellos hombres que como el Horacio de Shakespeare, ‘no consienten que los dedos de la Fortuna, cual en una flauta, toquen en ellos caprichoso son’; aquellos cuya voluntad empeñosa se ve asistida por otras cualidades eficaces que prometen asegurar el logro de lo que se quiere; hombres en los que a la fortaleza de ánimo se suma una clara inteligencia para calcular los recursos a empeñarse en la acción, un vivo sentido de la realidad, un rápido entendimiento de lo que cada circunstancia concede o autoriza, decisión para los recursos heroicos y, además, capacidad para disimular el juego y soltura para desprenderse de los escrúpulos de la moralidad corriente…”.

AMLO y Salinas tuvieron y tienen la certeza de saberlo todo y de tenerlo todo permitido; en el primer caso hasta que la traición irrumpió en el escenario. ¿Qué ocurrirá en el gobierno que inicia?

El príncipe, Salinas, AMLO II/IV

*Hay decisiones que conciernen a la vida… y a la muerte; éstas son las que transforman el carácter del gobernante, para bien y para mal, cuando se trata de servir a la sociedad y nunca servirse de ella.

Gregorio Ortega Molina*

Carlos Salinas de Gortari supo lo que debió hacer para que los mexicanos fuésemos diferentes -cambiamos, se ha vuelto un país de cínicos- y nos encamináramos a paso de vencedores al Primer Mundo ofertado por él, pero no lo hizo.

¿Lo tuvo claro? Naturalmente, lo demuestra Fernando Solana Olivares en su libro El laberinto de cristal. ¿Por qué no emprendió esa tarea? ¿Qué lo contuvo? ¿Incapacidad para articular un proyecto ideológico que sustituyera a un programa económico? Sólo él sabe la respuesta, pero lo cierto es que se dirigió sin titubeos a su suicidio político. Conserva el poder que le confiere una inmensa fortuna, pero dista mucho de influir en el ser del mexicano, aunque tuvo cerca a los que pudieron, con ingenio y sagacidad, construir ese andamiaje conceptual para inocularlo en sus gobernados.

En cuanto a AMLO, él mismo estableció sus límites: “soy líder de un movimiento social”. Lo ha reiterado en innumerables ocasiones. Pero, ¿dónde la articulación de un proyecto ideológico que sea sustento para fundar la IV República? La ambición es legítima, tanto como esa idea sobre la restauración que acaricia, con más fruición y empeño que la reforma del Estado y el desarrollo conceptual y programático de lo que debe ser la regeneración nacional.

Es Luis A. Arocena quien nos da la clave de las carencias de nuestros gobernantes: “Para Maquiavelo, con todo, resulta evidente que no es sólo el ímpetu o fuerza de voluntad lo que puede asegurar la eficacia de la acción del hombre en la historia. Él suele emplear la palabra virtú para indicar todo aquel complejo de aptitudes que permiten a ciertos hombres destacarse sobre la mediocridad general e imponer a las cosas el rumbo por ellos decidido. La virtú maquiavélica nada tiene que ver, desde luego, con la virtud cristiana, y sólo algo con las implicaciones del concepto clásico. No se trata aquí de mera fortaleza de ánimo, ni de capacidad para vivir conforme a determinados principios morales, ni puede definírsele como lo contrario”.

Servir al Estado exige tanto o más que obedecer los preceptos religiosos o subordinarse a la fe en la deidad. Demanda una enorme y pesada flexibilidad en la conciencia y en la moral, que va más allá de la justificación católica con el término guerra justa.

Hay decisiones que conciernen a la vida… y a la muerte, y éstas son las que transforman el carácter del gobernante, para bien y para mal, cuando se trata de servir a la sociedad y nunca servirse de ella.

El príncipe, Salinas, AMLO I/IV

*Hay menor distancia entre la concepción del mundo que manifiesta Maquiavelo en su obra y el destino que Carlos Salinas se labró a pulso, que la que separa a éste de AMLO. La diferencia es el tiempo real como instrumento de poder

Gregorio Ortega Molina*

¿Es la naturaleza del poder fiel a ella misma, o se modifica y distorsiona de acuerdo a la época, las circunstancias, los instrumentos y al carácter de quien se hace con él? ¿Debe El príncipe determinar conductas hoy, como lo hizo durante los gobiernos de las monarquías europeas?

Supongo que en alguna medida determinante, el carácter del político, del príncipe contemporáneo, se modifica por las circunstancias y los instrumentos con los que cuenta para hacerse con el poder, primero, para gobernar, después. La velocidad con la que se accede a los sucesos del momento modifica la percepción del tiempo, que es una constante inmodificable, es absoluta. La cibernética transformó radicalmente los hábitos del comportamiento humano, sustancialmente las de aquellos que han de tomar decisiones que atañen al control y las libertades a las que se ha de constreñir o gozar la sociedad.

Tener conocimiento en tiempo real de un suceso que afecta lo mismo al pueblo bueno y sabio que a los fifís, al gobierno y al destino del príncipe y sus aspiraciones y proyectos, requiere de una respuesta en la que la experiencia es dueña de la situación, pues supera los segundos, los minutos requerido para la reflexión y/o la consulta con los asesores, la conciencia y la divinidad.

Una vez que se entra en las lides políticas, que se arriesga el futuro personal y del grupo o camarilla que se encabeza, de inmediato se pierden privacidad, intimidad y tiempo para meditar, debido a la distorsión formulada a través de esas ingenuas exigencias de transparencia, porque nadie sabe, nadie conoce lo que el príncipe medita, determina y decide. Por ello se habla de la soledad del poder. La única posibilidad de eludir la traición, es oficiarlo a solas, pues la responsabilidad histórica es de uno, o de unos cuantos, de acuerdo al modelo político: presidencial o parlamentario.

Mi padre puso en mis manos una edición de El príncipe de la Universidad de Puerto Rico, del año de 1955. En ella hay un estudio preliminar vigente. Allí nos despierta Luis A. Arocena con sus anotaciones: “… la técnica y propuesta recomendada por Maquiavelo supone todo un sistema de ideas sobre la índole de la actividad en que su metodología ha de operar con eficacia; en el arte de gobierno que El Príncipe preceptúa se da implícita una teoría de la política y un entendimiento de cómo ella debe ser indagada y formulada. Y ocurre, además, que el método con que Maquiavelo se aplica al estudio de la política, y las ideas que sobre ella sostuvo, presuponen a su vez una concepción del mundo, del hombre y de la vida que las sustentan y justifican”.

Hay menor distancia entre la concepción del mundo que manifiesta Maquiavelo en su obra y el destino que Carlos Salinas se labró a pulso, que la que separa a éste de AMLO. La diferencia es el tiempo real como instrumento de poder.

Conquistar la voluntad popular

*El camino es ancho: al pueblo bueno y sabio la marihuana medicinal y la mota recreativa, a los cuates los contratos. La regeneración nacional empezó con el pie izquierdo; me pregunto si querrán corregir.

Gregorio Ortega Molina*

Las rutas al poder nunca son rectas. Transforman a quienes las siguen y modifican las relaciones con los subordinados. Las reglas del juego quedan establecidas por el líder, el guía, y para él son inequívocas. Te alineas o te alineas. Lo que se revierte, AMLO se convertirá en rehén de la voluntad popular.

Consolidarse en la cúspide requiere de concesiones verticales y horizontales. Algunas son negociadas, otras son arrancadas, no de mala manera ni groseramente, ni siquiera como una exigencia, sino porque el terreno social donde se han de conceder es agreste o poco propicio, o porque a quien se beneficia de una u otra manera, es ya un factor de poder, o se requiere convertirlo en sustituto de uno o varios de los grupos de poder a los que se desplaza.

En un movimiento social sin sectores que articulen su organización, lo que ha de conquistarse para mostrar públicamente la fuerza del poder acumulado, es la voluntad popular, aglutinada en liderazgos locales y preterida hace más de 50 años en beneficio de los factores de poder real. .

Se esforzaron por articular una nueva organización del modelo político, desestructurado para abrir espacios de poder al neoliberalismo como modelo de desarrollo, pero la partidocracia se apoltronó en medio de su desbordada corrupción. En un esfuerzo por restablecer lo que fue conocido como el peculiar presidencialismo mexicano, ahora se empeñan en sustituir a los partidos por una heterogénea voluntad popular, sin cuadros ni directrices, a la buena de Dios y sólo sustentada en concesiones, lo que debilita al poder, porque conceder equivale a compartir, sobre todo en el punto en que se encuentran: reforma del Estado y transición, ya, o la restauración del viejo modelo político que nos colocó donde estamos.

En vista del resultado de la decisión de transferir el aeropuerto de la Ciudad de México a Santa Lucía -más la previsible anuencia a todo lo solicitado en la segunda consulta-, y de los costos económicos y sociales que repercutirán durante todo el sexenio que todavía no se inicia, se vislumbra el camino que han de seguir para continuar en la testarudez de ser un presidente como los de antes, con el poder casi omnímodo, pero de ninguna manera total. Sólo José Stalin y Adolfo Hitler llegaron a esos niveles durante el siglo XX. Papa Doc ni Tachito Somoza supieron igualarlos.

El camino es ancho: al pueblo bueno y sabio la marihuana medicinal y la mota recreativa, a los cuates los contratos. La regeneración nacional empezó con el pie izquierdo; me pregunto si querrán corregir.

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