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Pulso Político
Puyazo
Con cumplir
es suficiente

José Dávalos

Trabajadores domésticos

 

José Dávalos*

El trabajo de los domésticos, mujeres y hombres, está previsto en un capítulo de la Ley Federal del Trabajo. Para la protección laboral de estos trabajadores lo que hace falta es cumplir lo que dispone la Ley. Para la incorporación automática de los domésticos al IMSS está por concluirse el acuerdo del Instituto con las reformas legales que se propondrán al Congreso de la Unión.

 

Los trabajadores domésticos que habitan en el hogar donde prestan sus servicios deben disfrutar de un descanso mínimo diario nocturno de nueve horas consecutivas, además de un descanso mínimo diario de tres horas entre las actividades matutinas y vespertinas.

 

Estos trabajadores tienen derecho a un descanso semanal de día y medio ininterrumpido, que se procurará que sea en sábado y domingo. Puede acordarse la acumulación de los medios días cada dos semanas, pero tendrán que disfrutar  de un día completo de descanso cada semana.

 

Un trabajador doméstico, por ejemplo, percibe un salario diario en efectivo de doscientos pesos, además los alimentos y la habitación. Los alimentos y la habitación son equivalentes al 50% del salario que se paga en efectivo. Es decir, ese trabajador recibe 300 pesos diariamente; dos tercios de esos 300 pesos es el efectivo y un tercio lo constituyen los alimentos y la habitación.

 

En diciembre del año anterior la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió que es inconstitucional y discriminatorio que los patrones de los empleados domésticos no estén obligados a inscribirlos ante el IMSS.

 

Esa resolución dispone que en el primer semestre de 2019 el Instituto debe elaborar un programa que tenga como fin incorporar al IMSS a los trabajadores del hogar. Este programa, así lo informó el director del Instituto, dará inicio el 31 de marzo de este año y en un plazo no mayor a dieciocho meses el propio IMSS propondrá al Congreso las reformas legales necesarias.

 

Dos millones y medio de trabajadores domésticos, mujeres y hombres, tienen hambre y sed de justicia. La Ley Federal del Trabajo tiene normas que si se aplican satisfarán a los trabajadores. La resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha puesto el dedo en la llaga, los trabajadores domésticos estarán, por fin, en el régimen obligatorio del Instituto  Mexicano del Seguro Social.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Proteger a los “cerillos”

José Dávalos*

Ocupar a un ejército de ancianos o niños en las tiendas comerciales sin el respeto de los derechos fundamentales de los trabajadores, como la jornada máxima de ocho horas y el pago del salario mínimo (102.68), es la práctica diaria de las tiendas comerciales con el “benevolente” propósito de que ganen algunos pesos con las propinas que les den los clientes por envolverles su mercancía.

Con alguna excepción, las autoridades se dan por no enteradas, dejan que los patrones violen las normas laborales ante los ojos de todo el mundo. Ancianos o niños de diez, doce, dieciséis o más años trabajan todos los días. Para proteger el desarrollo físico, mental y espiritual de los niños la Constitución y la Ley Federal del Trabajo prohíben el trabajo de los menores de quince años.

Ahora los ancianos casi han remplazado a los niños. Encuentra uno en la caja de las tiendas comerciales a personas de ambos sexos con ochenta y noventa años a cuestas, porque no tienen otra forma de ganarse la vida; corren todos los riesgos para trabajar ocho, diez o  más horas al día.

Se les llama “Cerillos” porque los patrones hace tiempo uniformaban a los niños con camisa blanca, pantalón azul o negro y un gorro rojo, verde, amarillo o de cualquier otro color. Los clientes de las tiendas comerciales les llamaban “Cerillos” y se les quedó ese mote. Ahora en casi todos estos centros de trabajo los ancianos y los niños compran su uniforme, indispensable para entrar a trabajar.

Para ambos sexos, la jornada de trabajo es de ocho, diez o más horas. Participan en estas jornadas las personas que autoriza la empresa. No se les paga salario, su ingreso consiste en los donativos que generosamente les dan los clientes. Los trabajadores, ancianos o niños, deciden si trabajan más de seis días a la semana, esto lo determinan las necesidades de cada uno de ellos.

Socarronamente algunos empresarios dicen que los ancianos o los menores no son sus trabajadores, porque no se celebró contrato con ninguno de ellos. Los patrones saben que con el hecho de prestar un servicio personal y subordinado estas personas son trabajadores y tienen derecho a gozar de todos los beneficios que les otorga la Ley. Ninguna falta hace la firma de un contrato de trabajo.

Las autoridades tienen la obligación que les impone la Ley de hacer respetar con estos ancianos y con los menores las normas de la Constitución y de la Ley que los protegen.

 josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Jornaleros digitales

José Dávalos*

En el trabajo de las llamadas plataformas digitales se considera que este tipo de empleo contribuye a la precaridad laboral, carecen de contratos laborales y de prestaciones sociales; los trabajadores aparecen como contratistas independientes y quienes les ordenan el trabajo no están constituidos como patrones, personas físicas o personas morales.

Uno de los factores que vulneran laboralmente a los trabajadores digitales es la duración de sus jornadas en relación con sus ingresos. Como no tienen contratos, los patrones les niegan salarios fijos, les dicen que sus ingresos dependen de lo que trabajen. En algunas de estas empresas llamadas plataformas, castigan al trabajador cuando decide no atender las solicitudes laborales que le aparecen digitalmente para así poder gozar de un tiempo libre.

Las funciones de estos trabajadores son de alto riesgo debido a que sus labores consisten en el tránsito constante en automóviles, motocicletas o bicicletas en la vía pública, frecuentemente las instituciones de salud pública no los atienden en caso de accidente. La mayoría de estos trabajadores son varones jóvenes, cuentan con estudios medio superiores, piden no trabajar en horarios fijos.

La legislación laboral mexicana tiene elementos suficientes para dar solución a estos problemas que parecen irresolubles. Los patrones, que se niegan a cumplir sus obligaciones laborales, son patrones con todas las consecuencias del trabajo por el hecho de ocupar los servicios de uno o varios trabajadores, haya o no haya contrato de trabajo escrito. La Constitución y la Ley Federal del Trabajo tienen inscritas sus obligaciones con sus trabajadores: respeto a la jornada máxima, al salario mínimo, al descanso semanal con pago de salario íntegro por lo menos un día cada seis días, el respeto a las vacaciones, al aguinaldo, respeto a la libertad sindical, a la contratación colectiva y a la huelga. Constituidos o no como patrones, con el hecho de ocupar los servicios de uno o más trabajadores, tienen las obligaciones de la Constitución y de la Ley.

Otras de las obligaciones laborales de los patrones es la de inscribir a los trabajadores en los servicios de seguridad social en el IMSS. En cualquier momento el trabajador accidentado recibirá atención de los servicios de emergencia, pero a fin de cuentas la atención estará a cargo del IMSS. Los trabajadores, por su parte, pueden presentarse directamente al IMSS, dirán en que empresa trabajan y su deseo de estar en los servicios sociales de la institución.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

José Barroso Figueroa

José Dávalos*

El Maestro José Barroso Figueroa en su largo camino académico pasó sembrando el bien entre los jóvenes de la Universidad. Con generosidad se entregó en la cátedra, en congresos, en conferencias y en el asesoramiento de tesis. Jamás negó su consejo a los jóvenes estudiantes. Todo mundo disfrutó de su riqueza cultural y jurídica en su elegante palabra escrita y hablada.

El reconocimiento de la comunidad de la Facultad de Derecho para el Maestro Barroso Figueroa se manifestó en el homenaje de cuerpo presente que se le rindió en el Aula Magna Jacinto Pallares, presidido por el Director, Doctor Raúl Contreras Bustamante. Asistió la esposa del maestro la licenciada Ruth Cruz de Barroso y sus hijos. El aula estuvo llena a toda su capacidad con los profesores y alumnos de las áreas de la licenciatura y del posgrado, y trabajadores administrativos.

El Maestro Barroso Figueroa nació el 18 de junio de 1934 en la ciudad de Oaxaca y murió al amanecer del 13 de febrero de este año, con 54 años de intensa actividad docente. Fue reconocido como uno de los más brillantes maestros de Derecho Civil en las diferentes asignaturas en la UNAM. Fue Director y Fundador de la Escuela de Derecho de la Universidad Femenina de  México.

Un aspecto de su magnífico servicio a la Facultad de Derecho fue haber servido como secretario general, sucesivamente, con siete directores: con el autor de estas líneas, con Máximo Carvajal Contreras, Fernando Serrano Migallón, Ruperto Patiño Manfer, María Leoba Castañeda Rivas y en los interinatos de Jorge Garizurieta y Horacio Castellanos Coutiño. Este es un hecho nunca antes registrado en la Facultad de Derecho.

Escribió una obra reconocida en todo el mundo académico intitulada Organización  Internacional del Trabajo. Recientemente, junto con el Maestro Jesús Saldaña Pérez publicó un libro sobre Contratos Civiles (Facultad de Derecho UNAM-Porrúa) y está por aparecer el libro de su autoría sobre Derecho Familiar también bajo la firma de la Facultad de Derecho y Porrúa.

En una de sus intervenciones el Maestro José Barroso Figueroa expresó: Se dice que los alumnos son lo más importante en la Universidad a pesar de su temporalidad, y, efectivamente, lo son. Pero los maestros son tan importantes como los alumnos. Son los eslabones que perpetúan la cadena del conocimiento; el elemento permanente que contempla el tránsito de las generaciones por las aulas; el que nunca acaba su tarea y sólo abdica a ella cuando la enfermedad o la muerte le cierran el paso.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

 

Reparto de utilidades

José Dávalos*

La primera idea de la participación de utilidades en la historia surgió en el Constituyente de 1857. Cuando se hablaba en el Congreso de las dificultades que arrastraban con su pobreza los trabajadores, Ignacio Ramírez afirmó que la única respuesta a la cuestión asocial era la partición de las utilidades entre los dos factores de la producción. Este pensamiento quedó en idea, no se hizo ley.

Ignacio Ramírez definió al salario como la suma de dinero que se entrega al trabajador para su  manutención y recuperación, una inversión análoga a la que se efectúa en la reparación y substitución de las máquinas, lo que significa que el trabajo, como factor de la economía, no percibe nada, a diferencia del capital, que lo recibe todo.

En el Constituyente 1916-17, el 27 de septiembre de 1916, el diputado obrero veracruzano Carlos L. Gracidas, despertó el pensamiento de Ramírez. Dijo: Estimamos que la justa retribución será aquella que se base en los beneficios que obtenga el capitalista. Soy partidario de que al trabajador, por precepto constitucional, se le otorgue el derecho de obtener una participación en los beneficios del que lo explota.

El general Francisco J. Mújica insistió en que se reconociera en el texto de la Constitución la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas. Después de varias luchas entre el trabajo y el capital, de manera definitiva en 1962 se estableció la institución en la fracción IX del artículo 123 constitucional. En la Ley Federal del Trabajo en 1963 quedó regulado el derecho de los trabajadores a participar en las utilidades de las empresas, del artículo 117 al 130.

Ha sido grande la resistencia de las empresas a pagar utilidades a sus trabajadores. No hay información formal sobre el comportamiento de estas empresas. En SDPnoticiascom, el 28 de mayo de 2017 el columnista Vladimir Ricardo Landero Arámburu escribió: Se los comenté hace unas semanas, pero ahora que ya se acaba el mes lo confirmamos, el 98% de los trabajadores en México NO recibieron el pago del reparto de utilidades.

Alguien pudiera decir que el reparto de utilidades en México está en vías de extinción. Sin embargo, es un derecho que beneficia a la clase trabajadora y los trabajadores organizados tienen en sus manos todos los medios jurídicos de sus sindicatos para luchar para que esta prestación siga vigente. En mayo cobran la participación los trabajadores al servicio de personas morales y en junio quienes están al servicio de personas físicas.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

 

Los sindicatos

En varias ocasiones el Papa Francisco se ha referido a importantes cuestiones sindicales. Permítanme los amables lectores recoger algunos de estos aspectos. Luchar por una pensión o por una jubilación para los ancianos que no quieren o no pueden trabajar, y trabajo para los jóvenes que quieren y deben trabajar, y  rechazar las pensiones de oro, que son tan injustas como las pensiones pobres. Esta es una de las finalidades de los sindicatos en este momento que vivimos.

Si hablamos de trabajo sin hablar de persona, el trabajo se convierte en algo inhumano. Si olvidamos a la persona olvidamos al trabajo. Si hablamos de una persona sin trabajo, estamos ante algo incompleto. La persona se realiza en plenitud cuando se convierte en trabajador. El individuo se vuelve persona cuando se abre a la vida social, cuando florece en el trabajo.

Sin embargo, la persona no sólo es trabajo, no siempre trabajamos, no siempre debemos trabajar. Por ejemplo, los  niños no deben trabajar. Nosotros no trabajamos cuando estamos enfermos, no trabajamos cuando somos ancianos. Hay personas que no trabajan porque no deben o no pueden trabajar. Hay tantos niños que trabajan y no estudian, cuando el único trabajo bueno para ellos es estudiar. A la gran mayoría de trabajadores no se les reconoce el derecho a una pensión o jubilación justa. Hay trabajadores que se enferman y son descartados del mundo del trabajo con pretexto de la eficiencia.

¿Qué es pensión o jubilación justa? Es la prestación que no es muy rica ni muy pobre. Las pensiones de oro son una ofensa para los trabajadores no menos graves que las pensiones pobres. Andamos mal cuando obligamos a los ancianos a trabajar y obligamos a una generación entera de jóvenes a no trabajar cuando deberían hacerlo, por ellos y por todos. Es  necesario reducir las horas de trabajo de los que se encuentran en su última etapa laboral, y crear trabajos para los jóvenes que tienen el derecho y el deber de trabajar.

Es necesario comprender el valor de los sindicatos. A veces no se les comprende porque no están luchando por los derechos de los descartados del trabajo, los inmigrantes, los pobres. El movimiento sindical tiene que desempeñar un papel esencial en la construcción del bien común. El sindicato es la expresión del perfil profético de la sociedad; debe dar voz a quienes no la tienen.

Los sindicatos tienen que ver por quienes están dentro del sindicato. Pero también deben proteger a los que están afuera. Los sindicatos están llamados a proteger los derechos de los que todavía no trabajan, de los que han sido excluidos del trabajo, de los que también han sido excluidos de sus derechos.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Las maquiladoras

José Dávalos*

El problema de fondo de las maquiladoras en el norte y en todo el país es la negación de la justicia social a casi todos los hombres y mujeres que ahí entregan su fuerza de trabajo. Sus salarios son insuficientes para satisfacer sus necesidades fundamentales y se les somete a jornadas extenuantes, sin permitirles el descanso diario para reponer las energías gastadas.

La Comisión  Nacional de Salarios Mínimos dispuso que en la franja norte del país el salario mínimo diario, a partir del primero de enero de este año, sea de 176.72 pesos, en tanto que en el resto del país es de 102.68 pesos. La razón de ese salario, es el alto costo de la vida en esa zona inmediata del sur de los Estados Unidos, en donde los salarios mínimos son entre 7, 8 o más dólares por hora.

Los trabajadores en la mayor parte de las maquiladoras padecen discriminación por el sexo, por la edad, por el color, se les hace trabajar en los días de descanso con el salario de todos los días, no se les dan vacaciones, no se les inscribe en la  seguridad social, no se les paga aguinaldo, no se les paga participación de utilidades, se les despide cuando se le antoja al patrón, no se les paga  indemnización constitucional.

Estos problemas no son de ahora. Arrancan desde los años 60 en el marco del llamado programa de industrialización de la frontera. Las maquiladoras fueron una panacea para combatir el desempleo y fomentar el desarrollo de esa zona. Muchos jóvenes del centro y del sur de la república ahí han encontrado trabajo, toman los puestos que se les imponen. Están lejos de su tierra, de sus familiares, se encuentran solos, la desesperación por la falta del pan diario los forza a desempeñar los trabajos que se les asignan.

Casi todos los sindicatos que ahí se han creado están al servicio de las empresas. Cuando los trabajadores han querido constituir sindicatos legítimos, que realmente luchen por la conquista de beneficios para los trabajadores, la empresa ubica a los dirigentes y los despide de manera inmediata.

De esta manera, los contratos colectivos que ahí existen se los preparan los empresarios a los líderes nombrados por ellos. Si uno revisa cualquiera de esos contratos encuentra que entre los beneficios de los trabajadores están los derechos  mínimos que establecen la Constitución y la Ley Federal del Trabajo.

Los trabajadores de las maquiladoras demandan atención a sus problemas, ya.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Trabajan sin salario

José Dávalos*

Me refiero a los trabajadores de las gasolinerías (Panaderías, panadero; Carpintería, carpintero; Dulcería, dulcero; Taquerías, taquero). Esos trabajadores viven de las propinas que generosamente quieran darles los clientes que acuden a las gasolinerías a cargar los tanques de sus vehículos.

Esa práctica es contraria al derecho de manera absoluta. Ninguna razón existe para justificar a los patrones que se niegan a entregar a sus trabajadores el salario mínimo por lo menos, el pago mínimo que ordenan la Constitución de la República y la Ley Federal del Trabajo. “Nadie podrá ser obligado a prestar trabajos personales sin la justa retribución y sin su pleno consentimiento” (Artículo 5º de la Constitución, párrafo tercero).

Los inspectores del trabajo tienen obligación de verificar el pago puntual de su salario a los gasolineros. La Inspección del trabajo está regulada de los artículos 540 a 550 de la Ley Federal del Trabajo. Entre sus funciones está la de poner en conocimiento de la autoridad las deficiencias y las violaciones a las normas de trabajo que observen en las empresas y establecimientos.

Los inspectores de trabajo, entre sus deberes y atribuciones, están las de visitar las empresas durante las horas de trabajo, y exigir la presentación de libros, registros u otros documentos a que obliguen las normas de trabajo. Las irregularidades que observen los inspectores en los centros de trabajo, deben ponerlos en conocimiento del Secretario del Trabajo, en materia federal y de los Directores de Trabajo de los Estados en los casos de materia local.

Los inspectores de trabajo y los presidentes de las juntas especiales, tienen  obligación de denunciar ante el Ministerio Público al patrón que haya dejado de pagar o pague a sus trabajadores cantidades inferiores a las señaladas como  salario mínimo general (Artículo 1003, párrafo segundo).

El patrón que haga entrega a uno o varios de sus trabajadores de cantidades inferiores al salario fijado como mínimo general o haya entregado comprobantes de pago que amparen sumas de dinero superiores de las que efectivamente hizo entrega, se le castigará con penas de prisión y multa señaladas en las tres fracciones del artículo 1004.

Los instrumentos jurídicos de defensa de los trabajadores de las gasolinerías están ahí, hace falta utilizarlos y aplicarlos.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Reforma laboral

José Dávalos*

El Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) presentó al Congreso un valioso proyecto de reformas a la Ley Federal del Trabajo. Dentro de otros puntos que vale la pena reflexionar, están las siguientes cuestiones:

  1. Con una prisa que puede aplicarse en otros casos, el artículo 872, inciso B, fracción III, dispone que a la demanda se deben anexar las pruebas de que disponga el trabajador, acompañadas de los elementos necesarios para su desahogo. ¿Por qué tanta rapidez para que el actor presente sus pruebas con el escrito de demanda, por qué mostrar todas las cartas en ese momento del juego?

Con un paso más medido, en la Ley vigente se dispone que con la demanda del trabajador se notifica al actor y al demandado la celebración de la primera audiencia que tiene las etapas de conciliación y de demanda y excepciones. Una vez celebrada la primera audiencia, el artículo 880, fracción I, señala que en la audiencia de ofrecimiento y admisión de pruebas el actor ofrecerá sus pruebas en relación con los hechos controvertidos. Inmediatamente después el demandado ofrecerá sus pruebas y podrá objetar las de su contraparte y aquél a su vez podrá objetar las del demandado. Esta mesura es propia de un juicio con reflexión.

  1. El 30 de noviembre de 2012 fue derogada en el artículo 395 la cláusula de separación en la Ley Federal del Trabajo. Atacaba la libertad sindical y la libertad de trabajo. Consistía en que el sindicato tenía la facultad de pedir y obtener del patrón la separación del empleo del trabajador que hubiera renunciado al sindicato o que hubiera sido expulsado de él. Después de casi 90 años de lucha de los abogados laboralistas, después de los planteamientos contundentes del Maestro Mario de la Cueva y después de la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, fue borrada esa cláusula de la Ley.

Ahora queda en el mismo artículo 395 la cláusula de admisión o preferencia sindical, que consiste en la obligación de la empresa de admitir en el empleo solamente a trabajadores afiliados al sindicato titular del contrato colectivo de trabajo. Si el trabajador es miembro del sindicato puede ser propuesto por la organización gremial para ocupar un puesto en la empresa. Si el trabajador no milita en el sindicato no puede entrar a trabajar.

En esta cláusula se viola la libertad de trabajo y la libertad sindical. Un aspirante reúne todos los requisitos que señala la empresa que debe reunir el trabajador que aspire a entrar a trabajar. Pero como no forma parte del sindicato no puede ingresar a trabajar aunque reúna los requisitos  para ocupar el puesto. Esta disposición de la Ley es inconstitucional y debe ser derogada.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Protección de los trabajadores

José Dávalos*

El derecho del trabajo es protector de los trabajadores, desde su origen en la Constitución de 1917. En sus raíces, en 1906,  Ricardo Flores Magón apuntó derechos fundamentales de los trabajadores. En el Constituyente de Querétaro, entre otros, Heriberto Jara, Héctor Victoria y Von Versen sentaron las bases de los derechos de los trabajadores, los que México no ha cambiado hasta hoy.

Cualquier modificación que se pretenda a la Constitución o a la Ley Federal del Trabajo, debe respetar esos derechos mínimos, a partir de los cuales los trabajadores en su lucha ante los patrones pueden crecer las prerrogativas laborales, pero ninguna de ellas disminuirlas.

Heriberto Jara, diputado veracruzano, propuso la inclusión de los derechos de los trabajadores en la Constitución: “…los jurisconsultos, los tratadistas, las eminencias en general en materia de legislación, probablemente encuentran hasta ridícula esta proposición (Jornada de 8 horas), ¿cómo se va a consignar en una Constitución la jornada máxima de trabajo?…  Eso, según ellos, pertenece a la reglamentación de las leyes… esa teoría ¿qué es lo que ha hecho? Que nuestra Constitución… tan buena haya resultado, como la llamaban los señores científicos, “un traje de luces para el pueblo mexicano””.

El diputado yucateco Héctor Victoria fincó las bases de lo que posteriormente fue el artículo 123: “… se deben trazar las bases fundamentales sobre las que ha de legislarse en nuestra materia de trabajo, entre otras, las siguientes: descanso semanario, jornada máxima, salario mínimo, higienización de talleres, fábricas, minas, convenios industriales, creación de tribunales de conciliación, de arbitraje, prohibición del trabajo nocturno a las mujeres y niños, accidentes, seguros, e indemnizaciones, etcétera”.

El diputado Coahuilense Von Versen dijo que la clase obrera debía tener todo tipo de garantías y tener asegurado su porvenir, y previno a los constituyentes a no temer a “lo que decía el señor licenciado Lizardi, que ese artículo se iba a parecer a un Santo Cristo con un par de pistolas; yo desearía que los señores de la Comisión no tuvieran ese miedo, porque si es preciso para garantizar las libertades del pueblo que ese Santo Cristo tenga polainas y 3–30, ¡bueno!”.

Son irrenunciables los derechos de los trabajadores.  Lo dice el artículo 123 constitucional, fracción XXVII, inciso h); lo dice el artículo 5º, fracción XIII de la Ley Federal del Trabajo; y lo dice el artículo 1º de la Constitución de la República.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

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