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José Dávalos

Sustitución patronal

José Dávalos*

El mesero, en un restaurante, me asaltó con la novedad de que el dueño del negocio ya no es el mismo, el anterior lo vendió; lo peor del caso es que el nuevo patrón ya está pidiendo la renuncia a varios trabajadores y lo más posible es que quien me lo informa también quede en la calle.

Esta maniobra es muy frecuente, el nuevo patrón llega pidiendo la renuncia a los trabajadores, especialmente a los de mayor antigüedad, porque quiere acabar con los derechos que han creado. Cuando se resisten a entregar la renuncia les ofrece que si lo hacen considerará su caso para volverlos a contratar, les dice que el anterior patrón ya se fue y la relación de trabajo es otra con el nuevo patrón.

En el trabajo existe una figura jurídica que se llama estabilidad de los trabajadores en el empleo, que consiste en que un trabajador una vez que empieza a trabajar sólo perderá su puesto si comete alguna falta grave por la cual el patrón pueda despedirlo; porque se dé una causa ajena a la voluntad del patrón y del trabajador que ponga fin a la relación de trabajo, como puede ser un incendio, una inundación o un terremoto, que hayan acabado con la fuente de trabajo; o porque el patrón, persona física, haya quedado incapacitado o porque haya muerto.

La relación de trabajo se establece con la fuente de trabajo, independientemente de quien sea el dueño o titular de ella. Puede cambiar el patrón una y varias veces, la relación subsiste con la fuente de trabajo. Esto no lo dice un autor en un libro, no lo decide un patrón, esto la Ley Laboral lo dice así en el artículo 41, es decir se trata de una disposición de orden público, lo ordena la Ley y el Estado está atrás de ella atento para hacer que se cumpla.

Los trabajadores pueden negarse a firmar sus renuncias, no hacer caso a las amenazas que les lance el nuevo patrón ni a los ofrecimientos que les haga. Lo cierto es que su permanencia en el trabajo está sustentada en la Ley. Como respuesta el patrón los puede despedir, en ese caso los trabajadores tienen su defensa yendo ante la Junta de Conciliación y Arbitraje a demandar del patrón, a su elección, su regreso al trabajo o el pago de su indemnización.

El patrón anterior y el nuevo, por disposición legal, son responsables, por igual,  de las obligaciones derivadas de las relaciones de trabajo y de lo dispuesto por la Ley, nacidas antes de la fecha en que formalmente se les haya dado aviso del cambio de patrón durante los primeros seis meses; cumplidos esos seis meses solamente queda como responsable de las relaciones laborales el nuevo patrón.

Dar aviso formal del cambio de patrón significa que el anterior o el nuevo empresario informe a los trabajadores del cambio del responsable del negocio; ese informe se debe dar a los trabajadores o al sindicato mediante un oficio o mediante avisos que se distribuyan entre los empleados o que se fijen en lugares visibles del establecimiento para que se enteren los trabajadores. Mientras no se dé ese aviso no corre el término de los seis meses y por tanto el responsable de las obligaciones laborales es el patrón anterior que se va.

Todo esto es independiente de los arreglos que hayan tenido entre ellos el anterior y el nuevo patrón; esto lo ordena la Ley y debe cumplirse. Entre ellos pudieron haber fijado un acuerdo sobre la forma de hacer frente a las responsabilidades con los trabajadores, pueden haber establecido que sólo son responsables de un porcentaje de sus obligaciones, o que solamente uno es responsable no los dos. Estos son acuerdos entre ambos patrones, que para nada afectan las obligaciones que tienen con base en la ley con los trabajadores.

Los trabajadores pueden acudir a la defensa que pueda darles un abogado particular o la Procuraduría de la Defensa del Trabajo, federal o local según el caso. La Procuraduría, conforme al artículo 530 y siguientes de la Ley los puede representar o asesorar de manera gratuita, ante cualquier autoridad, en las cuestiones que se relacionen con la aplicación de las normas de trabajo.

Los trabajadores deben tener seguridad en lo que dice el artículo 41 de la Ley Federal del Trabajo: La sustitución de patrón no afectará las relaciones de trabajo de la empresa o establecimiento. Se insiste en que las relaciones de trabajo se crean entre los trabajadores y la fuente de trabajo. Pueden pasar varios dueños de la empresa una y otra vez, el trabajador tiene en su favor el derecho a la estabilidad en el empleo que establece la fracción XXII del artículo 123 constitucional.

La estabilidad en el empleo asegura al trabajador ante tantas eventualidades.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Respuestas laborales

José Dávalos*

Las normas que rigen las relaciones entre trabajadores y patrones siguen siendo una realidad y una necesidad. Igualmente lo son el estudio de esas normas, su interpretación y la doctrina creada en torno de ellas. A esa razón obedecen las preguntas frecuentes de la gente sobre aspectos particulares del trabajo.

En seguida me ocuparé de algunas preguntas y de las respuestas que he dado a esas cuestiones en medios universitarios, en centros de trabajo, en reuniones sociales de diferente índole, en la calle, etcétera. Gran importancia y gran interés tiene cada cuestión que se plantea..

1.¿Qué se entiende por trabajo a tiempo parcial? A partir del crecimiento de la mano de obra desocupada y de la escases de puestos de trabajo, el medio empresarial creó esa modalidad laboral; ejemplo, el trabajo por cuatro o por seis horas de trabajo al día. Los mismos medios empresariales dan como razón que de esa manera se da ocupación a más trabajadores, que cada trabajador buscará en otra empresa tener las mismas o mayor número de horas de trabajo.

Es decir, a un trabajador le dan ocupación por cuatro o seis horas, desde luego con salarios bajos, casi siempre de salario mínimo o cercano al salario mínimo, que es de 80.04. El trabajador que presta servicios por cuatro horas, en seis días percibirá 240.12, en tanto que el trabajador que labora seis horas en seis días, ganará 360.18.

Usted, estimado lector, observe cuánto gana el trabajador a la semana. La idea del tiempo parcial gira en torno a que el trabajador tendría otro trabajo con igual o mayor número de horas por día y en los siete días a la semana. Consultemos a un trabajador que está en esas circunstancias y oiremos su respuesta de que lo único que tiene es el trabajo de cuatro o seis días y anda buscando otro trabajo, porque con ese salario no alcanza a cubrir sus necesidades básicas.

  1. ¿En qué consiste el trabajo por honorarios? Usted, trabajador por honorarios, presta sus servicios igual que los trabajadores que tienen contrato laboral con la empresa. Pero usted no es trabajador, de acuerdo con la idea del patrón. Usted no crea antigüedad en la empresa, usted no tiene jornada máxima, trabaja las horas que el patrón le ordena, usted no tiene descanso semanal, ni pago de tiempo extraordinario, ni vacaciones, ni aguinaldo, etcétera.

A usted, trabajador, el patrón le dice que tiene un contrato civil por honorarios, un contrato que no es de trabajo. Esto sucede comúnmente y el trabajador, por no saber estas cuestiones laborales, así lo acepta. Lo cierto es que si usted va ante las Juntas de Conciliación y Arbitraje y demuestra que el servicio que presta al patrón es un trabajo personal subordinado, la Junta le dará la razón y le dirá a usted que tiene todas las prestaciones de cualquier trabajador.

Quien sí está contra la pared, porque ahora no puede hacer nada, es el trabajador al servicio del Estado contratado por honorarios. El artículo 8, segundo párrafo parte final, de la Ley de Trabajadores al Servicio del Estado, con toda claridad niega la calidad de trabajador a quienes prestan servicios “mediante contrato civil o que sean sujetos al pago de honorarios”. Se trata de una disposición de la Ley.

  1. ¿El patrón puede cambiar al trabajador las horas de trabajo sin haber obtenido el consentimiento del trabajador? Las condiciones de trabajo como jornada, salario, descansos, vacaciones, etcétera, las convienen el trabajador y el patrón, se establecen con el mutuo consentimiento de ellos. El patrón no puede cambiar a su antojo esas condiciones de trabajo, como tampoco puede hacerlo el trabajador.

Si el patrón o el trabajador cambia alguna o todas las condiciones de trabajo sin el consentimiento de la otra parte, esa conducta abre la posibilidad de la rescisión de la relación de trabajo. El patrón justificadamente puede despedir al trabajador o el trabajador puede rescindir la relación de trabajo con el patrón.

El artículo 59 de la Ley Laboral establece que el trabajador y el patrón fijarán la duración de la jornada de trabajo, sin que pueda exceder de los máximos legales. El artículo 25, fracción III, dispone que el servicio o servicios que deban prestarse, se determinan con la mayor precisión posible. En esa determinación se encuentra el número de horas de la jornada y si la jornada es diurna, nocturna o mixta. No puede haber cambio arbitrario por cualquiera de las partes.

Las preguntas en el camino del trabajo tienen solución. Qué importante sería que todos los medios de comunicación masiva dieran esta orientación a la gente.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Los camoteros

José Dávalos*

Bien sabemos que en el futbol son llamados camoteros los jugadores del equipo representativo del Estado de Puebla; de ellos nos ocuparemos otra vez, sobre todo cuando hablemos de las inhumanas vendimias de jugadores (drafts) que los rebajan al nivel de bestias. Hoy dedicamos estos renglones para referimos a los trabajadores que por las calles, en sus carritos, venden sabrosos camotes.

El Diccionario de la Real Academia Española dice que trabajo es el esfuerzo humano aplicado a la producción de la riqueza. Así, lisa y llanamente, tenga o no tenga patrón el trabajador. En cambio el artículo 8º de la Ley Federal del Trabajo, que se ocupa del servicio a un patrón, dice que se entiende por trabajo toda actividad humana, intelectual o material, independientemente del grado de preparación requerido por cada profesión u oficio.

Es decir, el trabajador puede ser trabajador autónomo, quien trabaja por su cuenta, no comprendido en las normas de trabajo; y, el trabajador subordinado, quien presta sus servicios a un patrón, quien presta sus servicios a otra persona, física o moral, previsto en las normas de la Ley Federal del Trabajo, con la protección de la  Constitución de la República y de la Ley Laboral.

La Constitución, en el artículo 123, apartado A, comprende a los obreros, jornaleros, empleados domésticos, artesanos y de una manera general, todo contrato de trabajo. Es decir, las normas laborales abarcan a los trabajadores que tienen una relación laboral con un patrón. El artículo 8º de la Ley Federal del Trabajo establece que trabajador es la persona física que presta un servicio personal subordinado a una persona física o moral.

Estamos acostumbrados a ver a trabajadores con carritos vendiendo camotes,  en la Ciudad de México, en León, en Guadalajara, etcétera. Los carritos son el  medio por el que venden camotes y plátanos asados. La persona que vende los camotes por regla general no rinde cuentas a nadie, es un trabajador por cuenta propia, un trabajador autónomo, pero es muy posible que esa persona sea ocupada por el dueño del carrito a quien tiene que rendir cuentas de las ventas que realizó cada día; tiene que informar qué calles recorrió y de qué hora a qué hora. Y el dueño del carrito le pagará una cantidad determinada que es su salario.

En el carrito se transportan dos productos característicos: camotes y plátanos. Adentro, los frutos cocidos se mantienen calientes, y por consiguiente, listos para ser comidos. Los camotes y los plátanos son servidos en platos desechables o en servilletas de papel. Suelen comerse agregándoles crema de leche azucarada y canela en polvo.

Se trata de una tradición gastronómica mestiza, de nuestro medio, los plátanos son un producto de origen asiático, originalmente introducido a las Islas Canarias, que llegó a América continental tras haber sido aclimatado por los españoles en África y en las islas del Caribe. El camote es un tubérculo cuyo cultivo estaba extendido por todo el continente antes de la conquista. Los camoteros de la ciudad de México ofrecen generalmente camotes de piel púrpura y pulpa blanca, pero también los hay amarillos y blancos.

Del camotero que vende su mercancía por cuenta propia nadie responde. Si le ocurre un accidente cuando va a su trabajo, cuando regresa de su trabajo o mientras presta sus servicios, gente bondadosa lo llevará a un lugar de salud pública como puede ser la Benemérita Cruz Roja. Es hora de que el Estado mexicano vea por estos trabajadores, puede hacerlo a través del Instituto Mexicano del Seguro Social, pero de manera generosa. Le saldrá muy costoso al trabajador si se inscribe voluntariamente al IMSS, es difícil que reúna la cuota periódica que tiene que pagar. Hasta ahora ese trabajador no cuenta con protección alguna.

Se reitera: Cuando el camotero prepara el cocimiento del producto y lo vende, es un trabajador por cuenta propia, no rinde cuentas a nadie sobre su trabajo; si no es de su propiedad el carrito, paga la renta y el costo del encierro del vehículo. Pero hay ocasiones en que el camotero sirve a un flotillero de carritos con el producto preparado, el camotero tiene que rendir cuentas de sus ventas en un tiempo determinado; en estos casos se trata de un trabajo subordinado, aun cuando el camotero ignore la relación laboral y sus beneficios.

El silbato del carrito que se oye en las calles cuando comienzan las noches, reclama trato humano y justo para los camoteros, autónomos o subordinados.

josedavalosmnorales@yahoo.com.mx

Imperativo de la razón

José Dávalos*

Qué bueno que el Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México , doctor Enrique Graue, con motivo de la violencia desatada por un adolecente en el Colegio Americano del Noroeste, en Monterrey, Nuevo León, se ha pronunciado en contra de la violencia venga de donde venga, en cualquier parte que se dé, y que se ha vuelto parte de nuestra  sociedad.

Es confortante escuchar el pronunciamiento del Rector Graue, porque sus palabras tienen un gran peso en nuestro país, ha sido y es un maestro cercano a los jóvenes. Por eso sus palabras penetran a la conciencia de la sociedad. Ha dicho: “Y en el proceso,  nos hemos alejado los unos de los otros, nos hemos hecho ajenos y le hemos dado a la violencia una enorme oportunidad para redefinir nuestras relaciones”.

Primero llamó a los universitarios a concientizar la gravedad de los hechos de violencia ocurridos en el centro educativo mencionado. Luego, con valor y sinceridad, dijo que “Es preciso reconocer que estamos fallando como miembros de una sociedad, porque hemos dejado de ver al otro como un igual, hemos roto y dejado romper los vínculos que como personas nos unen, nos identifican y  nos hacen  mejores”.

Los conceptos del doctor Enrique Graue cómo me hicieron recordar las palabras del destacado político neolonés poco antes de su muerte, cuando en una entrevista periodística dijo que la descomposición social que vivimos en México es la respuesta a haber quitado de la educación de los niños y de los jóvenes los principios de orden moral y ético, en los que se nos hacía sentir la solidaridad que debe imperar en las relaciones con los demás.

Las palabras del doctor Graue tienen una gran actualidad en nuestro país: Es atroz que  niños,  niñas o maestros sean baleados en una escuela. Es atroz que un niño decida cargar con una pistola para disparar a otros, que son sus iguales. En el país hemos dejado que la interacción diaria se desarrolle enterrando nuestros principios básicos.

Y en el proceso,  nos hemos alejado los unos de los otros, nos hemos hecho ajenos y le hemos dado a la violencia una enorme oportunidad para redefinir nuestras relaciones. En el país se ha legitimado y empoderado a la violencia en una enorme cantidad de maneras, volviéndola parte de la sociedad.

En una reunión de trabajo con el Colegio de Directores de la UNAM, el Rector Enrique Graue expresó que debemos todos hacer una profunda reflexión, una revisión honesta de lo que hacemos nosotros mismos y por los otros, de cómo construimos estos vínculos que hoy aparecen irremediablemente rotos.

Agregó estas palabras, cada una con un inmenso valor: “Esto no puede ni debe ser un mandato de autoridad, debe ser un imperativo de la razón y de la conciencia, porque nos toca a todos transformarnos y reconstruirnos como sociedad y como personas. Sólo reconociendo plenamente la existencia y las necesidades de los otros se podrá dar sentido a los valores fundamentales que hoy parecen lejanos. Hace falta valentía y coraje para reconocer que hemos perdido la sensibilidad humana que antes era natural”.

Concluyó el Rector sus palabras haciendo un llamamiento a los universitarios: “Realmente espero que tengamos esas virtudes porque, de otro modo, sólo haremos más larga la noche, más profundo el dolor y más insoportable la tragedia. Esto no debe volver a suceder y sólo como comunidad podemos evitarlo”.

Estas palabras del doctor Enrique Graue caen fuerte en mi conciencia, porque he sido estudiante, he sido y soy profesor. Y como parte de la comunidad académica de la UNAM y como integrante de la sociedad mexicana, en todo esto tengo un quehacer desde el lugar que ocupo como docente.

Tenemos que ser conscientes de que la escuela es el complemento de la familia. Escuela y hogar, tienen que parar el camino de la violencia. La violencia en las escuelas trasluce la violencia que azuela a nuestra sociedad. No podemos quedar indiferentes ante la violencia y las injusticias que imperan en nuestro ambiente. Tenemos que trabajar para que el país se convierta en una comunidad de hermanos que se respeten, se acepten en su diversidad y se cuiden unos a otros.

Es tarea de todos, en un esfuerzo decidido, detener la violencia en nuestro país.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Migrantes

José Dávalos*

Quienes se ven obligados a huir de su país y viven en la erradicación y en la integración, viven una tensión que destruye a las personas. Necesitamos conocer los hechos que los empujan por la fuerza a dejar su patria y, en la medida de lo posible, dar voz a los que no pueden dejar oír su grito de dolor y de opresión.

Tenemos que hacer conciencia en la población de tantas gentes heridas por la violencia, el abuso del poder, la distancia de la familia, la fuga de sus hogares, el horror al sufrimiento en el campo de refugiados. Son hechos que deshumanizan y tienen que llevarnos a una acción concreta.

El mundo está experimentando procesos de mutua interdependencia e interacción a nivel global; si los hombres y las mujeres tienen problemas, buscan mejorar las condiciones de vida, en el aspecto económico, en el político y en el cultural. Toda persona, no importan sus características, pertenece a la humanidad y comparte con ella la esperanza de un futuro mejor.

Si las migraciones ponen de manifiesto frecuentemente las carencias de los países y de la comunidad internacional, también revelan las aspiraciones de la humanidad de vivir la unidad en el respeto a las diferencias, la hospitalidad que hace posible la equitativa distribución de los bienes de la tierra, la tutela y la promoción de la dignidad y la trascendencia del ser humano. Este es el resultado de los cambios modernos, del creciente fenómeno de la  movilidad humana.

El rechazo, la discriminación y el tráfico de la explotación, el dolor y la muerte se contraponen a la solidaridad, a los gestos de comprensión. Despiertan una gran preocupación sobre todo las situaciones en las que la migración es forzada y se realiza incluso a través de varias modalidades de trata de personas y de reducción a la esclavitud. El trabajo esclavo es hoy moneda de uso corriente. A pesar de los problemas, los riesgos y las dificultades que se deben afrontar, lo que anima a tantos  migrantes y refugiados es el deseo de un futuro mejor, no sólo para ellos, sino también para sus familias.

La creación de un mundo mejor orienta a buscar un desarrollo auténtico e integral, a trabajar para que haya condiciones de vida dignas para todos, para que sea respetada, custodiada y cultivada la naturaleza que tenemos a nuestro cuidado. Esto significa verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más.

No se puede reducir el desarrollo humano al mero crecimiento económico, obtenido con frecuencia sin tener en cuenta a las personas más débiles e indefensas. El mundo sólo puede mejorar si la atención primaria está dirigida a la persona, si la promoción de la persona es integral, en todas sus dimensiones; si  no se abandona a  nadie, comprendidos los pobres, los enfermos, los presos, los necesitados, los forasteros; si somos capaces de pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro.

Es impresionante el número de personas que emigra de un continente a otro, así como de quienes se desplazan dentro de sus propios países y de las propias zonas geográficas. Los flujos migratorios contemporáneos constituyen el más vasto movimiento de personas de todos los tiempos. La realidad de las migraciones, con las dimensiones que alcanza en nuestra época de globalización, pide ser afrontada de un modo nuevo, equitativo y eficaz. Esto exige una cooperación internacional y un espíritu de profunda solidaridad.

Esta política debe ser desarrollada partiendo de una estrecha colaboración entre los países de procedencia y destino de los emigrantes; ha de ir acompañada de adecuadas normas internacionales capaces de armonizar los diversos  ordenamientos legislativos, con vistas a salvaguardar las exigencias y los derechos de las personas y de las familias emigrantes, así como las de las sociedades de destino. Esto exige la ayuda recíproca entre los países, con disponibilidad y confianza, sin levantar barreras infranqueables.

Una buena síntesis de esfuerzos animará a los gobernantes a afrontar los desequilibrios socioeconómicos y la globalización sin reglas, que están entre las causas de las migraciones, en las que las personas más que protagonistas son  víctimas.  Ningún  país puede afrontar por si solo las dificultades unidas a este fenómeno que, siendo tan amplio, afecta en este momento a todos los continentes en el doble movimiento de inmigración y emigración.

La actitud sensata es hoy no cerrar puertas sino abrirlas.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Oralidad laboral

José Dávalos

Poco tiene que decirse en el procedimiento del trabajo sobre los juicios orales. Prácticamente todo el procedimiento del trabajo es oral, la Ley Federal del Trabajo textualmente dispone (Artículo 685) que el procedimiento del trabajo debe ser  predominantemente oral, para obtener rapidez en las resoluciones, para hacer transparente el trámite de los juicios, y para acercar las Juntas de Conciliación y Arbitraje al desarrollo de los litigios y a las partes que los llevan.

Solamente quien ignore el ABC del procedimiento del trabajo se atreverá a decir que hay que llevar la oralidad a los juicios laborales. Que el procedimiento del trabajo esté plagado de vicios, es otra cosa, pero la predominancia oral del procedimiento es un hecho que ahí está en la Ley y que debe cumplirse para que se den efectivamente todos los beneficios que conlleva.

Precisamente sobre este tema acaba de aparecer un libro intitulado Los Juicios Orales en Materia Laboral, bajo el sello de “Iure editores”, escrito por los profesores de la Facultad de Derecho de la UNAM, Eduardo López Betancourt, autor de obras sobre derecho penal y ExConsejero Universitario, y Enrique Larios, presidente del Colegio de Profesores de Derecho del Trabajo de la Facultad de Derecho de la UNAM y ahora Consejero Universitario por parte de los maestros.

 En la Unidad 7, página 105, la obra tiene el capítulo de la Oralidad en el procedimiento laboral, con los subtítulos Principio de oralidad en la justicia laboral; Uso racional de la oralidad en el proceso laboral; y, Impulso a la oralidad en los juicios en materia laboral. Tiene otras unidades atractivas como la 3, Conflictos laborales; la 4, Sujetos procesales en el juicio laboral; la 5, Actuaciones de las juntas; y la 8, Pruebas en el juicio laboral.

El libro advierte que en la última década se ha iniciado un proceso de reforma en el sector de la judicatura del país dirigido a implementar de manera general nuevos esquemas procesales, denominados comúnmente juicios orales. Así, encontramos que se habla de juicios en materia penal, civil, familiar y mercantil, sin omitir que algunas voces, por ignorancia o inocencia, promovieron que también la oralidad se asumiera en materia laboral; no obstante, en esta disciplina, la realidad es que el principio de oralidad no constituye ninguna novedad.

Este razonamiento continúa en el sentido de que desde su origen, el proceso en materia de trabajo se diseñó para dar preponderancia a la oralidad –estructurado con la exigencia de comparecencias “personales y en persona” de las partes y/o de sus representantes legales o apoderados en cada audiencia y en cada diligencia-, proceso en el cual la vista se desahoga de forma verbal, se dice con insistencia, y cuenta con la presencia obligatoria de los adversarios jurídicos; éste ha sido y es el acto procesal laboral por excelencia.

Los autores, doctores Eduardo López Betancourt y Enrique Larios señalan que al hacer referencia a los principios del proceso oral, en el diseño procesal laboral predomina la expresión verbal de las partes y busca favorecer la inmediatez en las etapas del juicio al exigir una interacción directa y personal entre los sujetos del proceso, pero también favorece la celeridad al impulsar el desarrollo del proceso en una o pocas audiencias, tras las cuales el juzgador resuelve la controversia planteada mediante el principio de la libre valoración razonada de las pruebas, es decir, lo que en  materia laboral se conoce como decisión a verdad sabida y buena fe guardada, apreciando los hechos en con ciencia, sin  necesidad de sujetarse a reglas o formulismos para la estimación de pruebas, o sea, la sana crítica.

Las audiencias constituyen los momentos centrales de los “nuevos” juicios orales e igualmente lo son para el proceso laboral, ya que en ellas rige el principio de oralidad en lo relativo a toda intervención de quienes participan en ella. El principio de oralidad puede entenderse en relación con el principio de igualdad sustancial que subyace en el proceso laboral en su búsqueda de equilibrar las condiciones  materiales desiguales de las partes del conflicto.

En el prólogo del libro, el doctor Porfirio Marquet Guerrero, director del Seminario de Derecho del Trabajo, expresa que los autores destacan la vinculación existente entre la oralidad con la conciliación como medio alternativo de solución de conflictos, así como la importancia de esta forma de solución de las controversias laborales, la cual evita algunos efectos nocivos de las resoluciones emitidas por los órganos jurisdiccionales, incluidas las Juntas de Conciliación y Arbitraje.

El derecho del trabajo está tejido con fina seda y con visión de largo alcance.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

A tiempo parcial

José Dávalos*

Así se llama a dos tipos de trabajo: Cuando se da oportunidad a los trabajadores de sólo trabajar dos, tres o cuatro días de la semana, con el pago de sólo esos días; o cuando al trabajador sólo se le da oportunidad de trabajar tres, cuatro o cinco horas de la jornada diaria, con el pago de esas horas.

Estas formas del modernismo laboral están inundando los centros de trabajo, con lo cual la crisis económica y de trabajo se incrementa. El pretexto es dar oportunidad de trabajar a mayor número de trabajadores ante la escasez de puestos de trabajo. Y así es, se multiplica el número de trabajadores ocupados pero con días y jornadas reducidas y por tanto con salarios también desnutridos. Así, crece el número de trabajadores subempleados.

La condición de persona del trabajador se desdibuja, el trabajador pasa a ser un número. Si acepta trabajar en las condiciones que le ofrece el patrón, se le pone a la derecha; si no acepta el trabajo en las condiciones mencionadas, se le pone a la izquierda. El trabajador cuenta o no cuenta en el centro de trabajo.

Si no tiene otra forma de trabajar, el trabajador acepta sin importar el trato que se le dé. El trabajador lleva días, semanas, meses sin trabajar, sin recibir un salario para llevar la comida a la familia, pues acepta el puesto con las horas y con los días que se le ofrezca. Cualquier reparo que oponga será motivo para que el patrón no lo acepte; de esta manera el trabajador queda en la desocupación.

A tiempo parcial, es la modalidad que se ha venido imponiendo a partir del imperio de la economía de mercado con la globalización, en donde el trabajador no cuenta como persona, se le toma como número. Sirve para la empresa en las condiciones de miseria que se le ofrecen, pasa a la fila de los números; si se le ocurre invocar los derechos laborales que le otorgan la Constitución y la Ley Federal del Trabajo, se le coloca a la izquierda del cero, no cuenta como persona, se le borra.

En las horas de trabajo que se le otorguen al trabajador, en los días de trabajo que se le den a la semana, el trabajador recibirá el monto correspondiente a la hora de trabajo, al día de trabajo; no puede recibir descanso semanal y el pago correspondiente, no puede pedir que se le pague tiempo extraordinario, tampoco vacaciones, mucho menos aguinaldo y participación de utilidades.

Al contrato de tiempo parcial se le agrega otra desgracia para el trabajador, entrar  en la bolsa de trabajadores con pago por hora, a quienes el patrón paga su hora y su día, pero nada más. Otra vez, el trabajador que tenga la ocurrencia de cobrar las prestaciones que le corresponden como trabajador, es puesto en la calle.

El pago por hora era una forma de trabajo al margen de la Ley, que se vino aplicando en el país por décadas, pero a partir del 30 de diciembre de 2012 es un modo de trabajo incorporado a la legislación. Conforme a la letra de la Ley el empleado tiene derecho a las prestaciones de todo trabajador, sin embargo en la práctica el patrón sólo le responde al trabajador por las horas trabajadas, por los días trabajados, por nada más.

Un azote más para los trabajadores en esta época de imperio empresarial es la contratación por honorarios. También una forma que tiene el patrón para tratar de deslindarse de sus responsabilidades laborales, es hacer que el trabajador firme un contrato por honorarios, que es una forma del derecho civil ajena a lo laboral. El patrón le dice al trabajador que  la Junta de Conciliación y Arbitraje no tiene que  ver con el supuesto despido, que en todo caso debe acudir a un tribunal civil.

Un trabajador con el asesoramiento debido va a demostrar en la Junta que tiene una relación laboral con la empresa, consistente en la prestación de sus servicios personales bajo las órdenes de un jefe. La Junta tendrá que atender y resolver con un laudo el reclamo del trabajador, porque efectivamente ha demostrado que sirve a la empresa, que la empresa le ha asignado un puesto, un horario, un salario, etcétera. El patrón no tendrá para donde hacerse y deberá indemnizar o reinstalar en el puesto al trabajador, lo que él haya escogido.

Igual va a ocurrir con el trabajador contratado por tiempo parcial, si el trabajador cuenta con una defensa preparada e informada, el patrón tendrá que responder de su responsabilidad con la indemnización o la reinstalación, con los salarios, el tiempo extraordinario, el pago de los días de descanso, el pago de las vacaciones y de la participación de utilidades que esté reclamando.

Los derechos de los trabajadores están en la Constitución y en la Ley Federal del Trabajo. La Ley está sembrada de obstáculos para que los ejerza.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Inconsistencias

José Dávalos*

Recientemente, el ameritado catedrático Porfirio Marquet Guerrero, Director del Seminario de Derecho del Trabajo de la Facultad de Derecho del Trabajo de la UNAM, expuso una interesante conferencia sobre el proyecto de reformas a la impartición de la justicia del trabajo que ahora está circulando para su posible aprobación por las legislaturas de los 31 Estados de la República. Me permito dar una versión resumida de los 8 puntos fundamentales tratados:

En 1917, al entrar en vigor la Constitución, se inició en el mundo la era del constitucionalismo social, se incluyeron en ella los artículos 3º, 27 y 123. En el  artículo 123 se establecieron las Juntas, se inicia la era del tripartismo. Se rompió, así, el monopolio del Estado en el ejercicio del Poder Público.

  1. La esencia de las propuestas comentadas consiste en judicializar la justicia laboral, al cambiar su adscripción a los poderes judiciales Federal y de las entidades federativas. No se propone solución semejante para otras administraciones de justicia que tampoco están adscritas a los poderes judiciales, como la justicia laboral burocrática federal y la local, la justicia agraria y la justicia administrativa que incluye la justicia fiscal.
  1. Al desaparecer las Juntas de Conciliación y Arbitraje se revoca una de las más importantes decisiones jurídico-políticas del Congreso Constituyente de 1917, con la cual a la Constitución mexicana se le consideró como la primera Constitución social de la historia en el mundo. La Junta Local de la Ciudad de México cumplió 90 años de funcionamiento en 2015. La Junta Federal este año cumple 90 años, fue creada en 1927.
  1. Se critica a las Juntas que no ejercen adecuadamente la función conciliatoria. Esto no es congruente con la información del Gobierno Federal y de la misma exposición de motivos del proyecto de reformas, en el sentido de que en los últimos tres años no ha estallado ninguna huelga de jurisdicción federal por la eficiencia en la función conciliatoria de las autoridades laborales.
  1. La propuesta de asignar la función conciliatoria a organismos públicos descentralizados, va en contra de la proyección original de esos organismos, a los que se ha dotado de personalidad jurídica y patrimonio propio para atender cuestiones eminentemente técnicas y/o especializadas, pero no para emitir actos de autoridad. Hubiera sido más conveniente atribuirles el carácter de órganos descentralizados dentro de la estructura orgánica de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, con autonomía técnica pero sin personalidad jurídica propia.
  1. Se critica la eficiencia de las Juntas de Conciliación y Arbitraje por la lentitud y consecuente rezago en el trámite de los asuntos, debido a la carencia de personal suficiente. Este problema podría ser superado si se les asignara a dichos órganos el presupuesto necesario y suficiente que requieren y se les otorgara autonomía presupuestal. Habría que considerar que las medidas transitorias que se proponen serán seguramente de elevado costo presupuestal.
  2. Otro de los problemas que se les atribuyen para sostener la ineficiencia de las Juntas es un presunto problema de corrupción. En todo caso habría que aplicar el sistema jurídico en materia de responsabilidades administrativas. El cambio de adscripción no es una garantía de solución, tampoco puede decirse que las Juntas son los únicos órganos jurisdiccionales que padecen este problema.
  1. La sustitución masiva del personal jurídico y administrativo de las Juntas, implica soslayar los conocimientos especializados y la experiencia que dichas personas han adquirido durante muchos años. Habría que analizar el costo económico del respeto a los derechos laborales del personal al ser separado de sus empleos; habría que pensar cuánto tiempo se requerirá para que se concluyan los cientos de miles de asuntos que están en trámite y que tendrán que ser resueltos por las actuales Juntas de Conciliación y Arbitraje.
  1. La iniciativa es omisa en relación a la administración de justicia en materia de seguridad social, de tal manera que este problema constitucional que se ha señalado desde hace varias décadas se mantiene en los mismos términos. Si se creara una sola jurisdicción especializada en materia de seguridad social se mejoraría el aspecto cualitativo en la administración de justicia, y al liberar a las Juntas Especiales de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje de la atención de estos litigios, sus cargas de trabajo se reducirían a menos de la mitad.

Es una voz a tiempo, no debe desbaratarse el constitucionalismo social.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Propósitos

José Dávalos*

Como un trabajador universitario más, este servidor, después de revisar lo que hizo durante el año que prácticamente ha terminado, ha hecho sus propósitos de año nuevo en las áreas académicas de profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México.

  1. Revisar el panorama del derecho del trabajo en el mundo, para luego poner los ojos en México; y en este empeño no detenerme en la crisis mundial que vive esta disciplina, porque a fin de cuentas no se trata de una crisis de muerte sino de una oportunidad para la vida. Las crisis son momentos propicios para dar un salto hacia adelante tan lejos como se pueda.

¿Qué piensan los trabajadores de Francia, de Estados Unidos, de China, y de tantos países más… en estos momentos en que su poder adquisitivo se ha visto disminuido en relación con los salarios de hace cinco y diez años? ¿Qué piensan esos trabajadores sobre la existencia y la utilidad de sus sindicatos? ¿Qué piensan esos trabajadores sobre el ejercicio de su derecho a la huelga?

Estudiar es una primera obligación del profesor universitario que necesita estar informado para comentar esa información con sus compañeros universitarios alumnos. Cuánta razón tenía el gran maestro brasileño Mozart Víctor Rusomano cuando en sus conferencias nos comentaba que cuando veía a un hombre o a una mujer con un libro, veía ahí a un abogado. Lo que muy bien podemos trasladar ahora a los profesores universitarios de derecho, a quienes sería muy difícil imaginar sin libros en las manos en cualquier momento del día, semana, o mes.

  1. El segundo propósito es escribir y hacerlo con base en un sistema. El profesor universitario tiene necesidad de escribir sobre lo que va a decir en su cátedra, en sus conferencias, en los congresos. Con este material puede enriquecer sus libros o preparar y publicar otros libros o artículos.

Fui asiduo asistente a las conferencias y discursos del doctor Vicente Lombardo Toledano dirigidos a los jóvenes estudiantes. Él hablaba con insistencia de la necesidad de dejar por escrito constancia de lo que se decía. Cuando era necesario hablar sobre un tema ya tratado, se tenía un desarrollo de aquellas ideas; ahora, en la preparación del discurso nuevo se partía de algo que se había estudiado y se había reflexionado desde varios ángulos.

Si en la preparación de los siguientes trabajos se toma el sentido de lo que se ha dicho antes, se evita el desorden y se construye en torno a una idea central. Se habla y se escribe para impartir la cátedra, la conferencia, la ponencia en un seminario o en un congreso, se enriquece un libro o se elabora uno nuevo. Completaba aquellas ideas el maestro Lombardo Toledano diciendo que de esta manera, el aire no se lleva las ideas que luego es difícil recoger. Cuántas veces los exalumnos se expresan agradados del contenido y de la belleza de la cátedra o de las conferencias de un maestro. ¿En dónde quedaron escritas? Al  menos un breve apunte, ¿quién lo tiene? Nadie, nadie lo sabe.

  1. Siempre estar al alcance de los alumnos y de cualquier persona que desee preguntar al profesor. Nunca habrá una consulta inútil. De cualquier pregunta se puede obtener el conocimiento de aquella inquietud que parecía sin sentido. Cuánto aprende el profesor de alguna pregunta que de repente suelta un alumno en la clase. Por eso el maestro nunca se muestra como el sabelotodo, en cualquier momento el alumno le evidencia su ignorancia sobre puntos en los que tal vez nunca se había puesto a pensar. Lo mismo puede suceder con la persona que pregunta en los pasillos de la escuela o en las salas de los tribunales.

El profesor siempre resulta el mejor alumno. Cuando el maestro anda en busca de un tema para escribir un artículo o para tratar en una conferencia, de pronto ese tema surge de la pregunta del estudiante o de la persona que se acerca a preguntar algo tan interesante. El profesor encontró ahí un tema para su exposición con aspectos novedosos que él ni siquiera había imaginado.

El conocimiento no tiene colores, ni tiempos, ni clases sociales, ni corrientes filosóficas o políticas, ni puntos de vista religiosos. El conocimiento es universal, viene de cualquier parte y se da en cualquier momento y en cualquier nivel. Por eso el profesor universitario no puede discriminar, siempre tiene que estar presto a escuchar y a dar su opinión salida de la reflexión y de la sinceridad. Puede ser una opinión equivocada, pero expresada con el mejor deseo de servir.

Felicidades en esta  Navidad a mis amables lectores y muy buen año 2017. josedavalosmorales@yahoo.com.mx

El trabajo, derecho humano

José Dávalos*

Toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil. Así lo dice el artículo 123 de la Constitución en su párrafo inicial, antes de distinguir el trabajo en general del apartado A y el trabajo para el servicio del Estado, del apartado B. Va a la raíz del trabajo que sustenta la dignidad de todo lo que se relaciona con el servicio que los hombres y las mujeres prestan a otro. Lo que nos lleva a la conclusión de que el trabajo es un derecho humano. (más…)


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