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Pulso Político
Puyazo
Declara Trump
guerra a medios

Miguel Tirado

El muro es tema
que exhibe a Trump

Aunque parezca increíble, Donald Trump apenas está por cumplir dos semanas en el cargo y, en tan sólo diez días hábiles, ha logrado irritar, poner en contra, o, por lo menos, decepcionar, a muchos que ven con preocupación a un presidente con gran poder y nula sensatez. A un gobernante improvisado, pero impositivo, lleno de ocurrencias que ponen en riesgo la estabilidad y paz mundiales. A un personaje que utiliza como herramienta para su comunicación oficial, la vía de los mensajes de 140 caracteres y que gobierna con órdenes ejecutivas, que le han resultado muy a modo para hacer efectivas algunas de sus promesas de campaña. (más…)

Cambios de gobierno y la corrupción

Miguel Tirado Rasso

Como resultado del proceso electoral del pasado 7 de junio, se renovaron 9 gubernaturas (Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y Sonora), y se eligieron a los titulares de las 16 delegaciones del Distrito Federal, entre otros puestos de elección popular programados en dicha jornada.

En términos generales, aquel proceso se desarrolló sin daños que lamentar, no obstante que en ciertos lugares el clima de inseguridad daba lugar a suponer riesgos para su celebración, lo que finalmente quedó para el anecdotario. Tampoco se cumplieron los pronósticos pesimistas que auguraban otro triunfo del abstencionismo, pues la ciudadanía acudió a las urnas en mayor número que en las dos elecciones intermedias anteriores (47.6%, contra 44% en 2009 y 41.5% en 2003), para sorpresa de muchos.

Lo anterior viene al caso porque en días pasados se llevaron a cabo los actos de toma de posesión de casi todos los gobernadores electos y de los jefes delegacionales de esta capital. Ceremonias protocolarias, al menos en el caso de los gobernadores, en las que llama la atención la coincidencia del tema y del tono utilizado por quienes llegaron a ocupar los cargos, sobre todo en donde se dio una alternancia.

Y es que el tema de la corrupción y otras lindezas aparecen como la principal denuncia en contra de los que se van, en ocasiones de manera abierta y directa, en otras, de manera más velada, pero siempre como una mayor preocupación. En los estados de Sonora y Nuevo León, no es ningún secreto que, en gran parte, la derrota del partido en el poder, el PAN y el PRI, respectivamente, se debió a una mala, inescrupulosa y muy cuestionada administración del gobernador en turno.

La triste actuación de algunos políticos contribuye al fastidio y rechazo que siente la población en contra de la política y sus actores, sobre todo cuando las denuncias se quedan en meras sentencias de palabra que no llegan a ningún fin, porque los compromisos políticos resultan siempre más fuertes y son garantía de impunidad.

Queda, sin embargo, la esperanza de que, para como están las cosas, la oratoria de los mensajes de toma de posesión aterrice, al menos en investigaciones serias. Nadie pide una cacería de brujas, pero en donde los números no cuadran y, al menos, las evidencias muestran sospechas de malos manejos, resultaría obligatorio abrir una auditoría con todas sus consecuencias.

Y es que mire usted, si no es para preocupar, con lo que se encontraron quienes asumieron los cargos, según sus propios dichos.

En Sonora, la gobernadora, Claudia Pavlovich, fue contundente, hay “un nivel de corrupción nunca antes visto en todos los niveles de gobierno”, dijo, y anunció una investigación en contra del gobernador saliente por un sobregiro de diez mil millones de pesos.

En Nuevo León, el nuevo gobernador, Jaime Rodríguez, El Bronco, tampoco fue suave con su antecesor. Encontramos la casa sucia, las columnas derruidas, “por la corrupción sin llenadera de quienes se creyeron reyes y no gobernantes…Donde veían dinero público, veían botín”, denunció.

Silvano Aureoles en Michoacán, también se referiría al tema. Una economía estancada, un caos fiscal, endeudamientos, desorden financiero e inseguridad jurídica, diría sobre lo que encontró al llegar.

En Guerrero, Héctor Astudillo habló de que la corrupción es un lastre que nos ha desprestigiado, dividido e impedido crecer. Por algo lo habrá dicho.

Y según la Encuesta de Calidad e Impacto Gubernamental, en Baja California Sur, otro estado con nuevo gobernador, la percepción de “alta ocurrencia de prácticas corruptas” para 2013 se elevó un 84.58 por ciento, respecto de 2011.

Y aquí, en la capital del país, no nos quedamos atrás. La noticia es que en ocho de las 16 delegaciones, los nuevos titulares se encontraron con oficinas saqueadas y dañadas, arcas vacías, obras sin terminar y deudas sin pagar. Bueno, ¡hasta las computadoras y los teléfonos se llevaron!, denunciaron los nuevos delegados.

Por lo pronto, habría que agradecerle a la alternancia y algo más, la posibilidad de exhibir a personajes impresentables, además de permitirnos conocer la mala actuación y los excesos de quienes ejercieron el poder sin limitación alguna, pues en los casos en los que la sustitución es entre miembros del mismo partido, predomina el encubrimiento y la complicidad.

Es de llamar la atención que en este paquete de fichitas, ningún partido político salió bien librado, pues, por lo pronto, azules, rojos y amarillos, todos dieron la mala nota, lo que nos lleva a preguntar ¿Qué es lo que está pasando?, ¿hacia dónde vamos?, ¿hasta cuándo?

Gritos en la oscuridad

Miguel tirado Rasso*

En la desolación se haya el PRD, una vez más. Como si el desastre electoral sufrido en las pasadas elecciones de junio, hubiera sido algo inesperado, sus dirigentes se encuentran conmocionados, choqueados, sin saber qué hacer ni a quién acudir. Atribuyen la causa de su derrota a circunstancias externas, para no reconocer que el problema, o uno de sus más graves problemas, se encuentra en casa, porque lo suyo no es la autocrítica.

Y es que, si algo ha afectado a este partido, ha sido precisamente el estilo excluyente con el que los dirigentes de la fracción Nueva Izquierda han administrado y conducido el partido, a partir de que ganaron la presidencia de su Comité Ejecutivo Nacional. Su falta de apertura y de negociación con las fuerzas internas, en un partido de por sí complicado por la diversidad de los grupos y de los liderazgos que lo integran, lo han ido minando. Las divisiones en su seno han representado siempre su mayor riesgo.

Una indiscriminada política de alianzas, sin importar con quien ni en dónde, con el único objetivo de ganar posiciones, a cualquier costo, los llevó a convivir con impresentables. Personajes que aprovecharon el emblema del Sol Azteca como aval de impunidad para sus negocios y de los que, después, resultó difícil deslindarse e imposible esquivar el desprestigio.

Otras coaliciones con partidos políticos, les facilitaron el acceso al poder, aunque sólo virtualmente, porque nunca pudieron ejercerlo. Alianzas fallidas, porque sus aliados únicamente los invitaron para la foto y el discurso, pero no para compartir el ejercicio del poder. Esto, y el comportamiento, al menos, cuestionable de algunos de sus cuadros en cargos públicos, fueron otros de los “detalles” que han llevado a este partido a su actual crisis existencial.

A estas alturas del partido, la mejor fórmula que encontraron en el PRD, para tratar de salvarlo, habría sido la renuncia de su actual presidente, Carlos Navarrete (también empujada desde las sombras, por fuego amigo, habría que agregar), con todo y la de su comité ejecutivo. Una renovación total, para un cambio de forma y fondo que, pensamos, es la única salida para este instituto, tan golpeado y mangoneado por los intereses de grupo.

Hasta ahí todo bien, porque efectivamente un cambio es lo que requiere con urgencia este partido, pero no sólo de personas, sino también de estrategias, de actitudes, de propósitos, de objetivos, de programas y de todo lo que se pueda, pues como la tercera fuerza política del país y mayor de la izquierda, o casi, su responsabilidad y compromiso con sus militantes y simpatizantes, y con el país mismo, lo obligan a luchar, no sólo para permanecer, sino para volver a la competencia en la disputa por el poder. Su presencia en el escenario político nacional resulta necesaria y conveniente para un mejor juego democrático.

Pero el desconcierto sobre un nuevo panorama para este partido ha llevado a sus dirigentes, y a algunos más, a dar palos de ciego, en su preocupación por fortalecer al partido y encontrar a quien los deba conducir por el buen camino. Como Diógenes, buscan al mejor hombre, dentro y fuera del partido, y tocan puertas que no les abren intelectuales y políticos, personajes respetables y respetados como José Woldenberg, Juan Ramón de la Fuente, Roger Bartra y Cuauhtémoc Cárdenas, por señalar a los más mencionados. Y es que estos los conocen bien, y seguramente estarían dispuestos a apoyar al partido, pero no necesariamente a quienes lo controlan.

El dilema es grande. ¿A quién proponer para retomar el rumbo: a un militante destacado o a un ajeno a la vida partidaria de las corrientes; a un joven, para la renovación generacional o a uno con experiencia y cierta antigüedad; a un político o a un intelectual? Como si todo dependiera de la magia del nuevo líder y no de una auténtica disposición a revisar y cambiar.

Y ¿sobre las alianzas? Con todos, han dicho, menos con el PRI. Y una vez más han expresado su intención de ligarse con el PAN, al fin que el propósito no es compartir ni contrastar ideologías. Eso no es lo importante, lo que se busca es derrotar al adversario común, aunque la experiencia histórica ha mostrado que esas alianzas, cuando llegan a triunfar, no les benefician en nada.

Bueno, hasta dónde llegará su grado de desesperación, y qué tan perdidos se han de sentir, que han decidido buscar a su verdugo, Andrés Manuel López Obrador, a través de una comisión especial, para invitarlo a que unan fuerzas en una alianza de las izquierdas. Él, que los ha denostado y rechazado públicamente, una y otra vez, y que no es ajeno al lamentable estado en que se encuentran ¿suponen que aceptará apoyarlos?

Como diría el clásico ¡Pero qué necesidad!

mitirasso@yahoo.com.mx

Si saben cómo somos, para que nos eligen

Miguel Tirado Rasso*

No cabe duda que, en muchas ocasiones, los ciudadanos tenemos las autoridades que nos merecemos, pero por masoquistas. Cómo explicar que ahora, con motivo de los procesos electorales del próximo 7 de junio, el folclorismo y las negras historias sea lo que más destaca en la curricula de varios de los aspirantes a los cargos de elección popular.

Nada que ver sobre sus trayectorias laborales, su formación profesional, su ideología, sus logros en el servicio público, sus posicionamientos políticos, económicos o sociales. Existe un vacío total sobre lo que debería constituir la base, los argumentos para convencer al electorado sobre la conveniencia de emitir su voto en apoyo a sus candidaturas. En algunos casos, sus cartas de presentación son inmencionables.

Como nunca antes, al menos que yo recuerde, los brincos de un cargo a otro se han convertido en la regla. Diputados en busca de una alcaldía y presidentes municipales ansiosos de incorporarse a la Cámara de Diputados, federal o local. Hay que dejar lo que ya se tiene y buscar nuevos horizontes, en una clara actitud de desprecio por los puestos y responsabilidades asumidas bajo protesta. De los compromisos adquiridos con sus electores, ni un recuerdo. A mirar hacia adelante y repetir el juego de nuevas promesas de campaña, al fin de cuentas, la memoria popular es corta.

Pero los saltos también ocurren entre los partidos políticos, en los que poco importa la plataforma ideológica del organismo que se deja y mucho menos la del instituto al que se ingresa. Porque aquí lo que interesa es ir escalando posiciones y mantenerse en la nómina del erario público, de tal manera que si el partido al que se pertenece no los promueve, ya habrá otro en su lugar que si lo haga. Y así, el “chapulineo” es multifacético.

Los compromisos deben ser muy fuertes, cuando un partido está dispuesto a avalar, contra viento y marea, candidaturas de personajes no sólo cuestionables sino, además, con averiguaciones abiertas por conductas poco claras en el desempeño de los cargos que están abandonando. Denuncias por actos de corrupción, extorsiones, moches, enriquecimiento inexplicable, relaciones peligrosas o conductas inapropiadas. Una gran variedad de delitos cuyas denuncias duermen el sueño de los justos en los escritorios de las oficinas investigadoras.

Pero no se crea que los partidos políticos son suicidas. La postulación de estas figuras constituye un riesgo calculado pues apuestan a que los escándalos por las denuncias pierdan vigencia, a que caigan en el olvido en poco tiempo y a que nuestra cultura del voto de castigo está en ciernes. En base a estos supuestos y a su experiencia histórica, consideran que estos candidatos llegarán exitosamente a buen puerto gracias al voto popular y, lo peor, es que muchas veces, así sucede.

No puedo dejar de mencionar el caso del presidente municipal de San Blas, Nayarit, Hilario Ramírez “Layín”, aquél que alcanzó fama internacional cuando durante su campaña para la presidencia municipal, el año pasado, habría confesado haber robado poquito durante su primera gestión como alcalde de ese municipio. “Una rasuradita nomás”, diría. Pues resulta que, con todo y las sospechas sobre su actuación como alcalde y su confesión sobre su gusto por el dinero, habría contendido y triunfado nuevamente por el mismo puesto, aunque ahora como candidato independiente.

Pues resulta que, fiel a su costumbre de festejar su cumpleaños en grande, este personaje gastó la semana pasada 15 millones de pesos en una celebración a la que asistieron 35 mil personas, según afirmaciones del personal del municipio. Y si esto ya de por sí merecería una investigación sobre el origen de los recursos para este ágape, el comportamiento de la máxima autoridad municipal, obligaría a una reprimenda mayor, pues al calor de los alcoholes, según su propia declaración, se le hizo fácil faltarle al respeto a una joven con la que estaba bailando, a la que le levantó la falda en dos ocasiones.

Ese es el alcalde que su pueblo eligió, a pesar de su nebuloso historial. Pues para colmo, este sujeto, en su cinismo, habría de declarar ante los medios que la “gente me conoce y sabe cómo soy. ” Como quien dice: si ya sabían cómo soy, para que me hicieron alcalde.

De encuestas y preferencias

Miguel Tirado Rasso*

Los escándalos por corrupción, malos manejos y/o relaciones peligrosas, además de la decepción por pobres desempeños en los cargos ocupados, han prendido los focos rojos de los partidos políticos en relación a la próxima jornada electoral del 7 de junio. La preocupación, más que justificada, es, entre otros, de los dirigentes responsables de conducir a sus organizaciones políticas a buen puerto con el mayor número de triunfos de sus candidatos.

Se trata, en algunos casos, de conservar la posición; en otros, de recuperar plazas. Unos más, buscan incorporarse en el mapa electoral, a través de alguna conquista, pero también los hay que, nacidos para perder, se conformarían, con simplemente, no desaparecer del escenario electoral.

Y es que, de acuerdo a un reciente estudio de opinión, elaborado por la empresa Parametría, sobre preferencias electorales, nuestros partidos políticos podrían dividirse en tres grupos. Los que están arriba de un 20 por ciento en las preferencias de los encuestados, que son el PRI, con 32 puntos y el PAN, con 26 puntos. Los que fluctúan entre el10 y el 20 por ciento de esas preferencias, rango en el que se encuentran el PRD, con 13 por ciento y el Partido Verde Ecologista, con 11, y los de menos de 10 por ciento que encabeza, con 9 puntos, Morena, seguido por Movimiento Ciudadano, con 3; el Partido del Trabajo y Nueva Alianza, con 2 y, empatados con un punto, cada uno, los recién registrados partidos Humanista y Encuentro Social.

Desde luego, habría que tomar con reservas los resultados de esta encuesta, pues se realizó cuando todavía no se definían los nombres de los candidatos de los partidos a los diferentes cargos de elección, factor que, en algunos casos, podría modificar estas tendencias. Sin embargo, no dejan de ser interesantes los datos aportados.

En primer lugar, para sorpresa de muchos el partido en el poder conserva un muy satisfactorio nivel de preferencias, no obstante que algunos temas como son la seguridad y la economía siguen apareciendo como asignaturas pendientes, en la opinión popular. Los 32 puntos que arroja esta encuesta significan que el PRI se mantiene contra viento y marea, pues equivalen, proporcionalmente, a los porcentajes obtenidos en la elección anterior.

Tampoco parecen haber afectado demasiado al Partido Acción Nacional, el autoritarismo de Gustavo Madero, sus pleitos internos ni los escándalos de los moches, diezmos y festines, denunciados por los propios militantes de ese partido. Con todo y esto, tal parece que el blanquiazul estará en la pelea, como segunda fuerza política.

Las elecciones intermedias nunca han sido las mejores para el PRD. Nada comparable a los resultados que ha obtenido en las presidenciales porque, en su caso, ha sido su candidato el imán de sus votos. Fiel a su historial, en el estudio de Parametría el partido del Sol Azteca aparece con 13 puntos, los mismos que obtuvo en la elección de 2009.

Dos resultados son de llamar la atención. El caso del Partido Verde que, de todos, es el que muestra una tendencia ascendente. El otro, es Morena que, aun cuando se trata de un partido de nuevo ingreso, obtiene nueve puntos que lo convierten en una verdadera pesadilla para el PRD.

En términos generales, este estudio de opinión viene a dar algo de tranquilidad a los preocupados dirigentes de los partidos políticos. Bueno al menos, a algunos, porque los resultados de la encuesta son mejores que lo que se percibe en el ambiente y de lo que no pocos suponían.

En fin, ya veremos qué tanto de cierto tiene esta optimista medición.

Febrero 26 de 2015

En los umbrales del cinismo

Miguel Tirado Rasso*

El rango de confianza o credibilidad que la población tiene en la política y sus derivados, es patético. Y no se requiere hacer un gran estudio de opinión para conocer esta verdad. En el ambiente social pesa una especie de hartazgo hacia todo lo que se refiere a temas de política. Si bien, habría quienes, interesados en el desprestigio de esta actividad, hacen su tarea para mejorar su posicionamiento entre la población, a costa de denostar a los políticos y su quehacer, no podríamos ignorar la considerable contribución que los mismos actores políticos han aportado en su propio perjuicio.

Los malos ejemplos, cada vez más, por cierto, distorsionan el concepto de la política, desvirtúan su propósito y demeritan su importancia en la vida de los pueblos. Bueno, al grado que, una vez más, como hace años lo hizo el Partido Verde Ecologista para ganar votos, uno de los partidos de reciente registro, el Partido Encuentro Social, maneja como bandera de campaña electoral, ser un partido ciudadano, no político, que busca impulsar a personajes, ajenos a este oficio, como sus candidatos a puestos de representación popular.

En este sentido, algunos partidos justifican sus propuestas de figuras de la farándula, del deporte o de cualquier espectáculo, siempre y cuando sean muy populares, pues, para sus propósitos, no importa su preparación, experiencia ni su capacidad. Y es que, aunque en su argumentación aleguen que buscan elementos ajenos a la política “para mejorar la política”, en realidad lo que les interesa es postular personajes que les generen los votos suficientes para conservar su registro. Por ello, buscan reclutar figuras de la corriente ideológica que sea, al fin de cuentas, son más negocios que partidos, sin principios definidos y de corta duración.

A quienes tanto les avergüenzan la política y sus practicantes, habría que recordarles las acepciones que definen esta actividad como “la actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos”. O bien, como “el arte… con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado”. El que algunos se desvíen y busquen un beneficio personal e incurran en actos delictuosos, no quiere decir que estén cumpliendo con la función de su encargo.

A estos, que habría que considerarlos cualquier cosa menos políticos, si somos rigurosos en cuanto a las características de lo que debiera definir a un político de verdad, habría que sancionarlos por sus faltas. La aplicación de la ley y el respeto al estado de derecho, ayudarían mucho a reivindicar una tarea que resulta indispensable en el ejercicio de gobierno y de la administración pública, en general, y que ahora carga con un desprestigio que no le corresponde.

Claro está, que tampoco ayuda el que, en esta rebatinga de votos, algunos partidos propongan como candidatos a quienes tienen pendientes con la justicia o a quienes dejaron un tiradero en su cargo inmediato anterior. Premiar a estos cuestionables personajes con una postulación a un cargo de representación popular, es una incongruencia y constituye una falta de respeto a los propios militantes del partido que lo hace y a la ciudadanía en general.

Es el caso del Delegado de Iztapalapa, Jesús Valencia, quien solicitara licencia a su cargo para aclarar un posible conflicto de intereses por utilizar vehículos, para su uso personal, propiedad de empresas prestadoras de servicios de su Delegación, lo que quedó en evidencia por un accidente automovilístico. Este personaje, nunca compareció ante la autoridad, como lo ofreció, porque resultó, que el verdadero motivo de su licencia, fue para cabildear una diputación plurinominal que, su partido, el PRD, ya le asignó. Pero como éste, sobran ejemplos, y todavía se queja el líder de este partido, Carlos Navarrete, de que existe un complot para desprestigiarlos.

Con casos así, resulta profética la frase aquella del Presidente José López Portillo de que lo peor que le podría ocurrir a México es que nos convirtiéramos en un país de cínicos. Tal parece que por ahí andamos.

En esto, tal parece que el cinismo nos está desbordando. Entre los aspirantes a ser postulados

Para no pocos, la política no alcanzaría ni siquiera la clasificación de mal necesario, y ni que decir de su opinión sobre quienes se dedican a esta actividad. La satanización de este quehacer alcanzó niveles máximos a principios de los ochenta, con el arribo de los tecnócratas al poder. Los graves problemas económicos que afectaban al país, fueron un buen pretexto para dar paso a una nueva generación que habría de significar el rompimiento con la llamada clase política. Los nuevos personajes públicos, profesionistas con doctorados en universidades extranjeras, asumieron el mando desplazando a quienes atribuían la causa de todos los males de la nación.

La modernidad se montó, entonces, sobre la censura a una actividad fundamental para el ejercicio del poder, dándose por válido el juicio que condenaba a la política y a sus practicantes. El desprestigio por la distorsión, motivó un rechazo popular contra todo lo relacionado con esta tarea, que, más temprano que tarde, se refleja en las urnas.

Febrero 20 de 2015

¿Y la responsabilidad política?

Miguel Tirado Rasso*

La obra, cuyo proyecto presentara, con bombo y platillo, el entonces Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, el 8 de agosto de 2007, con el nombre de Línea 12, Línea Dorada del Bicentenario, y que se publicitara como la obra cumbre de su gobierno, resultó un auténtico desastre. Es lo menos que se podría decir de un proyecto que, a 16 meses de inaugurado, tuvo que suspender su operación en 11 de sus 20 estaciones, por “fallas sistemáticas”, según la versión oficial dada por las autoridades del Sistema de Transporte Colectivo.

Contemplada, por su magnitud, para ser incorporada entre las obras con las que se celebrarían los doscientos años de nuestra independencia y cien del movimiento social de 1910, primera revolución social del siglo XX, la línea dorada resultó tan oscura, polémica y cuestionada como la tristemente célebre Estela de Luz, la obra del gobierno del Presidente Felipe Calderón con la que se pretendió, fallidamente, honrar la conmemoración del bicentenario del inicio de nuestro movimiento de independencia. Una insignificante torre, en tamaño, que no en costo, que ahora se pierde entre tres monumentales edificios.

Dicen que lo que mal empieza, termina mal, y en el caso de esta línea del metro, los problemas comenzaron a aflorar desde el trazado de su ruta, que tuvo que ajustarse, además de la labor de convencimiento que tuvo que realizarse con vecinos inconformes por las obras, y las conciliaciones con grupos de ecologistas que alegaban afectaciones al medio ambiente. En fin, una interminable serie de contingencias propias de una ciudad sobre poblada como lo es nuestra capital. Seguramente a esto obedeció, al menos en parte, el que la obra hubiera tenido un retraso considerable en su entrega y que su costo se hubiera elevado, de manera notable.

Pero con todo y su elevado costo y el retraso en la entrega, el resultado es que la obra, al poco tiempo de operar, se colapsó, y alguien debe responder por esto. Y no cabe el alegato de que las fallas detectadas no ameritaban la suspensión del servicio, que se exageró la gravedad de las mismas, o que se manipuló la información, pues los dictámenes de firmas consultoras extranjeras han señalado más problemas que el desgaste ondulatorio de los rieles, denunciado como la principal falla.

El tema es delicado, porque no hay manera de explicar la suspensión de este servicio sin que existan responsables, directos e indirectos, por las fallas, errores, omisiones, o lo que queramos suponer que dieron al traste con esta obra.

No estamos hablando de una inversión cualquiera. Se trata de una obra cuyo costo original se calculó en 17 mil 500 millones de pesos, pero que acabó costando 9 mil millones de pesos más. Esto es, más del 50 por ciento de su costo original, además de haber sido entregada con un retraso de casi un año. Lo anterior, sin considerar los mil 588 millones de dólares, calculados a un sobre precio en el tipo de cambio de 16.27pesos por dólar, por el contrato de prestación de servicios de los trenes, lo que acabó elevando el presupuesto total de la línea dorada a más de 50 mil millones de pesos. Por arriba del costo calculado para el suspendido tren rápido a Querétaro.

Lamentablemente, el tema se ha tratado de politizar para distraer el enfoque del problema y convertirlo en una simple rencilla política entre grupos antagónicos. Así, el ex Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, en quien tendría que recaer la responsabilidad del fracaso de esta obra, dada su calidad de principal promotor de la misma y máxima autoridad del gobierno que la ordenó, se defiende alegando que todo esto se trata de un complot orquestado para empañar su imagen y frustrar su proyecto político personal.

Vaya habilidad de D. Marcelo, para tratar de evadir una responsabilidad que, al menos políticamente no se puede quitar, pues al fin de cuentas, a él se le eligió para gobernar y administrar esta ciudad, y así como sus colaboradores le tendrían que rendir cuentas, él las tendría que rendir a la población que lo eligió. Y eso no es ningún ardid ni complot para perjudicarlo. Pero su estrategia está encaminada a victimizarse para buscar cobijo en alguno de los partidos de izquierda a través de una diputación, con lo que acabaría blindado, gracias al fuero legislativo, poniéndole punto final a este molesto tema de las responsabilidades.

Febrero 12 de 2015

La CNTE, va de nuez

Miguel Tirado Rasso*

Con la novedad de que en el inicio del segundo mes del año, nos encontramos con el anuncio de los maestros de la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores dela Educación (CNTE) sobre los paros que llevarán a cabo, en este mes de febrero, como parte de su jornada de movilizaciones nacionales en contra de la reforma educativa y, por supuesto, para exigir justicia por los desaparecidos de Iguala. (más…)

Nuestra gravosa democracia

Miguel Tirado Rasso*

Para regocijo de quienes consideran que una democracia es más madura en la medida del número de partidos políticos que participen, en la próxima jornada electoral del 7 de junio, nos veremos “enriquecidos” con la oportunidad de elegir entre 10 diferentes opciones que nos habrán de ofrecer otros tantos partidos, para 2159 puestos de elección popular en juego.

No sé, estimado lector, si comparta mi desacuerdo con este concepto de democracia populista, la del montón; pero creo que, con todo y que la población de nuestro país es, ciertamente, plural, no convence la idea de que, la solución a los accidentes o defectos de nuestra vida democrática, sea abrir las puertas del registro a más partidos, que de antemano, podemos intuir, tendrán una vida efímera. Así ha sucedido, una y otra vez, por lo que el juicio no responde a una especulación, si no a la experiencia histórica.

Los partidos que contenderán en este año, son PRI, PAN, PRD, PVEM, PT, Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza, Morena, Partido Humanista y Partido Encuentro Social. Para los tres últimos, ésta será su primera batalla electoral y, quizás, la última, en el caso del Humanista y del Encuentro Social, pues se ve difícil que puedan sumar el mínimo de votos que establece la ley para conservar su registro, y que es el 3 por ciento sobre la votación emitida.

Y es que, el promedio de votación, en las elecciones intermedias de los últimos 18 años (1997, 2003 y 2009), es de 48 por ciento. Si consideramos una lista nominal de aproximadamente 84 millones de electores para la próxima elección federal, en base a este promedio de votación, los partidos emergentes requerirían, al menos, un millón doscientos mil votos para conservar su registro. Como de acuerdo a la nueva ley electoral, los partidos nacientes no pueden formar alianzas, salvo Morena, los otros dos difícilmente alcanzarían, por sí solos, más de medio millón de votos, cada uno, y eso, siendo generosos, por lo que habría que pronosticarles un futuro incierto.

En la elección federal intermedia de 2003, participaron 11 partidos políticos, cinco de los cuales no lograron sobrevivir. Los números de aquella elección para estos cinco partidos, fueron patéticos. El partido México Posible consiguió 240 mil votos; Alianza Social, 197 mil; Fuerza Ciudadana, 123 mil; el Liberal Mexicano, 108 mil, y el de la Sociedad Nacionalista, 72 mil. Ninguna de estas organizaciones alcanzó el mínimo de la votación requerido por la ley para conservar su registro, que entonces era del 2 por ciento, por lo que automáticamente fueron borrados del escenario político nacional.

Cabe señalar que tres de estos partidos se incorporaban, por primera vez a la contienda electoral y los otros dos, si bien, habían superado su primera prueba en la elección inmediata anterior, había sido por su participación en alianza con otros institutos, pues cuando fueron solos, esto es, en el siguiente proceso electoral, fueron eliminados. Con la ley actual, tampoco el Partido del Trabajo ni el ahora Movimiento Ciudadano, entonces Convergencia, hubieran sobrevivido, pues ambos no llegaron ni al 2.5 por ciento de la votación total de esos comicios.

Todo esto viene a cuento por los costos, cada vez más elevados, que tiene nuestra democracia. Porque si la participación eventual de organizaciones políticas en los procesos electorales no significara una carga para el erario, se podría aceptar esta apertura indiscriminada a nuevos partidos, pero estas organizaciones se han convertido en verdaderos negocios, merced a las prerrogativas que la ley les otorga y, entonces, los que estamos financiando los ensayos políticos de los fundadores de estos partidos de temporal, somos todos los ciudadanos, pues sus gastos de operación se cubren con nuestros impuestos.

Como muestra, un botón. El INE informó que este año se destinarán poco más de 7,400 millones de pesos como prerrogativas para los10 partidos con registro. En el mes de agosto, del año pasado, los tres partidos nuevos recibieron 32 millones de pesos, cada uno, para cubrir sus gastos en 2014. Y, por ser año electoral, este año les corresponden 120.9 millones de pesos, también a cada uno. Tres de los partidos que, salvo que logren una alianza ventajosa, es probable que pierdan su registro, el Partido del Trabajo, Nueva Alianza y Movimiento Ciudadano, recibirán este año, 1,126.3 millones de pesos. Además de que el año pasado obtuvieron 331.2 millones de pesos. Esto es, casi 1500 millones, para tres partidos que corren el riesgo de no alcanzar el mínimo de la votación requerida, por lo que podrían perder su registro. ¿Cuánto estaría costando el voto para un partido que dejaría de existir?

Creo que las condiciones del país no están como para continuar sufragando los gastos de ejercicios democráticos fallidos. Así que convendría que, con los resultados de la próxima elección, se revise la política de prerrogativas para los partidos, para que ya no sigan gravitando sobre nuestros impuestos y estos se dediquen a obras que tanta falta le hacen al país.

Enero 29 de 2015

La Elección de los Chapulines

Miguel Tirado Rasso*

Al menos, por lo que toca a la capital del país, habría que decir que la efervescencia electoral está al máximo entre políticos y funcionarios con residencia en el Distrito Federal. En efecto, varios servidores públicos, quizás más de los que hubiéramos esperado, han mostrado un notable ánimo por seguir sirviendo a la ciudadanía capitalina y, con este propósito, no han dudado en solicitar licencia de sus actuales cargos en busca de una nueva responsabilidad, ya sea como diputados en la Asamblea Legislativa o, bien, como Jefes Delegacionales, en alguna de las 16 demarcaciones en que está dividida la otrora ciudad de los palacios.

Esa sería la buena noticia, bueno por así decirlo; la no tan buena es que varios de estos funcionarios o representantes populares están dejando un verdadero tiradero, obras inconclusas, cuentas que no cuadran, asuntos pendientes con la justicia, programas de gobierno a la mitad y otras lindezas que son muestra de un muy pobre desempeño del puesto que, literalmente, están desechando.

Habría que señalar que, más que premiar a estos personajes con la posibilidad de que sigan viviendo con cargo al erario, lo procedente sería aplicarles la ley de responsabilidades, pues en algunos casos su actuación fue poco pulcra, y resulta más que evidente que lo que buscan, no es tanto el cargo público, si no el fuero que éste les habrá de brindar, con lo que podrán librar cualquier incómoda investigación o molesta sanción, a la que deberían estar sujetos como consecuencia de los desbarajustes cometidos en el puesto que dejaron.

En el caso de los catorce delegados del Sol Azteca, todos han solicitado licencia definitiva para dejar el cargo. Trece, porque suponen que, en base a la labor realizada al frente de su Delegación, merecen prolongar su vida pública, ahora en la Asamblea Legislativa o quizás en una diputación federal. Ellos estarían apostando a que los ciudadanos los premiarán con su voto.

Habría que ver, si estos funcionarios están buscando la diputación en un distrito perteneciente a la Delegación que encabezaron, pues en caso contrario, estaría claro que, al menos son conscientes de su realidad y, prudentemente, habrían optado por competir en una zona en donde no los conocen, sabedores de que sus antiguos electores no se volverán a equivocar otorgándoles su voto.

Para las 56 posiciones en juego (16 jefaturas de delegación y 40 diputaciones locales de mayoría relativa), sólo en el caso del PRD se inscribieron 616 aspirantes. 520 suspiran por ser diputados y, únicamente, 96 pretenden una Delegación. En el caso del PAN, se registraron 59 aspirantes, 47 para ir a la Asamblea Legislativa y 12 para ser delegados.

Queda claro que existe un atractivo especial por la curul, y es que, además del fuero que les permite cometer excesos sin consecuencias, la paga es buena, la chamba es cómoda, el trabajo, poco y ligero, y la responsabilidad, mínima. Los hay que han pasado los tres años que dura el cargo, sin haber subido nunca a la tribuna ni tampoco haber propuesto alguna iniciativa de ley que, al final de cuentas, es el trabajo que les correspondería realizar como legisladores.

La Jefatura de Delegación, ciertamente tiene un alto grado de dificultad. Gobernar el D.F. no es cualquier cosa. La responsabilidad es grande, muchos los problemas y más las carencias. Tres años dura el cargo, tiempo insuficiente para dar muchos resultados. Peor aún, si por ambiciones personales, y para brincar a otro puesto, se pide licencia casi un año antes de que termine el período legal, como sucede actualmente, peor cuando es, como ahora, de manera masiva.Se requiere una verdadera vocación de servicio, dedicación y sacrificio para cumplir con el compromiso que implica la responsabilidad de gobernar. No cualquiera puede enfrentar este reto, lo que ha quedado demostrado en el caso de varios de estos personajes. Pero será la ciudadanía quien califique, a través de su voto, la actuación de estos inquietos funcionarios chapulines.

Enero 22 de 2015


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